El cielo de Chambas, en Ciego de Ávila, ardió este fin de semana con un estallido de luces, fuego y estruendos que hicieron temblar a todo el pueblo.
Lo que a simple vista parecen escenas de guerra, en realidad forman parte de una tradición cultural que los chambaseros llevan en el corazón: las Parrandas, declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Durante tres noches de agosto, las calles se convirtieron en escenario de una batalla simbólica entre los barrios rivales: El Gallo, con el rojo de La Norte, y El Gavilán, con el azul de La Narcisa.
Una rivalidad histórica que no se mide en violencia, sino en creatividad, pasión y derroche artístico.

Facebook/Orange Actress.
El rugido de la pólvora y la fiesta del pueblo
Las imágenes hablan por sí solas: columnas de fuego que iluminan la noche, explosiones que estremecen a kilómetros de distancia, y carrozas gigantes que parecen palacios rodantes.
Entre el humo, los estallidos y el vibrar de la conga, los vecinos viven con orgullo lo que para muchos es la fiesta de su vida.
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“Las Parrandas de Chambas no son solo un espectáculo de luces, música y carrozas, son el corazón de nuestra identidad, la pasión que nos recuerda quiénes somos”, escribió una cubana en redes sociales, agradeciendo a los trabajadores y parranderos dentro y fuera del país que mantienen viva la tradición.
Una tradición que resiste
Las Parrandas de Chambas nacieron en 1935, inspiradas en las de San Juan de los Remedios, y desde entonces se han mantenido como el evento cultural más importante del municipio.
Cada agosto, pese a la crisis energética, la escasez y las dificultades que golpean a las familias cubanas, los habitantes se las ingenian para levantar carrozas monumentales, preparar espectáculos de fuegos artificiales y organizar comparsas que recorren el pueblo entre banderas, carteles y gritos de orgullo.
Lejos de ser solo un festejo local, la parranda se ha convertido en símbolo de resistencia cultural. Muchos chambaenses emigrados envían apoyo económico o viajan para vivir la experiencia en carne propia. Porque cada explosión de pólvora, cada aplauso y cada baile en la calle es también un recordatorio de que la identidad cubana sobrevive, aunque el país esté atravesado por la crisis.
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Entre humo, colores y memoria
En Chambas, el estruendo no es de guerra, sino de fiesta. Las imágenes que circulan en redes muestran la magnitud de una celebración que une a generaciones: abuelos que recuerdan sus primeras parrandas, jóvenes que toman las calles con banderas y celulares en mano, y niños que descubren por primera vez el rugido de la pólvora y el brillo de las carrozas.
Las Parrandas de Chambas son eso: un pueblo que, aunque marcado por la escasez y la incertidumbre, se permite soñar, resistir y celebrar a todo color.
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