Ocho claves para que Rubio logre el cambio que Cuba necesita



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El cubanoamericano Marco Rubio es Secretario de Estado de los Estados Unidos © Foto © Foto © Flickr/ Creative Commons
El cubanoamericano Marco Rubio es Secretario de Estado de los Estados Unidos Foto © Foto © Foto © Flickr/ Creative Commons

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La revelación de Axios de que Marco Rubio mantiene conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y guardaespaldas de Raúl Castro, conocido como "El Cangrejo", marca un punto de inflexión en la relación entre Estados Unidos y la dictadura cubana. Por primera vez en más de seis décadas, Washington habla directamente con el círculo íntimo del poder real en Cuba, eludiendo los canales oficiales de un régimen que se desmorona.

La situación es clara: Cuba está al borde del colapso humanitario. Sin combustible, sin electricidad estable, con hospitales que no pueden operar y una escasez de alimentos que ha llevado a México a enviar buques militares con frijoles y arroz como si se tratara de auxilio a una zona de desastre. Venezuela ya no puede enviar petróleo tras la caída de Maduro. Donald Trump lo resumió sin diplomacia: Cuba es un Estado fallido que ni siquiera tiene combustible para que despeguen los aviones.

En este contexto, Rubio tiene una oportunidad histórica. Como cubanoamericano, como alguien que conoce de cerca la realidad del pueblo cubano, tiene la credibilidad y la posición para lograr lo que ningún secretario de Estado ha conseguido: un cambio real en Cuba. El acercamiento de Obama en 2014 generó esperanza genuina entre los cubanos, pero la dictadura se encargó de secuestrar aquel proceso y convertirlo en oxígeno para su propia supervivencia sin ceder nada a cambio. Rubio tiene la oportunidad de aprender de aquella experiencia y hacer las cosas de manera diferente. Estas son las claves para lograrlo.

1. Exigir contrapartidas verificables antes de cada concesión

La lección más clara de 2014 es que cada concesión necesita una contrapartida verificable e irreversible. Liberación de presos políticos con nombres y fechas. Apertura a medios independientes con licencias verificables. Fin de la persecución a disidentes y activistas. Cuando Obama eliminó a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo, restauró relaciones diplomáticas y flexibilizó viajes y remesas, millones de cubanos creyeron que el cambio venía en camino. Pero la dictadura capturó cada concesión sin mover un dedo hacia la apertura. Como señaló el Council on Foreign Relations, aquellas "políticas proporcionaron legitimidad al régimen sin traer beneficios a los cubanos que luchan por la libertad". La culpa no fue de quien tendió la mano, sino de quien la usó para aferrarse al poder.

El camino más efectivo sería un mecanismo de concesiones escalonadas y condicionadas, con verificación internacional independiente.

2. Condicionar todo gesto público a resultados tangibles

Los gestos públicos tienen un peso enorme en la diplomacia con la dictadura cubana. La experiencia de 2016 lo demuestra: mientras Obama asistía a un partido de béisbol en La Habana en un gesto de acercamiento que muchos cubanos celebraron, las Brigadas de Respuesta Rápida golpeaban disidentes en las calles. El régimen convirtió aquella imagen en una victoria propagandística sin haber cedido nada.

La oportunidad está en invertir esa lógica: que cada imagen pública sea la certificación de un logro, no un regalo anticipado. Que las fotos cuenten la historia de los avances, no de las promesas.

3. Evaluar a los interlocutores por sus hechos, no por su retórica

Según las fuentes de Axios, Rubio y su equipo ven a "El Cangrejo" como parte de una generación de cubanos "más jóvenes y con mentalidad empresarial, para quienes el comunismo revolucionario ha fracasado". Vale la pena ir más allá de esa narrativa y mirar los hechos.

Raúl Guillermo Rodríguez Castro fue guardaespaldas personal del dictador y mantiene vínculos directos con GAESA, el conglomerado militar-empresarial que controla aproximadamente el 70% de la economía cubana. Lo que se presenta como "mentalidad empresarial" podría ser, en realidad, la capacidad de la élite militar para apropiarse de negocios mientras la mayoría de los cubanos no tiene acceso a las mismas oportunidades. El régimen cubano ha perfeccionado durante décadas el arte de presentar reformistas de fachada cada vez que necesita aliviar la presión externa.

Rubio tiene una ventaja que pocos secretarios de Estado han tenido: conoce esas tácticas de cerca. Eso le permite distinguir entre promesas y acciones concretas.

4. Convertir la apertura económica en el arma definitiva de liberación

Rubio sugirió en la Conferencia de Seguridad de Múnich que la libertad económica podría ser un precursor de la libertad política en Cuba. Tiene razón, y ahí está la clave de toda la negociación.

Las mipymes cubanas, a pesar de todas las trabas que la dictadura les impone, han demostrado algo que el régimen nunca quiso que se viera: que los cubanos son perfectamente capaces de crear, emprender y prosperar cuando se les da un mínimo de espacio. Esos pequeños negocios son hoy la mayor amenaza al control totalitario porque representan independencia económica, y la independencia económica es el primer paso hacia la independencia política. La dictadura lo sabe, y por eso las asfixia con regulaciones, impuestos arbitrarios y restricciones al comercio exterior.

La expansión del sector privado cubano podría ser la condición más transformadora de cualquier acuerdo. Que los cubanos puedan tener cuentas bancarias propias, acceso a comercio internacional sin intermediarios estatales, derecho a la propiedad privada real y libertad para importar y exportar. Lo ideal sería que cada dólar que entre a Cuba tenga un camino verificable hasta el ciudadano emprendedor, no hasta las estructuras de GAESA. Cuando se flexibilizaron las remesas y el turismo durante el acercamiento de 2014, la dictadura capturó la mayor parte de esos flujos a través de las tiendas en divisas del Estado y los hoteles militares. Una negociación inteligente diseñaría mecanismos para que eso no se repita.

5. Exigir democracia real, no un reacomodo de élites

Una fuente familiarizada con las conversaciones le dijo a Axios: "Están buscando a la próxima Delcy en Cuba". Si eso significa encontrar un interlocutor pragmático dentro del poder que facilite una transición, puede ser un primer paso válido. Pero solo si el destino final es claro: democracia plena.

El camino puede ser gradual; el destino, no.

El proceso venezolano está en sus primeras etapas y es pronto para juzgar su resultado. Trump capturó a Maduro y ahora negocia con los restos del chavismo. María Corina Machado, la líder opositora que ganó las elecciones que Maduro robó en 2024, ha quedado por ahora en un segundo plano. Si el objetivo final sigue siendo elecciones libres y una transición democrática completa, el camino puede justificar la paciencia. Pero si el proceso se estanca en un acomodo permanente donde figuras del viejo régimen se reciclan sin que el pueblo recupere su voz, habrá sido un fracaso.

Cuba debe aprender de esa experiencia en tiempo real. Rubio puede hablar con "El Cangrejo", puede buscar interlocutores pragmáticos dentro del poder, pero lo esencial es que el objetivo final sea innegociable: una democracia plena donde los cubanos elijan su propio destino. No un cambio de caras en el poder, sino un cambio de sistema.

6. Usar la posición de fuerza sin miedo

La crisis actual le da a Estados Unidos la mayor palanca de negociación sobre la dictadura cubana en décadas. Lo más estratégico sería usarla con firmeza, aliviando la presión de manera gradual solo a medida que se cumplan condiciones específicas.

¿A dónde va a ir la dictadura si Estados Unidos se mantiene firme?

China no se va a meter en un problema a 90 millas de la costa estadounidense por salvar a un régimen improductivo. Rusia está empantanada en Ucrania. Venezuela ya cayó. Irán tiene sus propios problemas. Cuba está más sola que nunca. El que tiene prisa es el régimen, no Washington.

Al mismo tiempo, es importante comunicar con claridad, tanto al pueblo cubano como a la comunidad internacional, que la presión es una herramienta para forzar el cambio, no un castigo contra los cubanos. La dictadura ha sobrevivido durante décadas presentándose como víctima del embargo estadounidense. Rubio puede romper esa narrativa siendo transparente sobre lo que exige y por qué.

7. Dar voz a la sociedad civil cubana y al exilio en las conversaciones

Rubio tiene aquí una ventaja natural: su conexión directa con una diáspora que lleva décadas organizada, informada y comprometida con el futuro de Cuba. Pocos secretarios de Estado en la historia han tenido ese puente.

Incluir en la hoja de ruta las voces de la oposición cubana, los presos del 11 de julio de 2021, los medios independientes y las organizaciones de la sociedad civil no solo es un imperativo moral, sino una estrategia inteligente. En 2014, las negociaciones se realizaron exclusivamente con la dictadura, sin incluir a los disidentes, a los activistas ni a la diáspora.

Rubio puede hacer algo diferente. Si la transición incluye a los cubanos que han arriesgado su libertad y su vida por un país diferente, será legítima y duradera. Y será, además, el reflejo de lo que Rubio ha defendido toda su carrera.

8. Establecer una hoja de ruta concreta con plazos definidos

La dictadura cubana tiene 66 años de experiencia estirando tiempos, dando migajas y comprando tiempo mientras reorganiza su control del poder. La mejor manera de contrarrestar esa táctica es con objetivos claros, medibles y con plazos concretos.

Liberación de presos políticos. Apertura a medios independientes. Convocatoria a elecciones libres con supervisión internacional. Cada uno de estos pasos necesita un calendario realista pero firme, donde los incumplimientos tengan consecuencias claras. Sin una hoja de ruta concreta, las "discusiones sobre el futuro" con "El Cangrejo" corren el riesgo de convertirse en exactamente lo que la dictadura necesita: tiempo para sobrevivir a la crisis sin ceder nada sustancial.

El momento es ahora

Marco Rubio tiene una combinación única: la cercanía cultural con el pueblo cubano, la posición de poder para exigir cambios y un momento histórico irrepetible. Los cubanos ya conocen el sabor amargo de la esperanza traicionada por la dictadura. Rubio tiene ahora la responsabilidad de devolverles la confianza en que esta vez será diferente.

Y tiene algo más: el respaldo del pueblo cubano. Los cubanos dentro y fuera de la isla lo están mirando. Le están pidiendo, desde las colas interminables por comida, desde los apagones que ya no son excepción sino norma, desde el exilio que sangra por la separación de sus familias, que no los decepcione. Que no negocie su futuro a cambio de migajas. Que sea valiente.

El pueblo cubano ha demostrado su valentía. Salió a las calles el 11 de julio de 2021 a gritar "Libertad" sabiendo que el precio sería la cárcel. Ha resistido décadas de represión sin rendirse. Ha arriesgado la vida en balsas, en selvas, cruzando fronteras, para buscar la dignidad que la dictadura le niega. Ese pueblo merece que quien negocie su futuro lo haga con la misma valentía que ellos mostraron aquel 11 de julio.

Si Rubio negocia con la firmeza que la situación demanda y logra cambios reales para el pueblo cubano, pasará a la historia como el cubanoamericano que ayudó a acabar con la dictadura más longeva del hemisferio occidental.

La fuerza está del lado correcto esta vez.

El pueblo cubano lo respalda.

Solo hay que usarla.

Sin miedo.

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Luis Flores

CEO y cofundador de CiberCuba.com. Cuando tengo tiempo escribo artículos de opinión sobre la realidad cubana vista desde la perspectiva de un emigrante.






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