El joven diputado cubano Elián González aseguró en una entrevista con la televisora teleSUR que el mayor privilegio de su vida es ser reconocido como “el niño de Fidel”, una confesión que reafirma su papel como símbolo propagandístico del régimen cubano más de dos décadas después de su regreso a la isla.
Durante una conversación con el periodista Rolando Segura, González recordó su cercanía con el dictador Fidel Castro (1926-2016), a quien describió como una especie de “abuelo afectuoso” que lo acompañaba en juegos y actividades sin imponerle exigencias.
Aseguró que nunca recibió presiones del exgobernante, pero consideró un privilegio el cariño y la atención que le brindó.
“Yo creo que el hecho de que Fidel me visitara, de que Fidel me dijese públicamente su amigo, yo creo que ya ese era el privilegio”, afirmó González cuando el entrevistador le preguntó si tuvo algún tipo de privilegio por esa cercanía con Fidel Castro.
Y agregó: “Creo que muchos privilegios vienen después arraigado a eso, que son en cualquier lugar que uno está en Cuba que se te acerquen y te digan el amigo de Fidel, el niño de Fidel, que te traten con cariño, porque te ven como eso, como como un ser allegado a Fidel. Yo creo que ese es el mayor privilegio que me dio esta amistad”.
González, de 31 años, dijo lamentar haber sido demasiado joven para aprovechar más esos encuentros con Castro. Subrayó que incluso en su último diálogo buscó orientación académica del líder cubano, aunque este evitó influir en su decisión.
En junio, al cumplirse 25 años de su regreso a Cuba, tras un conflicto internacional de custodia, González aseguró que no se arrepiente de seguir en su país, a pesar de las dificultades actuales.
Asimismo, rindió homenaje a Castro, el hombre que, según sus palabras, lo salvó, lo formó, lo cuidó y, al parecer, también le mandaba los muñequitos por casetes.
La escena tuvo lugar en el Centro Fidel Castro Ruz, en el espacio "Con luz propia", donde Elián se presentó tomado de la mano de su pequeña hija, cerrando el círculo de un relato perfectamente hilado y casi surrealista.
En un país en crisis, donde la memoria oficial se sostiene con actos de culto más que con debate histórico, Elián representa la continuidad perfecta: el niño rescatado, convertido en adulto ejemplar dentro del molde ideológico, que rinde homenaje al líder eterno sin una grieta, sin una pregunta, sin una duda.
El joven diputado también ha agradecido al programa oficialista Mesa Redonda de la televisión cubana por haberlo convertido en la persona que es, calificando el programa de la televisión oficial como “el puntal” que ayudó a consolidar su causa y formar su carácter.
Según sus palabras, la emisión fue decisiva para moldear su vida familiar y su compromiso político.
Sus declaraciones refuerzan la narrativa oficial que lo ha presentado durante años como estandarte de la revolución cubana, manteniendo vivo el relato de su rescate y repatriación como una victoria del castrismo frente a Estados Unidos.
Su lealtad al régimen y la exaltación de Fidel Castro muestran la continuidad de un discurso que sigue usándolo como símbolo político.
El caso de Elián González fue un punto de inflexión en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, desencadenando una crisis diplomática entre ambos países.
La batalla legal y política por su custodia marcó un antes y un después en las relaciones bilaterales, generando tensiones y polarización en la comunidad cubanoamericana.
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