
Mientras millones de cubanos permanecen a oscuras tras el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), el Ministerio de Turismo de Cuba (Mintur) salió este jueves a asegurar que, a pesar de la crisis energética, la isla “sigue siendo un destino seguro y confiable” y que los visitantes “podrán disfrutar de su experiencia turística”, gracias a una infraestructura preparada y un “equipo humano dedicado”.
Pero, mientras el régimen intenta transmitir calma a los turistas y blindar la imagen del país hacia el exterior, millones de cubanos enfrentan pérdidas de alimentos, interrupciones de servicios básicos y la angustia de sobrevivir sin electricidad.
Este mensaje se une a otro comunicado difundido el miércoles, en el que el Mintur recalcó que “la mayoría de nuestros hoteles y servicios turísticos disponen de generadores eléctricos y recursos necesarios para operar con normalidad”, garantizando que los apagones no afectarán al sector.
No obstante, el contraste resulta doloroso cuando se anuncian hoteles con plantas eléctricas y combustible asegurado para mantener a los visitantes en piscinas y habitaciones climatizadas, mientras familias enteras en la isla cocinan con hornos de leña, reciben sirope y mermelada como “alivio” para sus hijos y hacen colas interminables para acceder a agua en medio de la crisis.
Un modelo que prioriza al turismo
No es la primera vez que el gobierno cubano reconoce públicamente que el turismo está por encima de las necesidades de la población. En junio, el ministro Juan Carlos García Granda admitió en entrevista con El País que los cortes eléctricos no afectan al sector porque los hoteles cuentan con sistemas propios de generación, fruto de inversiones estatales.
Aunque la Unión Eléctrica anunció este jueves la reconexión parcial del SEN, provincias como Pinar del Río, Granma y Guantánamo siguen totalmente sin servicio eléctrico.
El propio primer ministro, Manuel Marrero Cruz, dijo contar con una “estrategia bien definida” para enfrentar la crisis, pero la vida cotidiana en la isla muestra otra cosa, con evidentes retrocesos a condiciones de supervivencia que recuerdan más a tiempos de guerra que al siglo XXI.
El contraste no deja dudas, mientras el régimen gasta recursos en asegurar la “experiencia turística”, los cubanos siguen atrapados en la oscuridad, con apagones interminables y un modelo incapaz de resolver la crisis energética.
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