
En medio de una profunda escasez de liquidez y crecientes tensiones económicas, el Gobierno cubano aseguró que los pagos adelantados de pensiones a partir del 20 de agosto no afectarán otras operaciones bancarias, como el pago a productores agrícolas.
Sin embargo, esta afirmación deja al descubierto una realidad preocupante, expone la lucha silenciosa entre sectores vulnerables por el acceso al dinero en efectivo.
Durante la reciente conferencia de prensa sobre el incremento parcial de pensiones, el director de emisión de valores del Banco Central de Cuba, Julio Pérez Álvarez, afirmó que “este efectivo no competirá con otras actividades del sistema bancario (como nóminas o pagos al sector campesino)”.
La declaración, lejos de tranquilizar, sugiere que la falta de dinero físico en las sucursales es tan grave que se requiere aclarar prioridades.
En la práctica, tanto los más de 1.5 millones de pensionados como los campesinos que venden sus productos al Estado dependen del sistema bancario para recibir sus pagos. Las colas interminables, los límites de retiro y la falta de billetes en muchas provincias han convertido el simple acto de cobrar en una odisea cotidiana.
El reciente anuncio de un aumento de 1,528 pesos en las pensiones más bajas, que implica un gasto anual de 25,000 millones de pesos, suma presión a un sistema bancario colapsado.
El incremento entrará en vigor el 1 de septiembre de 2025 y se aplicará también a los pagos que se realicen en el mes de agosto. Sin embargo, estas nuevas pensiones plantean una pregunta clave: ¿puede garantizarse que todos los sectores reciban su dinero sin retrasos ni conflictos?
Frecuentemente los campesinos han denunciado demoras de los bancos en sus pagos, así como trabas para retirar el dinero en efectivo que les corresponde. Ahora, con el nuevo cronograma de pago a jubilados, el riesgo de que las tensiones se agraven es real.
El gobierno insiste en que esta medida forma parte de su compromiso con la justicia social, pero en un país donde el acceso al efectivo se ha vuelto un privilegio, la simple promesa de que "no habrá competencia" suena vacía para muchos.
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