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El exespía Gerardo Hernández Nordelo, coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), parece haber quedado atrapado en el túnel del tiempo.
Mientras el ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) eliminó este domingo el bloqueo de su discurso oficial y se ofreció a cooperar con Estados Unidos, él sigue declamando loas y citando a Fidel Castro, mientras convoca a una “revolución” que ya solo existe en los manuales escolares del antiguo régimen.
“Aquí hasta los muchachos de cuatro años ya saben lo que es Revolución y lo que es patria”, citó Hernández Nordelo en sus redes sociales, etiquetando al dictado en jefe con hashtags de eternidades imposibles y victorias ilusorias.
El mensaje, más propio de una valla de los años 80 que del intelecto de un homo politicus del 2026, refleja la desconexión total entre la nueva narrativa diplomática de La Habana y el lenguaje fósil del castrismo popular.
La cancillería que dirige Bruno Rodríguez Parrilla empieza a hablar de “diálogo respetuoso” y “estándares internacionales”, pero -desde su imaginaria trinchera y heroica grandeza- Hernández Nordelo sigue invocando a su ídolo barbudo, los niños con pañoletas y la épica de la trinchera.
No es de extrañar: en los últimos meses, Hernández Nordelo se ha convertido en una especie de influencer del absurdo revolucionario.
Desde su despacho en los CDR, el exespía parece decidido a encarnar la nostalgia más delirante del castrismo justo cuando el MINREX borra la palabra “bloqueo” de su discurso oficial.
A mediados de enero, reapareció en redes empuñando una ametralladora soviética PKM, tumbado sobre un colchón y luciendo un Rolex —una estampa entre Rambo tropical y selfie de museo—, declarando que “el pueblo desea la paz, pero no le sorprenderá la guerra”.
Semanas después, intentó burlarse de un grafiti aparecido en el Malecón que decía “Basta ya. Cuba pa’ la calle”. El resultado fue exactamente el contrario: terminó amplificando el mensaje opositor y dándole visibilidad internacional.
Pero el colmo llegó el 30 de enero, cuando difundió una foto de un bebé argentino en una incubadora y la presentó como argumento de los supuestos efectos del “bloqueo” sobre la salud infantil cubana. La imagen provenía en realidad del banco de imágenes de Materna Argentina.
Así, entre selfies armados, memes patrióticos y fake news de exportación, Hernández Nordelo parece empeñado en demostrar que la desinformación sigue siendo la única guerra que el castrismo sabe pelear.
Mientras el régimen ensaya un lenguaje de cooperación ante EE. UU., su vocero de barrio sigue aferrado al guion de siempre: resucitar al dictador Fidel cada vez que la realidad demuestra que la llamada “revolución” ya no respira.
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