Los cubanos tenemos derecho a soñar



Secretario de Estado Marco Rubio Foto © Captura de pantalla

Hay frases que uno escucha y necesita un momento para procesarlas. No porque sean complicadas, sino porque necesitamos escucharlas de alguien con poder real, que el corazón tarda un poco en reconocerlas como verdaderas.

Marco Rubio, Secretario de Estado de los Estados Unidos, lo dijo esta mañana sin rodeos: "Su sistema de gobierno tiene que cambiar".

No es un tuit. No es un discurso de campaña. Es la posición oficial del gobierno más poderoso del mundo, expresada por su principal diplomático.

Durante semanas, decenas de reportes —muchos de ellos construidos sobre fuentes anónimas y filtraciones convenientes— nos habían preparado para una decepción. La narrativa era casi siempre la misma: Washington estaría dispuesto a aceptar ajustes económicos a cambio de gestos del régimen. Cuba podría sobrevivir como dictadura si abría un poco la mano a los negocios. El cambio de régimen era demasiado ambicioso, demasiado complicado, demasiado costoso.

Y entonces llegó Rubio a desmentirlo todo.

"¿Quién va a invertir miles de millones de dólares en un país comunista gobernado por comunistas incompetentes?", preguntó. Y la respuesta, claro, la sabemos todos: nadie. Porque la libertad económica y la libertad política no son dos caminos distintos que se pueden tomar por separado. Van juntas. Siempre han ido juntas.

Lo que Rubio dijo hoy es lo que muchos cubanos llevamos décadas repitiendo desde el exilio, desde la isla, desde cada rincón donde la diáspora ha plantado sus raíces: no basta con que la dictadura cambie su modelo económico. No basta con que permita algo de empresa privada mientras los mismos generales de siempre controlan los puertos, los hoteles y el comercio exterior. No basta con que se abra un mercado si el que abre y cierra la puerta sigue siendo el mismo régimen que lleva más de 65 años aplastando cualquier atisbo de libertad.

El cambio tiene que ser real, irrevocable. Tiene que ser un sistema de gobierno diferente.

¿Llegará ese día? No lo sabemos. La historia de Cuba está llena de esperanzas que se convirtieron en traiciones, de momentos que parecían el umbral de la libertad y resultaron ser una vuelta de tuerca más del mismo engaño. Los cubanos hemos aprendido a desconfiar, ese aprendizaje nos ha costado caro.

Pero hoy, con las palabras de Marco Rubio, me permito algo que ningún argumento cínico puede quitarme: el derecho a soñar.

Los cubanos tenemos derecho a soñar con una Cuba libre. Con una Cuba donde elegir a tus gobernantes no sea un acto de rebeldía, sino un derecho ejercido con normalidad. Con una Cuba donde un joven pueda construir su vida sin tener que escoger entre someterse o irse. Con una Cuba a la que yo, y tantos otros, podamos regresar algún día sin miedo.

Ese sueño no es ingenuo. Es justo.

Y hoy, al menos, tiene la voz de alguien que puede hacer algo al respecto.

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Luis Flores

CEO y cofundador de CiberCuba.com. Cuando tengo tiempo escribo artículos de opinión sobre la realidad cubana vista desde la perspectiva de un emigrante.






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