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El reciente estallido de furia digital de Gerardo Hernández Nordelo, conocido como Gerardito PKM tras la publicación de nuestra nota sobre su teatral sesión de tiro con ametralladora soviética, confirma dos cosas: que el humor sigue siendo el talón de Aquiles del oficialismo, y que en las trincheras ideológicas del régimen se combate con consignas y mucha pólvora húmeda.
Desde el 16 de enero, el dirigente de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) convirtió su cuenta de Facebook en una especie de noticiero propagandístico improvisado —una suerte de CiberDuda News— desde donde, entre montaje y montaje, intenta contrarrestar la repercusión de nuestra publicación.
El primer golpe vino con un post titulado “Detectan epidemia de leptospirosis en la redacción de CiberCuba”, acompañada del eslogan #CiberDuda y la imagen de una legión de ratones digitadores. Fue la respuesta más literal posible al malestar que le provocó verse retratado —colchón, Rolex y PKM incluidos— en su papel de “Rambo cederista”.
Le siguieron una docena de publicaciones en el mismo tono: “Noticias del CiberCirco anticubano”, ironizó el 19 de enero, burlándose de una encuesta sobre las relaciones Cuba–EE.UU. Al día siguiente, aprovechó un titular de CiberCuba ("Estadounidense tras viaje a Cuba: de ese país regresé con el corazón roto") para invertir su mensaje crítico y volver con el llanto del “bloqueo”.
El 21 de enero apuntó a Donald Trump, mezclando política y sarcasmo con un falso titular ("El pensamiento de Donald Trump"), construido a base de manipular el publicado por este medio.
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Los días 22 y 23 extendió su cruzada: parodió notas sobre Hialeah y el embargo, mientras presentaba a Estados Unidos como un villano que “asfixia al pueblo cubano”. El 24 y 25 subió el tono e intentó apropiarse de los temas recogidos por CiberCuba para culpar al embargo y atacar al periodismo independiente.
El resultado es una secuencia de más de diez publicaciones en apenas una semana, todas centradas en un mismo objetivo: proyectar a CiberCuba como “enemigo de la patria”, en un esfuerzo por deslegitimar al medio que osó convertirlo en meme.
En su intento de ridiculizar, Gerardo terminó revelando lo que el poder teme: el impacto cultural de la sátira en tiempos de propaganda agotada.
Su CiberDuda no es otra cosa que un espejo involuntario del Circo oficial, donde los personajes de la vieja guardia se reciclan como influencers revolucionarios con un público cada vez más escéptico.
El repentino frenesí de publicaciones también tiene una lectura política. Llega en medio del recrudecimiento del discurso antiestadounidense del régimen y de las advertencias de Washington sobre nuevas sanciones.
Hernández Nordelo, que lleva años buscando reposicionarse como figura útil dentro del régimen, parece haber encontrado en el pujo propagandístico una nueva misión: dirigir una guerrilla digital que mezcla patriotismo impostado, sarcasmo torpe y recursos visuales de bajo presupuesto.
En el fondo, su ofensiva no es contra CiberCuba, sino contra la realidad: la de un país cansado, desconectado de los delirios de “defensa de la patria”, y más pendiente del próximo apagón y la nevera vacía que del enemigo externo.
Su metralleta mediática dispara ráfagas de consignas, pero el blanco se mueve demasiado rápido: el humor, la ironía y la verdad periodística son difíciles de acallar con las malas artes de un mediocre espía.
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