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El presidente estadounidense Donald Trump anunció este viernes un alto al fuego de tres días entre Rusia y Ucrania, que estará vigente por 48 horas, del 9 al 11 de mayo, e incluye dos puntos clave.
En primer lugar, la tregua incluye la suspensión total de toda actividad militar entre ambos países, explicó Trump.
Además, establece un intercambio de aproximadamente 1,000 prisioneros de guerra por cada bando, según publicó en sus redes sociales.
Trump afirmó que él realizó la propuesta y tanto Vladímir Putin como Volodímir Zelenski aceptaron.
Describió el acuerdo como «el principio del fin de una guerra muy larga, sangrienta y duramente librada, el mayor conflicto desde la Segunda Guerra Mundial».
Añadió que «siguen las conversaciones» para lograr un fin definitivo del conflicto.
Las fechas elegidas no son casuales: el 9 de mayo es el Día de la Victoria en Rusia, cuando el país conmemora el 81 aniversario de la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, una fecha de enorme carga simbólica que Putin ha utilizado históricamente para gestos diplomáticos o militares de alto impacto.
El anuncio llega en un contexto de escepticismo mutuo. Rusia ya había declarado unilateralmente una tregua para los días 8 y 9 de mayo desde el 3 de mayo, vinculada a su desfile militar en la Plaza Roja. El Ministerio de Defensa ruso advirtió que cualquier violación recibiría «una respuesta contundente» con posibles ataques de represalia a gran escala contra Kiev.
Ucrania había respondido con desconfianza. El 30 de abril, Zelenski cuestionó la propuesta rusa: «Quieren que el desfile transcurra con calma durante unas horas y luego reanudar los ataques». El canciller ucraniano Andrii Sybiha calificó este viernes la oferta rusa del 9 de mayo de «manipulación» y afirmó que Kiev no había recibido ninguna oferta oficial.
El terreno para este anuncio se preparó el 29 de abril, cuando Trump respaldó en una llamada telefónica de más de 90 minutos con Putin la idea de una tregua para el 9 de mayo. El Kremlin describió esa conversación como «amistosa y profesional». Trump resumió el intercambio con su estilo habitual: «Tuvimos una buena charla, lo conozco desde hace mucho tiempo».
Este alto al fuego es el más concreto respaldado por Washington desde que Trump retomó la presidencia en enero de 2025. En marzo de ese año, Ucrania aceptó una propuesta estadounidense de alto al fuego de 30 días, y Putin también la aceptó formalmente, agradeciendo el papel mediador de Trump.
Sin embargo, las negociaciones se estancaron en junio de 2025 cuando Rusia presentó exigencias maximalistas: la entrega formal de Crimea, Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón, el levantamiento de sanciones occidentales y la renuncia ucraniana a indemnizaciones de guerra. Ucrania, por su parte, exigía la retirada rusa y el regreso de niños deportados.
La tregua de Pascua ortodoxa del 11 y 12 de abril de 2026 tampoco prosperó: ambos bandos se acusaron mutuamente de violarla, aunque analistas señalaron que no hubo avances en el frente ni ataques masivos con drones. Zelenski denunció entonces que «no hubo siquiera un intento simbólico de cesar el fuego».
Una diferencia estructural sigue bloqueando cualquier acuerdo duradero: Ucrania busca un alto al fuego temporal como primer paso hacia negociaciones, mientras que Rusia y EE.UU. apuntan a un acuerdo de paz permanente que implicaría concesiones territoriales. La guerra entre Rusia y Ucrania supera ya los 1,500 días de duración, y Putin ha propuesto conversaciones directas con Ucrania para el 15 de mayo en Turquía, lo que podría ser la próxima prueba de si este alto al fuego deriva en algo más que una pausa simbólica.
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