El juicio por espionaje contra el exministro de Economía Alejandro Gil no solo marca la caída de uno de los hombres más cercanos a Miguel Díaz-Canel; también revive un patrón que acompaña al castrismo desde hace décadas: la necesidad de fabricar culpables internos para proteger a la élite y desviar la atención del país en crisis. La escena es conocida y se repite con precisión casi ritual. Cuando el sistema entra en descomposición, alguien debe caer. Y esta vez, ese alguien es Gil.
Este lunes, el periodista de Martí Noticias Mario J. Pentón lo describió con una frase que resume el momento político: “En Cuba, la revolución siempre devora a sus propios hijos como Saturno”.
Es una acusación demoledora que cobra sentido cuando se observa la trayectoria de otros altos funcionarios que, como Gil, fueron ascendidos, celebrados y luego arrojados a la hoguera pública cuando dejaron de ser útiles.
Carlos Lage cayó primero. Luego Felipe Pérez Roque, presentado como traidor después de ser uno de los rostros visibles del régimen. Después vino la caída de Marino Murillo, quien continúa viviendo con privilegios a pesar de haber conducido el fallido ordenamiento económico.
Cada uno, en su momento, fue convertido en ejemplo disciplinario. Todos servían a la revolución hasta el día en que la revolución decidió sacrificarlos.
El propio Gil siguió la misma ruta. Fue el rostro del ordenamiento, el hombre que repetía que “el único camino es el socialismo”, el funcionario que defendía cada ajuste mientras la población sobrevivía entre colas infinitas y apagones.
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No tomó decisiones solo, lo recuerda la hermana del exministro, María Victoria Gil, todo fue aprobado por Díaz-Canel, por Raúl Castro, por Manuel Marrero y por el Buró Político completo. Pero ahora es abandonado, aislado y presentado como espía de la CIA en un montaje que ni sus críticos más severos consideran creíble.
El sacrificio tiene un propósito político que no requiere demasiada explicación. El país vive un colapso económico profundo. Las protestas se repiten a diario, los apagones desesperan a la población y el hambre golpea cada vez más duro.
El régimen necesita un enemigo interno. Necesita alguien que absorba la culpa acumulada por una década de errores, improvisaciones y arbitrariedades. Necesita a un chivo expiatorio que oculte la incompetencia generalizada de la cúpula.
Mientras tanto, la familia de Gil vive la otra cara del proceso. La hija, Laura María Gil, quien fue impedida de entrar al juicio a puertas cerradas, asegura "sentirse vigilada por un coche negro que la sigue a donde quiera que va", dice su tía. La esposa estuvo detenida durante cuatro meses. La casa fue registrada sin aviso previo; teléfonos, documentos y computadoras fueron confiscados.
No hay transparencia, no hay garantías procesales, no hay acceso público a las acusaciones. El juicio se mueve en completo secretismo, como exige un sistema que calla a quien sabe demasiado.
La caída de Gil revela, una vez más, cómo funciona el poder en Cuba. Los mismos que firman las decisiones son los primeros en desaparecer cuando la situación se descontrola. La revolución necesita devorar a sus propios cuadros para mantener la apariencia de orden. Y mientras el país se hunde, el castrismo continúa consumiendo a quienes un día llamó “los hijos más leales de la patria”.
Preguntas frecuentes sobre el juicio de Alejandro Gil y la situación política en Cuba
¿Por qué se ha acusado a Alejandro Gil de espionaje?
El exministro Alejandro Gil ha sido acusado de espiar para la CIA, según la denuncia presentada por el régimen cubano. Sin embargo, tanto su familia como críticos del gobierno consideran que estas acusaciones son infundadas y parte de un montaje político para desviar la atención de la crisis interna que vive el país.
¿Cuál es el propósito del juicio contra Alejandro Gil?
El juicio contra Alejandro Gil parece tener un propósito político, más que judicial. En un contexto de colapso económico y creciente descontento social, el régimen necesita un chivo expiatorio para ocultar su incompetencia y desviar la atención de sus errores. Gil, a pesar de haber sido un aliado del gobierno, ahora es presentado como el culpable de todos los males.
¿Cómo ha reaccionado la familia de Alejandro Gil ante el juicio?
La familia de Alejandro Gil ha denunciado la falta de transparencia y las irregularidades del proceso judicial. Su hermana, María Victoria Gil, ha afirmado que el juicio carece de garantías procesales y que la sentencia de cadena perpetua ya está predeterminada. Además, han señalado que la familia ha sido vigilada y hostigada durante todo el proceso.
¿Qué impacto tiene este caso en el sistema político cubano?
El caso de Alejandro Gil evidencia las fracturas internas y la falta de credibilidad del sistema judicial cubano. La intervención de figuras como el exespía René González, pidiendo un juicio público y transparente, resalta las grietas dentro del régimen. Este juicio también pone de manifiesto la utilización del sistema judicial como herramienta política para silenciar y castigar a quienes el gobierno considera una amenaza.
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