La guerra en el Golfo y el cierre del Estrecho de Ormuz pueden duplicar los precios en Cuba antes de fin de año

Precios huevos Cuba Enero 2025 © CiberCuba
Precios huevos Cuba Enero 2025 Foto © CiberCuba

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El 28 de febrero de 2026, cuando los primeros misiles estadounidenses e israelíes golpearon las instalaciones nucleares iraníes en Natanz e Isfahán, la mayoría de los cubanos estaba en la oscuridad. Literalmente: los apagones ya superaban las 15 horas diarias en gran parte del país. Pero lo que vino después de esa noche iba a encarecer aún más lo poco que quedaba en los agromercados.

En menos de tres semanas, el Brent escaló de 67 a más de 110 dólares por barril. El Estrecho de Ormuz —por donde transita el 20% del petróleo mundial— quedó efectivamente bloqueado. Los precios globales del trigo, el maíz y la soja alcanzaron máximos no vistos en años. Y los fertilizantes, de los que el Golfo Pérsico exporta casi un tercio de la producción mundial, se encarecieron entre un 20% y un 77% en días.

Para cualquier otro país del hemisferio, ese choque sería serio. Para Cuba, que llega a este momento sin petróleo extranjero desde diciembre de 2025 y con una población donde el 89% vive en pobreza extrema, es una sentencia.

Cuba antes del disparo: un enfermo en soporte vital

Para entender por qué el conflicto del Golfo golpea a Cuba con una intensidad que no tiene equivalente en ningún otro país de la región, hay que entender en qué estado llegó la isla a febrero de 2026.

El peso cubano valía 24 por dólar cuando el régimen lanzó la llamada Tarea Ordenamiento en enero de 2021. Hoy, en el mercado informal —el único donde los cubanos pueden realmente comprar divisas—, vale 515 CUP por dólar. En cinco años, la moneda perdió el 95% de su valor real. La inflación oficial de 2025 fue del 14%; los economistas independientes la estiman en torno al 70%. La canasta básica para una persona en La Habana superaba ya los 42.000 pesos al mes antes de que empezara la guerra del Golfo. El salario medio estatal rondaba los 6.600 pesos. La aritmética no necesita explicación.

A eso hay que sumarle que Cuba entró en 2026 sin las dos fuentes de petróleo que habían sostenido su sistema eléctrico durante años. Venezuela dejó de enviar crudo en enero, cuando la administración Trump intervino militarmente y capturó a Nicolás Maduro. México suspendió sus entregas bajo presión estadounidense. La isla produce internamente unos 40.000 barriles diarios —menos de la mitad de lo que necesita—, y ningún tanquero encontraba puerto dispuesto a recibirlo: Jamaica, Curazao y otras escalas caribeñas rechazaron buques cubanos por miedo a las sanciones de Washington.

Ese era el punto de partida. Sobre esa base llegó la guerra del Golfo.

El Estrecho de Ormuz y la libra de pollo en La Habana

La conexión entre un estrecho en el Golfo Pérsico y el precio de la comida en un agromercado habanero no es abstracta. Es directa y funciona a través de tres canales simultáneos.

El primero es el petróleo. Con el Brent a 110-120 dólares, cualquier proveedor que Cuba pudiera encontrar en el mercado negro —esquivando las sanciones de Trump, que penalizan a quien venda combustible a la isla— ahora pide precios prohibitivos. El economista Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, advirtió en enero que si Cuba no recibía petróleo en seis u ocho semanas enfrentaría una crisis grave. Ese plazo expiró antes de que empezara el conflicto. Con el crudo a niveles no vistos desde 2014, la posibilidad de abastecimiento alternativo se vuelve matemáticamente imposible para una economía cuyo PIB real, medido al tipo de cambio informal, apenas supera los 1.200 millones de dólares.

Sin petróleo no hay transporte. Sin transporte no llegan alimentos al mercado. El régimen racionó el combustible en febrero: 20 litros por vehículo, pagados en divisas. El resultado visible es inmediato: menos camiones, menos oferta, más escasez, precios más altos.

El segundo canal son los fertilizantes. Cuba no los produce; los importa. Sus proveedores latinoamericanos —Argentina, Brasil, México— los compran en parte del Golfo Pérsico, que concentra casi un tercio de la producción mundial de nitrógeno. Con la urea disparándose de 470 a más de 530 dólares por tonelada en días —y con proyecciones de 80-120 dólares adicionales si el bloqueo se prolonga—, los agricultores latinoamericanos que abastecen a Cuba subirán sus precios de exportación. Lo que se encarece en Buenos Aires o Ciudad de México llega más caro a La Habana, en los pocos envíos que aún entran.

El tercero, y más directo, son los alimentos importados. Cuba compró 355 millones de dólares en alimentos a Estados Unidos solo entre enero y septiembre de 2025. Pollo, cerdo, leche en polvo, arroz, harina de trigo: la dieta básica del cubano depende en más de un 80% de la importación. Cada uno de esos productos se encarece ahora en la fuente: el trigo alcanzó los 230 dólares por tonelada, el maíz los 180, la soja los 440. Los fletes marítimos se dispararon porque las navieras evitan el Estrecho de Ormuz y el Canal de Suez y rodean África, añadiendo diez a veinte días —y el equivalente coste— a cada entrega.

Todo eso llega al cubano como un número en la pizarra del agromercado.

Lo que cuestan las cosas: antes y después

Antes de la guerra del Golfo, los precios en los mercados informales de La Habana ya eran devastadores para cualquiera que cobrase en pesos estatales. El cartón de 30 huevos costaba entre 3.000 y 3.500 CUP —entre el 45% y el 53% del salario medio mensual en un solo producto—. La libra de cerdo, 1.000-1.300 pesos. El litro de aceite, 700-1.000 pesos.

Esos precios correspondían a una tasa informal de alrededor de 430-450 CUP por dólar. Con el dólar ya en 515 CUP en marzo de 2026 —y sin que el choque de commodities haya terminado de transmitirse a la cadena de distribución—, la regla es simple: cada producto importado o que depende de insumos importados sube en proporción a la devaluación del peso y al encarecimiento del origen. Una libra de pollo que antes costaba el equivalente a un dólar ahora cuesta el equivalente a 1,20-1,40 dólares, pero medida en CUP la suba es aún mayor porque el peso vale menos.

El economista Omar Everleny calculó que la canasta alimentaria para dos personas había escalado a 41.735 pesos en agosto de 2025. Con la devaluación adicional de diciembre y el choque de la guerra del Golfo incorporándose a los precios durante marzo y abril, esa cifra apunta a superar los 55.000-60.000 pesos antes de que termine el primer semestre. Frente a un salario medio de 6.600 pesos.

La brecha no es ya un problema económico que se pueda gestionar con política monetaria. Es hambre.

La proyección: inflación de tres dígitos en 2026

Ningún organismo internacional ha publicado aún una proyección de inflación para Cuba en 2026 que incorpore los tres choques simultáneos —corte energético total, guerra del Golfo, colapso eléctrico recurrente—. La guerra contra Irán puede provocar una crisis mundial de alimentos que golpearía a todos los países importadores netos, pero en ninguno con la intensidad que en Cuba.

Lo que sí permite el análisis histórico es trazar un marco de referencia. En 2021, cuando el único choque fue la reforma monetaria de la Tarea Ordenamiento, la inflación real osciló entre el 174% y el 700% según la fuente y la metodología. En 2026, el choque es simultáneamente energético, alimentario y cambiario, sobre una economía con capacidad productiva aún más deteriorada que en 2021.

El escenario más optimista —Estrecho de Ormuz reabierto en abril tras el ultimátum de Trump, petróleo en torno a los 90 dólares— apunta a una inflación real anual del 100-120%. El escenario más probable según los datos del primer trimestre —bloqueo prolongado, Brent entre 110 y 120 dólares— implica una inflación entre el 150% y el 200%. El escenario de colapso, si los 22 países que exigen reabrir Ormuz no logran presión suficiente y Cuba no recibe petróleo hasta septiembre, supera el 250-300%.

En cualquiera de los tres casos, estamos hablando de hiperinflación por cualquier definición técnica del término.

Inflación mensual acumulada desde enero 2026 (índice base 100 = enero). Los tres escenarios parten de la misma trayectoria hasta marzo — la guerra empezó el 28 de febrero y el choque tarda 4–6 semanas en transmitirse a precios. La divergencia real comienza en abril. Estimación no oficial basada en: choque energético dic. 2025, bloqueo Ormuz (Brent $90–130), alza de fertilizantes y cereales, devaluación CUP y emisión monetaria.

Sin válvula de escape

Lo que diferencia la crisis actual del Período Especial de los años 90 —cuando Cuba también perdió abruptamente su suministro energético soviético y el PIB cayó un 35%— no es solo la magnitud del choque. Es la ausencia de salidas.

En los años 90, el régimen lanzó las reformas de 1993-1994: legalizó el dólar, abrió los mercados agropecuarios, activó el turismo. Medidas insuficientes, pero que amortiguaron el golpe. Y encontró un nuevo patrón en Venezuela, que entre 1999 y 2025 transfirió a Cuba recursos energéticos valorados en 63.800 millones de dólares.

Ese patrón ya no existe. Venezuela está bajo control de Washington tras la captura de Maduro. México cortó los envíos. Rusia, que podría ser una alternativa, está sancionada y ocupada en Ucrania. Y el régimen de Díaz-Canel ha demostrado, en cinco años de crisis, que prefiere el control político a las reformas que podrían desestabilizarlo. La leña y las mulas han vuelto a Cuba como medio de transporte y cocina —la imagen más brutal de adónde ha llegado la dictadura.

Mientras tanto, entre 1,4 y 2,7 millones de cubanos han emigrado desde 2019. Los que se quedan —los que no pueden o no quieren irse— miran los precios en la pizarra del agromercado y hacen la misma cuenta que lleva años dando el mismo resultado: no alcanza.

La guerra en el Golfo Pérsico no creó esa cuenta. Solo la hizo más imposible de cerrar.

Análisis elaborado con datos de la ONEI, CEPAL, elTOQUE, el Instituto de Energía de la Universidad de Texas y fuentes verificadas citadas en el texto.

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Luis Flores

CEO y cofundador de CiberCuba.com. Cuando tengo tiempo escribo artículos de opinión sobre la realidad cubana vista desde la perspectiva de un emigrante.






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