Del maoísmo al colapso: la historia del comunismo en Nepal hasta su caída en 2025

El colapso del gobierno comunista de Nepal representa el fin de una era que comenzó con una revolución armada y terminó con el rechazo masivo de las nuevas generaciones.

Parlamento de Nepal en llamas y el primer ministro K.P. Sharma Oli Foto © X / @onestpress y Flickr / Foro Económico Mundial

El comunismo en Nepal no cayó de la noche a la mañana. La renuncia del primer ministro K.P. Sharma Oli, tras las protestas masivas en septiembre de 2025, marcó el fin de un ciclo de poder del Partido Comunista de Nepal que, con distintas variantes y nombres, dominó el escenario político del país durante más de tres décadas. Su historia está marcada por una guerra civil sangrienta, coaliciones inestables, denuncias de corrupción y, en sus últimos años, una deriva autoritaria que provocó su colapso ante una nueva generación de nepalíes que dijo basta.

De la guerrilla al poder político

El Partido Comunista de Nepal surgió como una fuerza insurgente maoísta en la década de 1990. En 1996, inició una guerra civil contra la monarquía constitucional con el objetivo de abolir la monarquía y establecer una república popular. Durante 10 años, el conflicto dejó más de 17.000 muertos y profundas cicatrices en la población.

En 2006, tras un acuerdo de paz, los maoístas depusieron las armas y se integraron al proceso político. En 2008, tras la abolición de la monarquía, Nepal se convirtió oficialmente en una república federal democrática, con una nueva constitución prometida y el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) ganando las elecciones.

Unificación y luchas internas

En 2018, dos principales ramas comunistas —el Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista Unificado) y el Partido Comunista de Nepal (Maoísta Centro)— se unieron para formar el Partido Comunista de Nepal (PCN) en una histórica fusión que prometía estabilidad. Su líder, K.P. Sharma Oli, se convirtió en primer ministro con mayoría parlamentaria.

Sin embargo, el sueño de unidad pronto se convirtió en una pesadilla: pugnas internas por el poder, intentos de disolución del Parlamento y una deriva autoritaria desgastaron rápidamente la legitimidad del gobierno. La Corte Suprema declaró inconstitucional la fusión en 2021, forzando a los partidos a separarse, y con ello resurgieron viejas rivalidades.

Censura, represión y descontento juvenil

Durante su segundo mandato, Oli fue criticado por medidas autoritarias, como ataques a la libertad de prensa, arrestos de críticos y uso excesivo de decretos presidenciales. La corrupción se agravó: contratos opacos, nepotismo y enriquecimiento ilícito de funcionarios marcaron los años de gobierno comunista.


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El punto de quiebre llegó este 9 de septiembre, cuando el gobierno bloqueó el acceso a redes sociales como Facebook, X y YouTube, exigiendo su registro ante el Estado. Esta medida fue interpretada por miles de jóvenes como una amenaza directa a su libertad de expresión, desencadenando las protestas más masivas desde la abolición de la monarquía.

Con una respuesta represiva que dejó al menos 19 muertos y decenas de heridos, el gobierno perdió su última cuota de legitimidad. Tras días de disturbios y la quema de edificios públicos, Oli presentó su renuncia el 9 de septiembre. Varios ministros lo siguieron.

Situación actual: incertidumbre y transición

Este 10 de septiembre, Nepal se encuentra bajo el control provisional del Ejército, con un gobierno interino en formación. Sectores políticos y sociales han propuesto a la exmagistrada Sushila Karki como posible primera ministra interina, mientras se convocan nuevas elecciones y se abre un proceso de reformas profundas.

Entretanto, la juventud nepalí continúa movilizada. Lo que comenzó como una reacción contra la censura digital se ha transformado en un movimiento amplio por democracia, transparencia y renovación política. Muchos sectores exigen que ningún exdirigente comunista pueda postularse en el próximo ciclo electoral.

El colapso del gobierno comunista de Nepal representa el fin de una era que comenzó con una revolución armada y terminó con el rechazo masivo de las nuevas generaciones. En un país que soñó con justicia social y terminó atrapado en el autoritarismo, la historia parece abrir una nueva página.

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