Se quedó sin ideas: Díaz-Canel convoca a los cubanos a “pensar” cómo salir de la crisis

Ante el caos y destrucción dejado por el huracán Melissa, Díaz-Canel instó a los cubanos a "pensar" soluciones, mientras su gobierno continúa exhibiendo una suprema ineficacia. La población, afectada y sin respuestas, busca sobrevivir.

Miguel Díaz-Canel se da un baño de masas en Santiago de Cuba Foto © X / @DiazCanelB

Miguel Díaz-Canel volvió a hablar —y volvió a decir nada—. En su más reciente discurso desde Santiago de Cuba, el “puesto a dedo” pidió al pueblo “pensar” cómo salir de la crisis, como si después de más de seis décadas de “revolución” aún quedara alguien sin pensar en cómo sobrevivirla.

El gobernante designado aseguró que el país atraviesa un “momento particularmente difícil” tras el paso del huracán Melissa y llamó a “la participación popular”, a “los líderes naturales” y a la “gestión local”, porque al parecer su gobierno ya no puede (o no sabe) gestionar ni la recogida del fango tras las inundaciones.

Captura de pantalla X / @DiazCanelB

Los convocamos a pensar en lo que somos capaces de crear con nuestro esfuerzo, nuestro trabajo y nuestra inteligencia”, dijo Díaz-Canel en X, ignorando que el esfuerzo, el trabajo y la inteligencia del cubano llevan décadas chocando contra la burocracia, la ineficiencia y las prohibiciones del mismo régimen que él heredó.

Mientras el Dr. Díaz-Canel invita a pensar, millones de cubanos ocupan cada día sus pensamientos en sobrevivir: en cómo conseguir comida, electricidad, agua, transporte o un vuelo que los saque del país. Piensan en cómo huir de una crisis que el propio régimen generó y que ahora, con desfachatez, pretende resolver con “participación popular” y “gestión descentralizada”.

La escena sería casi cómica si no fuera tan trágica. Un gobernante sin soluciones pidiéndole al pueblo que las invente, mientras sigue repitiendo consignas de los años sesenta y rindiendo tributo en Santa Ifigenia a quienes, según él, “le dieron el ejemplo”.


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Pero el ejemplo que sigue vivo en Cuba no es el del comandante petrificado, sino el del pueblo que, pese a todo, sigue sufriendo —y pensando, claro— cómo salir de esta pesadilla sin que el régimen lo arrastre consigo.

La tormenta después del huracán: El régimen sin respuestas y un pueblo “convocado a pensar”

Tras el paso devastador del huracán Melissa, el oriente cubano no solo quedó bajo el agua, sino también sumido en la desesperanza.

En medio de techos arrancados, pueblos aislados y miles de familias que lo perdieron todo, Díaz-Canel apareció ante las cámaras para ofrecer su receta de siempre: consignas vacías, apelaciones al “amor por la patria” y, esta vez, una nueva perla para el archivo de la retórica oficial: “hay que pensar”.

El Consejo de Defensa que supuestamente evaluó “la recuperación” terminó siendo más un ejercicio de propaganda que de gestión real. Mientras el teórico de la “continuidad” hablaba de “participación popular” y de “líderes naturales del pueblo”, miles de damnificados esperaban agua potable, electricidad o simplemente un colchón seco donde dormir.

Según datos del propio régimen, más de 95,000 viviendas resultaron dañadas, aunque estimaciones internacionales elevan la cifra de afectados a más de 3,5 millones de personas.

Sin embargo, en lugar de admitir la magnitud del desastre o reconocer la evidente incapacidad institucional para atenderlo, el gobierno optó —una vez más— por disfrazar la precariedad con discursos heroicos.

Las cámaras de la televisión estatal mostraron a Díaz-Canel entre escombros, rodeado de militantes y funcionarios, prometiendo que “nadie quedará desamparado”. Pero la realidad en los barrios contradice cada palabra: la ayuda llega tarde, los materiales escasean y la gente sobrevive improvisando.

El régimen, fiel a su guion, intenta transformar la tragedia en un acto de épica revolucionaria. Donde el Estado falla, culpa a la naturaleza; donde el pueblo reclama, le pide “pensar”; y donde todo se derrumba, se aferra al discurso de resistencia.

Así, mientras en La Habana afinan el libreto de la propaganda, en el oriente los cubanos siguen demostrando —sin necesidad de convocatorias— que piensan, trabajan y resisten. Pero no para sostener al régimen, sino para sobrevivir a su eterna ineficacia.

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