“El régimen tiene que irse”: Estados Unidos reconoce su objetivo en Cuba pero evalúa cómo lograrlo



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Marco Rubio Foto © Flickr / U.S. Department of State

Las revelaciones publicadas por Axios confirman lo que hasta ahora eran declaraciones cruzadas y versiones contradictorias: Estados Unidos mantiene contactos discretos con el entorno más cercano a Raúl Castro

Al mismo tiempo, fuentes consultadas por el medio estadounidense reconocieron abiertamente que el objetivo que persigue la administración Trump es un cambio de régimen en Cuba, aunque indicaron que aún no parece definido cómo ejecutarlo. 

Según el medio estadounidense, el secretario de Estado Marco Rubio ha sostenido conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y hombre de confianza del líder histórico del castrismo, en un movimiento que evita deliberadamente los canales oficiales del gobierno de Miguel Díaz-Canel

La información se apoya en declaraciones directas de un alto funcionario de la administración del presidente Donald Trump, quien fue contundente sobre la postura de Washington: 

Nuestra posición —la posición del gobierno de Estados Unidos— es que el régimen tiene que irse”, dijo el funcionario. “Pero cómo se verá exactamente... eso depende del presidente Trump, y aún no lo ha decidido. Rubio sigue en conversaciones con el nieto”. 

La frase marca un punto de inflexión. Por primera vez, una fuente oficial reconoce sin ambigüedades que la actual política estadounidense hacia Cuba apunta a la salida del sistema totalitario en el poder desde hace más de 60 años.  

Sin embargo, también deja claro que no existe aún una hoja de ruta definitiva, y que la decisión final dependerá del presidente Trump. 

Conversaciones fuera del aparato oficial 

Axios sostiene que los contactos no se realizan con el gobernante Miguel Díaz-Canel ni con otros altos cargos visibles del Partido Comunista, considerados por Washington como aparátchiks sin capacidad real para negociar cambios estructurales. 

En cambio, Rubio estaría dialogando con el círculo más cercano a Raúl Castro, especialmente con su nieto, conocido como “Raulito” y apodado “El Cangrejo”.  

Fuentes citadas por el medio describen esas conversaciones como “sorprendentemente amistosas” y centradas en el futuro, no en recriminaciones del pasado. 

El Departamento de Estado no negó los contactos, aunque evitó comentarlos públicamente. 

Contradicciones con La Habana 

Las revelaciones contrastan con las declaraciones recientes del viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, quien aseguró a EFE que no existe un diálogo de alto nivel con Washington y que apenas ha habido “intercambios de mensajes”. 

El propio comunicado oficial del gobierno cubano insistió en que no hay una mesa de negociación en marcha. Sin embargo, Axios sugiere que las conversaciones existen, pero se desarrollan fuera de los canales formales y directamente con quienes Estados Unidos considera verdaderos centros de poder en la isla. 

Un modelo similar al venezolano 

El contexto regional ayuda a entender la estrategia en estudio. Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, Washington impulsó en Venezuela un proceso escalonado que incluyó la permanencia temporal de figuras del chavismo, como Delcy Rodríguez, mientras avanzaba una transición supervisada. 

Fuentes citadas por Axios afirman que el equipo del cubanoamericano Rubio “está buscando a la próxima Delcy en Cuba”, es decir, una figura dentro del sistema capaz de pilotar un cambio sin provocar un colapso institucional inmediato. 

Sin embargo, el escenario cubano presenta mayores complejidades: una economía más deteriorada, ausencia de oposición institucional fuerte y una estructura estatal profundamente centralizada. 

Estrategia en definición 

El elemento más relevante de las revelaciones no es solo la existencia de contactos, sino la admisión de que la Casa Blanca aún no ha definido el método para alcanzar un objetivo que ha sido históricamente demonizado por La Habana: un cambio de régimen

Trump, según las fuentes, está concentrado en otros frentes internacionales, como Irán y Ucrania, mientras encarga a su secretario de Estado la elaboración de opciones. En paralelo, ha incrementado la presión energética y financiera sobre La Habana, calificando recientemente a Cuba como “una nación fallida”. 

En este contexto, las conversaciones con el entorno de Raúl Castro podrían ser parte de una estrategia exploratoria: medir divisiones internas, identificar interlocutores viables y evaluar hasta dónde estaría dispuesto a ceder el núcleo duro del poder cubano. 

Lo que ya no parece estar en discusión es el objetivo declarado por Washington: el régimen, tal como existe hoy, no es aceptable

La incógnita es cómo —y con qué grado de ruptura o continuidad— se materializaría ese cambio. 

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