
La familia de un anciano fallecido en Holguín denunció públicamente presuntas negligencias ocurridas en el banco de sangre del Hospital Vladimir Lenin.
Afirman que una donación de sangre gestionada con urgencia para el paciente fue utilizada en otro enfermo, lo que, según sus palabras, pudo haber reducido los últimos días de vida del hombre.
El testimonio fue publicado en Facebook por Ernesto Almaguer Díaz, nieto del fallecido Marcelino Díaz Mendoza, de 80 años, quien ingresó el 19 de agosto en la sala de Geriatría A —conocida popularmente como “Sala 8”— debido a un cuadro grave de anemia.
La hemoglobina extremadamente baja, de apenas 5.6, hacía necesaria una transfusión inmediata.
De acuerdo con el relato, la familia, con ayuda de personas solidarias, consiguió una donación de sangre O-, considerada universal y apta para transfusiones de urgencia.
El procedimiento establecía que debía aplicarse tras pruebas el 21 de agosto.
Sin embargo, ese día, cuando los familiares preguntaron por la transfusión, se les indicó en el banco de sangre que la bolsa estaba identificada y congelada para el paciente, y que en breve sería llevada a la sala.
Las horas pasaron y la sangre nunca llegó. Según la denuncia, ya cerca de las 6:20 p.m., tras insistir nuevamente, un funcionario informó a los familiares que la donación destinada a Díaz Mendoza había sido utilizada en otro paciente con una oclusión intestinal, considerado más grave en ese momento.
“La sangre O- que era para mi abuelo se la pusieron a otro, dejándolo sin la transfusión que él necesitaba”, señaló el nieto.
Tras gestiones desesperadas en el Puesto de Mando Provincial de Salud y del propio hospital, apareció otra bolsa de sangre para el anciano en menos de media hora.
No obstante, para la familia, ese retraso y el desvío de la donación marcaron un antes y un después en el deterioro de su salud.
“Quizás Papi hubiera durado unos días más, pero se le quitó la posibilidad de recibir a tiempo lo que con tanto esfuerzo se consiguió”, escribió Almaguer.
El denunciante, profundamente agradecido con los médicos, enfermeros y con el donante anónimo que intentó salvar la vida de su abuelo, diferenció entre el esfuerzo humano de muchos profesionales y lo que considera una falta grave de responsabilidad institucional.
“No es contra los que se desvelan en las salas, es contra el banco de sangre del Hospital Lenin, que actuó sin sensibilidad ni respeto”, expresó.
Además del caso puntual, la publicación incluyó un reclamo más amplio: una investigación exhaustiva en el hospital.
Almaguer pidió que se esclarezca qué ocurrió con la donación de su abuelo, si fue un error, una decisión discrecional o si existieron intereses externos.
También exigió auditorías en áreas de Contabilidad y Recursos Humanos, y criticó el estado de abandono de la sala de Geriatría, que —afirmó— es temida por las familias holguineras al punto de persignarse cuando un paciente ingresa allí.
El nieto denunció igualmente las malas condiciones de infraestructura en el centro: baños rotos, presencia de insectos, falta de camillas y sillas de ruedas, y ausencia de recursos básicos que, en su opinión, podrían fabricarse en industrias locales si hubiera voluntad.
Asimismo, subrayó la necesidad de dignificar a personal de limpieza y apoyo, a quienes considera invisibilizados pese a su importancia.
“Mi abuelo iba a partir de todos modos, pero lo mínimo era que recibiera lo que le correspondía. Exijo una explicación, no solo por él, sino por tantos pacientes que atraviesan situaciones similares y no tienen voz”, concluyó en su denuncia.
Días atrás, la conmoción también alcanzó a la opinión pública por la muerte de un niño de apenas dos años, cuyo fallecimiento fue señalado por familiares como consecuencia de una actuación tardía del personal sanitario.
En otro hospital, los padres de un menor denunciaron irregularidades en el tratamiento de su hijo, reforzando la percepción de que los errores en la atención pediátrica no son hechos aislados.
En Camagüey se repitió una tragedia similar cuando una mujer perdió la vida tras lo que sus allegados describieron como una presunta negligencia médica.
La indignación social creció al punto de que las autoridades de Salud en Santiago de Cuba tuvieron que pronunciarse, prometiendo investigaciones para esclarecer las causas y deslindar responsabilidades.
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