El líder opositor cubano José Daniel Ferrer, encarcelado en la prisión de Mar Verde, en Santiago de Cuba, inició una huelga de hambre para protestar contra su injusto encarcelamiento y las condiciones infrahumanas que enfrenta en prisión.
La denuncia fue hecha pública por su hermana, la activista Ana Belkis Ferrer, quien también informó que el opositor fue brutalmente agredido en dos ocasiones por individuos enviados por las autoridades del régimen cubano.
“Ferrer se encuentra en HUELGA DE HAMBRE y ha sido BRUTALMENTE GOLPEADO en dos ocasiones. Según información recibida en la noche de hoy, llevaron delincuentes al servicio de la dictadura recluidos en prisión Boniato para Mar Verde a golpear a José Daniel”, escribió Ana Belkis Ferrer en su cuenta oficial de X (Twitter).
Según la activista, la huelga de hambre fue adelantada por Ferrer, quien tenía previsto comenzarla el próximo 1ro de julio, pero debido al agravamiento de las condiciones carcelarias decidió iniciar su protesta de forma inmediata.
Entre los motivos citados para esta acción extrema están los malos tratos, los abusos, el hambre, la falta de atención médica, el suministro de alimentos en estado de descomposición y el agua contaminada, que ha provocado enfermedades entre la población penal.
Desde su más reciente arresto el pasado 29 de abril, Ferrer ha sido sometido a condiciones de reclusión severas. El régimen revocó su libertad condicional sin ofrecer justificación legal transparente, lo que fue interpretado por observadores internacionales como una represalia política.
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El opositor fue trasladado de inmediato a la prisión de Mar Verde, una de las más duras del país, para cumplir una sentencia impuesta en 2020 en un proceso calificado como arbitrario por organizaciones defensoras de los derechos humanos. A mediados de mayo, el opositor dijo a su familia que estaba siendo acusado de propaganda contra el orden constitucional y desacato a la figura de Miguel Díaz-Canel.
Familiares y miembros de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), organización que Ferrer lidera, han alertado sobre el deterioro físico y psicológico del prisionero, y denuncian que permanece en aislamiento, sin acceso regular a visitas ni a atención médica.
En anteriores comunicaciones, Ana Belkis Ferrer advirtió que su hermano presentaba “falta de visión, dolores intensos y pérdida de peso alarmante”, situación agravada ahora por las agresiones físicas reportadas.
Estas denuncias se suman a una creciente ola de repudio internacional. El Parlamento Europeo se pronunció recientemente exigiendo la liberación inmediata de José Daniel Ferrer y del también opositor Félix Navarro.
Por su parte, el gobierno de Estados Unidos condenó la represión ejercida contra ambos activistas y responsabilizó al régimen cubano por su integridad física.
Desde el exilio, organizaciones defensoras de los derechos humanos han reiterado que la estrategia del régimen cubano es silenciar a la disidencia mediante mecanismos de castigo físico, aislamiento y degradación psicológica.
La situación de Ferrer se ha convertido en un símbolo del uso del aparato penitenciario como herramienta para silenciar voces de la oposición y el activismo de la sociedad civil, así como instrumento de represión política en Cuba.
“Condenamos los actos criminales contra José Daniel y hacemos responsables a Raúl Castro, Díaz-Canel y todos sus sicarios por todo lo que le han hecho y continúen haciendo”, añadió Ana Belkis Ferrer, quien reiteró el llamado a la comunidad internacional para aumentar la presión sobre el régimen cubano.
En Miami, activistas por los derechos humanos han impulsado diversas campañas para visibilizar el caso. Recientemente, se colocó una valla publicitaria que exige la liberación inmediata de Ferrer y de todos los presos políticos cubanos, en un esfuerzo por mantener viva la atención sobre la represión en la isla.
Ferrer, ex prisionero de la Primavera Negra de 2003 y uno de los rostros más conocidos de la oposición cubana, ha sido víctima de múltiples detenciones y golpizas a lo largo de su activismo político. Su caso representa uno de los más crudos ejemplos de la sistemática criminalización de la disidencia por parte del régimen de La Habana.
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