En medio de la crisis energética y la incertidumbre que golpea a Cuba, Sandro Castro volvió a provocar con un video en cuya trama convirtió un bidón de gasolina en su “nuevo amor”.
Más allá del gesto excéntrico, un detalle visual ha despertado interpretaciones políticas: la frase en inglés que aparece en la pared del bar donde inicia la escena —“Words Create Lies. Pain Can Be Trusted” (“Las palabras crean mentiras. El dolor puede ser confiable”)—, asociada a la película japonesa Audition (1999).
Audition, un aparente drama romántico, resulta un filme perturbador que deriva en un inquietante thriller psicológico donde el amor idealizado termina revelando manipulación, engaño y sufrimiento extremo.
La cinta explora la distancia entre apariencia y realidad, entre lo que se dice y lo que verdaderamente se experimenta, un contraste que parece trasladarse con precisión al contexto cubano actual, y que –por azar o un brote de sensibilidad del bufón privilegiado- Sandrito o sus “ayudantes” parecen haber decodificado.
En una isla saturada por décadas de consignas oficiales y promesas incumplidas, la frase adquiere un peso político inevitable.
“Las palabras crean mentiras” puede leerse como una crítica directa al discurso de la “continuidad” que encabeza Miguel Díaz-Canel, sostenido en las gastadas narrativas de resistencia, soberanía y estabilidad mientras la población enfrenta apagones prolongados, escasez de combustible y deterioro económico.
La segunda parte —“El dolor puede ser confiable”— introduce una idea más incómoda: la certeza surge de la experiencia material, del sufrimiento cotidiano que no puede maquillarse con retórica.
En el contexto actual, donde la política de máxima presión de Donald Trump ha endurecido el entorno financiero y energético del régimen, el dolor se ha intensificado. Pero para muchos cubanos, ese mismo dolor podría abrir la puerta a un cambio estructural largamente esperado.
Que el nieto del dictador Fidel Castro inserte esa cita en su puesta en escena no parece casual. Su performance romántica con un bidón de gasolina —símbolo de la escasez— se convierte así en una metáfora doble: el amor como ilusión y la crisis como verdad tangible.
Bajo esa lectura, el mensaje podría interpretarse como un gesto subversivo, una insinuación de que el relato oficial ya no convence y que la realidad —por dura que sea— terminará imponiéndose.
En tiempos críticos para Cuba, la frase elegida por Sandro Castro resuena más allá de la provocación estética. Puede ser leída como un guiño incómodo hacia una sociedad que, agotada de palabras, solo confía ya en los hechos.
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