El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel volvió a defender la postura oficial de La Habana frente a Estados Unidos durante un encuentro con delegaciones extranjeras en el Palacio de las Convenciones, donde insistió en que Cuba está abierta al diálogo, pero sin ceder en los pilares del sistema político vigente.
Ante miembros del llamado Convoy Nuestra América a Cuba -integrado por 650 visitantes de 33 países, miembros de unas 140 organizaciones-, el mandatario reiteró su discurso habitual de resistencia y continuidad.
"Los revolucionarios no nos rendimos, los revolucionarios somos optimistas", afirmó, en un tono que buscaba reforzar la narrativa de fortaleza del régimen.
En esa misma línea, lanzó una de las frases más contundentes del encuentro: "Estamos en tiempos difíciles, pero también en tiempos de definiciones, y aquí hay un pueblo que prefiere vivir de pie a morir de rodillas".
Y, al referirse a la relación con Washington, dejó clara su posición de que Cuba está dispuesta a dialogar con el gobierno de Estados Unidos, pero sin renunciar al sistema político. "Seguimos siendo de Patria o Muerte, y venceremos", subrayó.
Díaz-Canel agradeció además a activistas de izquierda por viajar a la Isla en medio de la crisis. "Sabemos lo que significa venir a Cuba", dijo, calificando su presencia como un gesto de "valentía" y solidaridad.
Durante el intercambio, insistió en que el proyecto cubano tiene un alcance global: "Lo que estamos discutiendo no es solo la causa de Cuba, sino también la causa de todos los pueblos del mundo", afirmó.
En su discurso, volvió a presentar a Cuba como un ejemplo internacional y cuestionó la imagen negativa del país: "¿Por eso somos una amenaza; o somos una amenaza por el ejemplo?".
Este tipo de encuentros y discursos contrastan de forma evidente con la realidad que vive la población cubana.
Mientras el régimen insiste en una narrativa de resistencia y culpabiliza de forma recurrente a factores externos -especialmente a Washington y a figuras como Donald Trump-, el país enfrenta una crisis estructural marcada por apagones, escasez de alimentos básicos, inflación al alza y salarios que no alcanzan para cubrir necesidades mínimas.
En ese contexto, los llamados a resistir o incluso a "morir de pie", mientras se disfruta de una posición de privilegio, lejos de las carencias cotidianas que afectan a la mayoría, solo generan malestar e indignación en el cubano de a pie.
La dirigencia política no vive las mismas limitaciones que el resto de la población, muestra de la desconexión entre el poder y la realidad social.
También genera críticas la presencia de delegaciones extranjeras que respaldan al sistema cubano. Se trata de activistas que provienen de países donde gozan de libertades políticas y condiciones económicas estables, pero que defienden un modelo que en la Isla se traduce en restricciones, precariedad y falta de oportunidades.
Para los cubanos, ese apoyo externo ignora deliberadamente las dificultades reales que atraviesa la sociedad.
Mientras tanto, el régimen continúa aferrado a un discurso que prioriza la resistencia ideológica por encima de reformas profundas.
Díaz-Canel lo dejó claro al insistir en que "esta revolución va a continuar venciendo", reafirmando la continuidad del modelo en medio de un escenario cada vez más complejo.
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