Tres años de cautiverio: Rusia libera a soldado cubano-ucraniano apresado durante la heroica defensa de Azovstal

Khuan Alberto Leyva Garsiya, soldado cubano-ucraniano, fue liberado tras tres años de cautiverio en Rusia. Su liberación formó parte de un intercambio de prisioneros entre Kiev y Moscú.

Khuan Alberto Leyva Garsiya © Captura de video YouTube / CNN
Khuan Alberto Leyva Garsiya Foto © Captura de video YouTube / CNN

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El soldado ucraniano de raíces cubanas Khuan Alberto Leyva Garsiya, de 27 años, recuperó la libertad tras permanecer tres años en manos de las fuerzas rusas.

Su liberación se produjo como parte de un reciente intercambio de prisioneros entre Kiev y Moscú, en el que participaron decenas de militares y civiles retenidos desde los primeros meses de la invasión rusa a Ucrania.

El 14 de agosto se concretó el primero de los dos canjes realizados este mes. Ese día, Leyva Garsiya logró comunicarse con su familia para confirmar que se encontraba entre los 33 soldados y 51 civiles entregados por el Kremlin.

La noticia fue difundida por la cadena estadounidense CNN, que destacó la emoción de la madre del joven, una ucraniana llamada Laritza.

"Yo estaba muy sorprendida. Como dijo un compañero suyo, el sol salió dos veces. El sol salió en mi casa dos veces", relató la mujer al confirmar que escuchó la voz de su hijo después de tanto tiempo.

De Mariúpol a la prisión rusa

Leyva Garsiya se unió al ejército ucraniano en febrero de 2022, tras la invasión ordenada por Vladimir Putin. Apenas tres meses después, participó en la heroica defensa de la acería de Azovstal, en la ciudad portuaria de Mariúpol, convertida en símbolo de resistencia frente a un asedio devastador.


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En mayo de aquel año, y tras semanas de intensos bombardeos, los últimos defensores de la planta siderúrgica se rindieron ante las fuerzas rusas. Fue en ese momento cuando el joven cubano-ucraniano cayó prisionero. Su nombre se sumó a la larga lista de combatientes capturados en la batalla más sangrienta de la guerra hasta ese momento.

Putin proclamó en abril de 2022 que Mariúpol estaba "liberada", aunque cientos de soldados aún resistían en el interior de Azovstal. Durante semanas, las tropas rusas cercaron la instalación industrial de 11 kilómetros cuadrados, donde permanecían combatientes y civiles refugiados en un entramado de túneles y búnkeres.

La rendición de aquellos combatientes, entre los que estaba Leyva Garsiya, se convirtió en una de las páginas más duras de la guerra, que ya se prolonga por más de tres años sin un horizonte claro de paz.

Un canje con fuerte carga simbólica

El segundo intercambio de prisioneros de este mes tuvo lugar el 24 de agosto, fecha significativa para Ucrania, pues ese día de 1991 el país declaró su independencia de la Unión Soviética. Kiev consideró la coincidencia como un gesto de esperanza en medio de la destrucción y la incertidumbre.

La liberación de combatientes como Leyva Garsiya ocurre en paralelo a un recrudecimiento de los ataques rusos. Apenas dos días después de que el presidente estadounidense Donald Trump se reuniera en Washington con Volodimir Zelenski y líderes europeos para impulsar nuevas negociaciones de paz, Moscú lanzó contra Ucrania 574 drones y 40 misiles, en el bombardeo más intenso desde julio.

Las conversaciones diplomáticas continúan, pero no han logrado frenar los ataques ni detener el sufrimiento de la población civil.

Una vida marcada por la guerra

Hijo de un emigrante cubano que se estableció en Ucrania hace décadas, Khuan Alberto creció en una familia mixta que, como miles en el país, quedó partida por la guerra. Su madre lo describió como un joven decidido que no dudó en enlistarse para defender a su nación adoptiva cuando estalló la invasión.

Ahora, tras tres años de cautiverio, regresa a un país profundamente transformado por la guerra. Según Naciones Unidas, millones de personas han sido desplazadas y ciudades enteras, como Mariúpol, quedaron reducidas a escombros.

El caso de Leyva Garsiya también subraya la dimensión internacional del conflicto: miles de combatientes extranjeros y descendientes de inmigrantes han participado en la defensa ucraniana, convirtiéndose en símbolos de una resistencia que trasciende fronteras.

Una guerra sin final claro

La prolongada batalla de Azovstal sigue siendo recordada como un hito en la guerra. En ella, las tropas ucranianas resistieron durante semanas frente a la ofensiva rusa, mientras el mundo observaba con impotencia la destrucción de Mariúpol y las denuncias de crímenes de guerra por parte de Moscú.

Tres años después, la situación no ofrece señales de resolución inmediata. La guerra se ha convertido en un conflicto de desgaste, con ofensivas intermitentes, negociaciones inconclusas y un creciente costo humano y material.

La liberación de prisioneros como Leyva Garsiya representa un respiro en medio de la tragedia, pero también recuerda que miles de soldados y civiles permanecen en cautiverio. Para su madre, sin embargo, la noticia es mucho más que política o diplomacia.

"Yo quería estar segura de que era mi hijo, de que no había equivocación", dijo entre lágrimas. Al otro lado de la línea telefónica, la voz de Khuan Alberto confirmó que, al menos para una familia, la esperanza venció al cautiverio.

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