Las autoridades del condado de Miami-Dade arrestaron en días recientes a Marilyn Morel, una mujer acusada de operar un juego ilegal de lotería dentro de un supermercado en North Miami Beach.
Aunque su nacionalidad no ha sido divulgada por los medios ni por las autoridades, el caso ha despertado atención tanto por el tipo de actividad que realizaba como por la forma en que operaba este esquema dentro de un establecimiento comercial abierto al público.
Morel fue detenida el miércoles por agentes de la policía tras una investigación que la vinculaba con la venta de “la bolita”, una modalidad de lotería ilegal con profundas raíces históricas en Cuba y otras comunidades latinoamericanas.
Su punto de operaciones era el supermercado Prestige, ubicado en el 6784 de la segunda avenida del noroeste, en el corazón de una zona densamente poblada de Miami-Dade, según reportó Univision.
Lo llamativo del caso es que la actividad no se desarrollaba en la clandestinidad de una vivienda o en un local cerrado, como podría imaginarse en estos casos, sino en el mismo entorno donde cientos de clientes hacían sus compras diarias.
En palabras de las autoridades, Morel "recolectaba las apuestas con una computadora" desde el interior del supermercado, utilizando tecnología simple pero efectiva para captar a los jugadores, anotar sus números y emitir recibos como comprobantes.
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Durante la intervención policial se incautó dinero en efectivo y varios recibos que contenían números previamente jugados, lo que confirma que la operación no era una actividad aislada o eventual, sino un negocio estructurado y en pleno funcionamiento.
¿Cómo lograba operar sin ser detectada?
Aunque el juego de la bolita es ilegal, su funcionamiento suele adaptarse fácilmente al entorno urbano de comunidades con fuerte arraigo latino.
Según los documentos judiciales consultados, Morel lograba operar aprovechando las dinámicas cotidianas del supermercado: los clientes habituales, muchos de ellos posiblemente conocedores del sistema, participaban en las apuestas sin generar sospechas evidentes.
El uso de una computadora para registrar las jugadas y entregar recibos a los apostadores añadía un componente de organización que posiblemente dio una apariencia de legalidad o formalidad a la operación.
Pero esto no impidió que la policía detectara la actividad, posiblemente a partir de una denuncia o de una investigación encubierta en la zona.
Las autoridades no han dado detalles sobre cuánto tiempo llevaba Morel operando este sistema, ni si existen otros involucrados en la red.
Tampoco se ha informado si el supermercado estaba al tanto de lo que ocurría en su interior o si facilitaba de alguna manera el desarrollo de la actividad.
¿Qué es “la bolita”?
El juego de “la bolita” es una forma de lotería ilegal que ha perdurado con los años, especialmente en comunidades cubanas del sur de la Florida.
Su nombre proviene del “bolitero”, la figura encargada de vender pequeñas bolas con números, práctica que surgió en los primeros años del siglo XX en Cuba.
Este sistema, aunque ilegal, se ha mantenido vigente en la cultura popular como una alternativa informal a los juegos oficiales del estado.
Una de sus características más relevantes es que no requiere realizar sorteos propios: los números apostados por los jugadores son luego comparados con los resultados oficiales de loterías estatales legalmente autorizadas, como las de Florida, Nueva York o Georgia.
De esta forma, el “bolitero” se evita la necesidad de organizar sorteos y se ampara en resultados verificables para determinar ganadores y perdedores.
Esta modalidad hace más difícil detectar el fraude, ya que no deja rastros evidentes de sorteos clandestinos, y los participantes pueden justificar sus apuestas como si se tratara de una simple comparación con los números oficiales del día.
Un juego con historia, pero fuera de la ley
La bolita es considerada un juego tradicional en muchas comunidades de inmigrantes, especialmente cubanos, puertorriqueños y dominicanos.
En algunos barrios de Miami, como Hialeah o Allapattah, su práctica ha sido parte del imaginario popular durante décadas. Sin embargo, su ilegalidad en el estado de Florida la convierte en un delito punible con cargos criminales.
En este caso, Marilyn Morel enfrenta cargos por operar un juego ilegal de azar, lo cual puede conllevar consecuencias legales serias, incluyendo multas y posible tiempo en prisión.
La investigación sigue en curso y no se descarta que otras personas puedan estar implicadas. Las autoridades podrían ampliar el caso si se descubre una red más amplia de venta de apuestas ilegales, conectada a otros puntos de la ciudad o a operaciones similares.
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