El director nacional de Higiene y Epidemiología, Francisco Durán, informó este miércoles que Matanzas afronta un brote de arbovirosis en el que lo “novedoso” ha sido la circulación de chikungunya desde junio y julio.
Su reporte en los medios oficialistas apuntan que, pese al aumento de casos febriles y a la intensidad de las acciones sanitarias, "no hay pacientes graves ni críticos" y "los servicios de salud no están colapsados".
El funcionario explicó que, además del dengue endémico, en el país circulan otras arbovirosis: chikungunya y oropouche (esta última no transmitida por Aedes, sino por mosquitos de otros géneros).
"En Matanzas, en el mes de junio, mes de julio, aparecieron un grupo de casos febriles que por la vigilancia que existe en nuestro país, se estudian, se descarta qué tipo de arbovirosis podía ser. Y en este caso, una que habíamos tenido en el 2015 en Santiago de Cuba, que es el chikungunya, se diagnostica en la provincia de Matanzas", alertó.
Subrayó que también se han diagnosticado casos en otras provincias, donde se aplican medidas similares de control vectorial y vigilancia.
Sobre los vectores, precisó que el Aedes aegypti y el Aedes albopictus favorecen la transmisión en entornos urbanos.
En el caso de albopictus, su hábitat incluye bosques, terrenos baldíos y áreas alejadas de depósitos de agua limpia, lo que amplía los escenarios de riesgo.
"Es una fuente de transmisión muy importante. Esto es lo que ha pasado en Matanzas", precisó.
Entre los factores que agravan la situación mencionó la acumulación de basura, las lluvias y las altas temperaturas, que aceleran la reproducción de mosquitos.
Según argumentó Durán, el chikungunya provoca dolores articulares muy fuertes y un cuadro febril, pero aparejado a este causa tal malestar que "puede que después que pase toda la etapa febril aguda queden algunos malestares desde el punto de vista articular".
En Matanzas, las autoridades recurrieron a pesquisas, tratamiento focal (abatización de depósitos), fumigación, adulticidas y acciones perifocales para sostener un efecto residual y cortar cadenas de transmisión.
Durán insistió en que el saneamiento y la implicación de la población son determinantes para que las medidas sean efectivas.
En cuanto al manejo clínico, reiteró la consulta médica temprana ante cualquier cuadro febril.
Indicó que hay ingresos por vigilancia de riesgos, pero no se reportan casos graves o críticos en este momento. Remarcó que no existe colapso del sistema sanitario: “colapsado” —aclaró— implicaría falta de camas o incapacidad de respuesta, condición que no se observa hoy.
El epidemiólogo justificó la coyuntura cubana en el marco regional: varios países de las Américas enfrentan circulación simultánea de arbovirosis (incluidas zika y mayaro), de acuerdo con la información disponible para la región. En Cuba, dijo, el objetivo es contener y controlar la transmisión mediante vigilancia, control vectorial y responsabilidad ciudadana.
El panorama se agrava en Matanzas. Autoridades sanitarias y del Gobierno reportaron este miércoles un aumento alarmante de casos sospechosos de arbovirosis en Colón.
Durante la última semana se han identificado 435 síndromes febriles inespecíficos (23 más que la anterior). La prioridad, según las autoridades, es cortar la transmisión mediante pesquisas casa por casa y eliminación de criaderos del mosquito.
El Hospital Dr. Mario Muñoz Monroy de ese municipio mantiene 40 camas ocupadas por casos relacionados y cinco pacientes con signos de alarma.
Mientras tanto, de los 239 ingresos registrados más del 46% corresponden a población pediátrica, según el Centro Municipal de Higiene, Epidemiología y Microbiología.
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