En medio de una Cuba sumida en la peor crisis económica de los últimos años, con apagones diarios, inflación, escasez y una ola migratoria sin precedentes, Sandro Castro, el nieto del fallecido dictador Fidel Castro, decidió romper el silencio en una entrevista exclusiva con el canal argentino TN.
Desde su bar en el Vedado habanero y mediante videollamada, el joven de 33 años dice que no se mete en política. “Lo mío es hacer reír a la gente”, dijo.
Con 126 mil seguidores en Instagram y una imagen pública que genera tantas simpatías como críticas, Sandro, nacido el 5 de diciembre de 1991, se ha convertido en una figura mediática incómoda.
Para muchos cubanos emigrados, especialmente en Miami, representa la cara más frívola y desconectada de una élite que, a diferencia del pueblo, puede darse el lujo de disfrutar la noche habanera, rodeado de amigos, cerveza Cristal y música electrónica.
“No tengo privilegios”, insiste. “Sufro apagones como todos. Vivo de mi negocio, soy sencillo y me muevo libremente”.
Castro es dueño del bar EFE, ubicado en la céntrica esquina de 23 y F. Allí administra su vida como una mezcla de emprendimiento y show, además de excesos que no son perdonados por la mayoría de los cubanos. También se le ha visto utilizar a sus trabajadores como parte de sus videos.
Lo más leído hoy:
En redes sociales asume el personaje de “Vampirash”, un amante de la noche y de la fiesta, que se muestra rodeado de jóvenes, luces y botellas. “No ofendo a nadie. Me gusta el arte y el humor. No hablo de política porque no es lo mío”, asegura.
Dice que no recibe apoyo económico de su familia y que sus negocios fueron posibles gracias a su espíritu emprendedor. “Trabajo desde los 14 años. Mi primer bar lo abrí con un préstamo de un amigo italiano”, explica. “He ahorrado y levantado cada proyecto por mí mismo”.
Críticas, lujos y una disculpa viral
Su nombre se volvió tendencia en redes en 2021, cuando se filtró un video donde manejaba un Mercedes Benz por una carretera cubana, mientras la población enfrentaba una aguda escasez de combustible.
Más tarde aseguró el auto era prestado, que el video fue privado y que nunca tuvo intención de ostentar. “Di mis disculpas en su momento. No era mi intención mostrar algo que no soy”.
Aun así, muchos cubanos le recriminan vivir en una burbuja. “Trato de no responder a esas personas. Respeto las opiniones, pero sigo enfocado en mi contenido”, dice.
Sandro Castro evita opinar sobre los apagones, la crisis migratoria o la represión del 11J. “No me gusta hablar de eso. Estamos combatiendo, queremos una mejoría. Tengo fe en que todo mejorará”.
Aunque se define como revolucionario, asegura que su campo es la cultura, no la política. “Me gusta el arte, el deporte. Mi abuelo fue un gran ídolo, siempre apoyó a los artistas. Creo que estaría orgulloso de mí”.
Su creciente exposición en redes sociales han captado la atención de medios europeos como Corriere della Sera, El País y Deutsche Welle, que lo describen como el símbolo del declive de la Revolución cubana.
“Su sola existencia es una crítica viva al castrismo”, sentenció el escritor Amir Valle. “Sandro no necesita hablar: su vida lo dice todo”.
Incluso, el diario Corriere della Sera no se anduvo con rodeos. “La revolución basada en el socialismo y la guerrilla da paso a filtros de gato, calzones rojos en el cuello por el Día de la Mujer, sangre falsa en la boca y fiestas de madrugada. Sandro encarna el final de una época”.
Un apellido que pesa
Pese a sus esfuerzos por proyectarse como un cubano común, Sandro reconoce el peso del apellido que lleva. “Siento orgullo de ser un Castro, pero no tengo privilegios. Soy un joven de esta época”.
Es hijo de Alexis Castro Soto del Valle, uno de los hijos de Fidel con Dalia Soto del Valle, y de Rebeca Arteaga; y su infancia transcurrió en las inmediaciones de Punto Cero, el complejo familiar de los Castro en La Habana.
Según testimonios de personas cercanas a la familia, como Idalmis Menéndez, expareja de Álex Castro, el joven creció rodeado de lujos, ajeno a las penurias que enfrentaban millones de cubanos.
En la entrevista con TN, también reveló que nunca ha visitado Argentina, aunque admira a DJs como Hernán Cattáneo y a jugadores como Messi, aunque se confiesa fan de Cristiano Ronaldo.
Para cerrar, fue categórico: “Descarto la política. No es lo mío. Prefiero que la gente se ría conmigo”.
Archivado en:
