
El sacerdote Alberto Reyes, conocido por sus críticas al régimen cubano, publicó un análisis en Facebook en el que desmitifica la figura de Fidel Castro y le atribuye la responsabilidad de haber instaurado la "cultura de la desfachatez" en la política y la sociedad de Cuba.
Reyes parte de una referencia a las memorias de Alina Fernández Revuelta, hija de Castro, para explicar lo que ella definió como "el encanto de la desfachatez" de su padre.
Según el Padre, esa cualidad -presentada en un inicio como audacia o carácter- en realidad escondía un patrón de comportamiento basado en el irrespeto a la dignidad, los derechos y la sensibilidad de los demás.
La desfachatez como método de poder
El sacerdote no sólo desmitifica la figura de Fidel Castro, sino que plantea un reto mayor: sanear las raíces de una nación marcada por un legado de engaños, violencia y desfachatez convertida en norma política.
Reyes sostiene que esa actitud fue la que Fidel usó para relacionarse con el pueblo: "Habló de libertad y democracia mientras urdía los hilos de una dictadura; prometió rechazar el comunismo, al tiempo que preparaba su instauración; aseguró que no aspiraba a la presidencia, y se eternizó en el poder".
El párroco menciona algunos de los principales engaños del líder: la promesa de dar la tierra a los campesinos para después estatizar casi toda la propiedad agrícola, la oferta de viviendas decorosas a cada familia, que jamás se cumplió, y las garantías de prosperidad económica, desmentidas por la crisis.
Cita además hechos de sangre ordenados por Castro, como el hundimiento del remolcador 13 de Marzo en 1994, y el derribo en 1996 de las avionetas de Hermanos al Rescate, hechos que revelan la distancia entre su discurso humanista y su gobierno, marcado por la represión y la violencia.
Más allá de la figura personal del dictador, Reyes advierte que su mayor herencia fue haber institucionalizado la desfachatez como forma de gobernar. Un rasgo que se convirtió en el cimiento de la estructura política cubana.
"La desfachatez no es un buen atributo para gobernar un país, y mucho menos para perpetuarlo como sistema. Desgraciadamente, Fidel no sólo trató a este pueblo con desfachatez, sino que logró sembrarla en la raíz política de los que nos gobiernan, y tendremos que trabajar muy duro para que un día vuelvan a ser sanas las raíces de nuestra nación", recalcó.
A continuación, CiberCuba comparte el texto íntegro de la publicación:
"He estado pensando… (126) por Alberto Reyes Pías
He estado pensando en la construcción de un mito III
Cuando Alina, la hija de Fidel y Natalia Revuelta, describe en sus memorias cómo fue posible que Fidel lograra conquistar a Mirta Díaz-Balart, la 'joya' de la alta sociedad de Banes, dice lo siguiente: 'Fidel tenía el encanto de la desfachatez'.
La desfachatez es la actitud de la persona que no tiene en cuenta la dignidad, los derechos ni la sensibilidad de las demás personas. Es aquel que se centra en sus objetivos, que va directo a lo que quiere y lo toma aunque para ello tenga que arrasar al que tiene delante, sin respetar pero sin esconderse; descaradamente, pero mirando de frente.
Y sí, la desfachatez puede tener su encanto, el encanto de la persona 'dura', sin límites, capaz de lograr lo que quiere a cualquier precio… pero es un encanto a corto plazo. A la larga, la gente termina dándose cuenta de que es una actitud incivilizada, y la pareja se desencanta, los amigos se alejan, y los admiradores se convierten en detractores. Pero a la larga.
Es este el proceso que hemos vivido, porque Fidel trató a este pueblo desde la desfachatez.
Habló de libertad y democracia, de la necesidad de acabar con la dictadura de Batista, mientras iba tejiendo los hilos para instaurar la que es hoy la dictadura más longeva de todo el hemisferio y una de las más largas de la historia de la humanidad.
Afirmó repetida y públicamente su rechazo al comunismo y que su objetivo no era la presidencia de la República, mientras iba tendiendo los lazos necesarios para instaurar la doctrina marxista en Cuba y eternizarse en el poder.
Prometió acabar con los latifundios y entregar la tierra a los campesinos, y calificó de 'temor estúpido' el comentario de que la industria sería nacionalizada, para luego poner bajo el control del Estado casi el 80 % de las tierras cultivables del país y a todas las empresas privadas, fueran cubanas o extranjeras.
Prometió que construiría a cada familia una 'vivienda decorosa' y que Cuba lograría un desarrollo sin precedentes de la economía, y mientras más la realidad negaba sus palabras, más insistía en que el pueblo confiara en sus promesas.
Censuró la falta de principios de las naciones ricas mientras endeudaba progresiva y profundamente al país a través de préstamos pedidos y nunca pagados.
Condenó continuamente la falta de humanidad del capitalismo, pero bajo sus órdenes fue hundida la embarcación XX Aniversario en el río Canímar, donde murieron 56 personas, incluido niños; por orden suya fue hundido el remolcador 13 de marzo, donde murieron 72 personas, incluido niños, y ordenó el derribo de la avioneta de Hermanos al rescate, donde murieron 4 personas.
Criticó hasta la saciedad el 'ingerencismo' de las grandes naciones, mientras enviaba a miles de cubanos a guerras en Asia, África y América Latina, y Cuba era el escenario de entrenamiento de todas las guerrillas de Latinoamérica.
Habló hasta la saciedad de la falta de valores en los jóvenes 'capitalistas' mientras se acentuaba generación tras generación el daño antropológico, que destruye la capacidad de identificar y respetar el límite entre el bien y el mal.
No, la desfachatez no es un buen atributo para gobernar un país, y mucho menos para perpetuarlo como sistema porque, desgraciadamente, Fidel no sólo trató a este pueblo con desfachatez, sino que logró institucionalizarla, logró sembrarla en la raíz política de los que nos gobiernan, y tendremos que trabajar muy duro para que una día vuelvan a ser sanas las raíces de nuestra nación".
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