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La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó este martes, con 165 votos a favor, 7 en contra y 12 abstenciones, la resolución que pide el fin del embargo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba.
Aunque el canciller Bruno Rodríguez Parrilla celebró el resultado como una “victoria de los pueblos”, los datos reflejan una caída drástica del apoyo internacional al régimen cubano: es el respaldo más bajo en más de diez años.
La votación —identificada como resolución A/80/L.6— mostró un escenario notablemente distinto al de años previos. En 2024, el texto había sido aprobado por 187 votos a favor, apenas dos en contra (Estados Unidos e Israel) y una abstención.
Este año, el número de países favorables descendió en más de veinte, mientras aumentaron significativamente las abstenciones y los votos negativos, lo que marca una fractura sin precedentes en la tradicional mayoría automática que La Habana solía obtener en este tipo de debates.
Los votos en contra y las abstenciones
Según los datos oficiales de la ONU, los siete países que votaron contra la resolución fueron Argentina, Hungría, Israel, Estados Unidos, Macedonia del Norte, Paraguay y Ucrania.
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El bloque de 12 abstenciones incluyó a varios socios europeos y latinoamericanos, entre ellos Polonia, Rumanía, Bosnia-Herzegovina, Costa Rica, Ecuador, Estonia, Marruecos, Albania, Lituania, República de Moldavia, República Checa, Letonia y Micronesia.
Este giro diplomático refleja el impacto de los recientes escándalos que han salpicado al régimen cubano —desde la participación de cubanos en la guerra de Ucrania como mercenarios reclutados por redes vinculadas a Moscú, hasta las denuncias internacionales sobre la corrupción estructural y el acaparamiento de divisas por parte del conglomerado militar GAESA, que controla más de 18,000 millones de dólares en activos—.
El discurso de “victoria” en La Habana
Por su parte, el canciller Rodríguez Parrilla calificó el resultado como una “victoria de Cuba, de los pueblos y de la verdad frente a la mentira imperialista”.
En redes sociales, el régimen y sus embajadas desplegaron una intensa campaña bajo la etiqueta ‘#TumbaElBloqueo’, presentando la votación como una nueva condena a la política de Washington.
La Embajada de Cuba en Nicaragua, por ejemplo, celebró la resolución afirmando que “el mundo exige el levantamiento del bloqueo”, pese a que el número de apoyos cayó por debajo de los 170 votos por primera vez desde 2011.
Fuentes diplomáticas consultadas por medios internacionales advirtieron que, lejos de reforzar su legitimidad, Cuba enfrenta un creciente aislamiento moral y político. El cambio de postura de países como Argentina y Paraguay —históricamente alineados con el voto latinoamericano a favor de La Habana— evidencia un cansancio con la narrativa del embargo como única causa de la crisis cubana.
Contexto político y fractura diplomática
La pérdida de apoyos ocurre en medio de una creciente tensión regional. Washington ha intensificado su presencia militar en el Caribe y reforzado sanciones contra gobiernos aliados de Cuba, como el de Venezuela y Nicaragua.
En paralelo, varios países de Europa del Este, afectados por la guerra en Ucrania, han endurecido su postura frente a regímenes que colaboran o simpatizan con Moscú.
Analistas señalan que la decisión de Ucrania de votar en contra es especialmente significativa: llega después de que ese país denunciara la participación de ciudadanos cubanos reclutados como combatientes por las fuerzas rusas. La Habana negó esos vínculos, pero Kiev los documentó ante organismos internacionales.
Menor respaldo desde 2010
De acuerdo con registros históricos de la ONU, nunca desde 2010 la resolución sobre el embargo había recibido tan pocos votos a favor.
En 2016, durante la distensión impulsada por Barack Obama, el texto alcanzó un apoyo récord de 191 votos y ninguna oposición. Desde entonces, el respaldo ha ido descendiendo de forma sostenida.
En contraste, la posición estadounidense no ha variado. El Departamento de Estado reiteró que las sanciones “son una herramienta de presión legítima contra un régimen autoritario que priva a su pueblo de derechos básicos”, y destacó que las leyes permiten el comercio humanitario y de alimentos.
Un nuevo escenario diplomático
El resultado de la votación de 2025 redefine el mapa político del apoyo a Cuba.
La tradicional narrativa de “victoria abrumadora” se ha debilitado: más países optan por la abstención o por marcar distancia ante un régimen cada vez más cuestionado por la represión interna, su falta de transparencia y por sus alianzas con potencias autoritarias.
El discurso triunfalista de La Habana contrasta con la realidad de una isla en crisis, aislada incluso entre quienes antes la defendían sin reservas.
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