En medio del colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), marcado por cortes eléctricos diarios que sobrepasan las cifras oficiales, las autoridades de Camagüey han activado puntos de expendio de alimentos listos para el consumo, en un intento por “crear otros espacios a la población” durante la falta de electricidad.
Según Radio Cadena Agramonte, diversas entidades y organismos del territorio, entre ellos la Empresa Láctea, la Cárnica, la Pesquera, AzCuba y la Empresa Municipal de Restaurantes, han habilitado locales para vender comidas preparadas “a precios asequibles y con buena calidad”. El programa incluye ofertas desde hoteles, oficinas centrales, unidades logísticas y hasta el parque del reparto Marquesado.

Pero la medida, que pudiera parecer un alivio ante la ausencia de electricidad para cocinar, ha sido recibida con escepticismo por parte de la población, que denuncia en redes sociales la incapacidad del régimen para solucionar una crisis que ya no da tregua.
La indignación crece a medida que las cifras de la Unión Eléctrica (UNE) pierden credibilidad. Solo este lunes, la afectación real del SEN superó en casi 100 MW la pronosticada, alcanzando un pico de 1,952 MW a las 9:40 p.m. Y para este martes, se esperaba un déficit de 1,401 MW en la mañana, que podría superar los 1,800 en la noche.
A pesar de la gravedad del panorama, las soluciones estructurales brillan por su ausencia. En lugar de invertir en una recuperación efectiva del sistema energético, el gobierno opta por “encargos sociales” que, más que aliviar, refuerzan la precariedad.
La comercialización de comida cocinada bajo la etiqueta de “respuesta social” no solo evidencia la falta de recursos para garantizar lo básico, sino que también expone la desconexión entre las prioridades del régimen y las necesidades reales del pueblo.
Mientras tanto, millones de cubanos enfrentan la disyuntiva de cómo conservar los pocos alimentos que logran conseguir sin electricidad constante, cómo sobrellevar el calor sin ventiladores y cómo sobrevivir a una cotidianidad marcada por la oscuridad, el cansancio y la desesperanza.
La pregunta en Cuba ya no es si habrá apagones, sino cuántas horas sin luz habrá que soportar otra vez.
Archivado en: