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La diplomática cubana Johana Tablada de la Torre, conocida por su ferviente defensa del régimen de La Habana y sus ataques sistemáticos contra Estados Unidos, reapareció este domingo en redes sociales para comentar las masivas manifestaciones del movimiento “Sin Reyes” (No Kings) que han sacudido decenas de ciudades norteamericanas en los últimos días.
En un mensaje publicado en su cuenta de Facebook, la funcionaria del ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) escribió: “Mientras la ‘Embajada’ [de EE. UU.] da lecciones morales para justificar el cerco criminal que nos castiga con saña... por allá por su país la gente no está muy feliz con las políticas de su gobierno”.
La embajadora designada por el gobernante Miguel Díaz-Canel no tuvo reparos ni escrúpulos morales para celebrar las manifestaciones de descontento popular en la democracia estadounidense, cuando su reacción frente a las protestas cívicas de los cubanos contra el régimen son tachadas por ellas como ejemplos de manipulación, servilismo y actos contra el orden constitucional cometidos por delincuentes, borrachos y mercenarios del “imperio”.
La diplomática del cinismo
Tablada, subdirectora general para Estados Unidos del MINREX hasta su reciente ascenso, es una firme defensora del aparato totalitario cubano, un régimen que reprime cada mínima expresión de disenso y castiga con cárcel a quienes ejercen derechos tan básicos como la libertad de reunión o de palabra.
Resulta paradójico —y para muchos, insultante— que una funcionaria de un gobierno que encarcela, golpea y difama a sus propios ciudadanos por manifestarse, se atreva a comentar con sorna el descontento de los estadounidenses que protestan en las calles.
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En Cuba, cualquier movilización ciudadana no convocada por el Partido Comunista es catalogada como “provocación contrarrevolucionaria”. Así ocurrió con las protestas del 11J de 2021, cuando cientos de miles de cubanos salieron a reclamar “libertad” y “comida”, y el régimen respondió con violencia policial, juicios sumarios y condenas de hasta 25 años de prisión.
Desde entonces, Tablada de la Torre ha defendido públicamente esas acciones, justificándolas como una “respuesta legítima ante el vandalismo” y repitiendo la narrativa oficial de que los manifestantes eran “manipulados por Estados Unidos”.
Si las protestas “No Kings” hubiesen ocurrido en La Habana, Ciego de Ávila o Santiago, la diplomática no habría publicado un post irónico, sino probablemente una arenga acusando a los participantes de “mercenarios”, “delincuentes” o “agentes del imperio”, etiquetas habituales de la Seguridad del Estado contra cualquier manifestación ciudadana de cubanos.
Doble rasero y propaganda de Estado
El comentario de Tablada se inscribe en la vieja estrategia de la propaganda castrista: usar los conflictos sociales en Estados Unidos para presentar una falsa equivalencia moral entre una democracia imperfecta, donde los ciudadanos pueden protestar sin ser encarcelados, y una dictadura totalitaria donde la mera convocatoria a una marcha pacífica basta para ir a prisión.
Mientras en EE.UU. millones de personas marchan contra su propio presidente sin temor a represalias, en Cuba una simple publicación crítica en Facebook puede costar años de cárcel bajo cargos de “desacato” o “propaganda enemiga”. La diferencia no podría ser más abismal, aunque Tablada de la Torre insista en difuminarla con la retórica del manual de la Ñico López.
El contraste es aún más grotesco considerando que Cuba ocupa el puesto 173 de 180 países en la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras, mientras que Estados Unidos se ubica en el 42. En la isla, todos los medios pertenecen al Estado, el acceso a Internet es vigilado, y los periodistas independientes son hostigados, difamados o forzados al exilio.
Las afirmaciones de Tablada de la Torre también contrastan con la posición que ocupa Cuba en los principales índices internacionales sobre derechos humanos y libertades civiles.
Según el informe Freedom in the World 2025 de Freedom House, la isla figura como un país “no libre”, con una puntuación de apenas 10 sobre 100, que incluye 1 punto de 40 en derechos políticos y 9 de 60 en libertades civiles.
En su World Report 2025, Human Rights Watch describe a Cuba como un Estado que mantiene un sistema represivo generalizado, con detenciones arbitrarias, tortura, censura, persecución de periodistas y activistas, y sin independencia judicial.
El propio Departamento de Estado de EE. UU. calificó la situación como “críticamente restrictiva”, señalando “desapariciones forzadas, acoso y prohibición de sindicatos independientes”. En resumen, la realidad de Cuba está en el extremo inferior de todos los rankings de derechos humanos del hemisferio.
La diplomacia como eco de la represión
En los últimos años, Tablada ha sido protagonista de varias polémicas. Ha defendido el encarcelamiento de periodistas, ha culpado a Washington de la crisis migratoria y llegó a aplaudir en televisión nacional la intervención de un "experto" que afirmó que “en Cuba hay más libertad de expresión que en Estados Unidos”.
El Departamento de Estado norteamericano la ha calificado abiertamente como “títere de la dictadura cubana”, una descripción que encaja con su papel de vocera disciplinada del castrismo ante la comunidad internacional.
Su reciente comentario sobre las protestas en Estados Unidos no sorprende: forma parte de un patrón discursivo que busca relativizar la represión interna, atacar a Washington y consolidar la narrativa del victimismo revolucionario.
Pero la ironía de su mensaje no hace sino subrayar lo que intenta ocultar: en Cuba, la gente no solo está descontenta con su gobierno, sino que no puede expresarlo sin pagar un precio brutal.
Porque si algo diferencia a los manifestantes estadounidenses de los cubanos, es que en un país protestan con megáfonos, y en el otro con miedo.
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