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Durante más de tres décadas, la canadiense Sherritt International fue el mayor inversor extranjero directo en Cuba y el socio económico más fiel de la dictadura cubana. La empresa desafió sistemáticamente la presión de Washington, soportó el veto de visados de sus directivos a Estados Unidos durante 30 años y construyó un imperio en la isla en níquel, cobalto, petróleo y electricidad. El 7 de mayo de 2026, todo terminó.
Esta es la historia completa.
Los orígenes: una empresa canadiense al borde del colapso (1927-1990)
Sherritt no nació vinculada a Cuba. Fue fundada en 1927 como Sherritt Gordon Mines Limited para explotar metales básicos en Manitoba, Canadá, según consta en su propia historia corporativa. Durante décadas operó minas de cobre y níquel en el norte canadiense, construyó una refinería clave en Fort Saskatchewan (Alberta) en 1954 y desarrolló un proceso pionero de lixiviación de amoníaco para tratar concentrados de níquel.
Pero a finales de los años 80 la empresa estaba al borde de la insolvencia. Su contrato de refinación con INCO expiró en 1990, dejando la refinería de Alberta sin mineral suficiente para operar, según un análisis publicado en The Cuban Economy. Ese mismo año, el financiero Ian W. Delaney ganó una batalla de poder accionarial y tomó el control de la compañía, entonces denominada Sherritt Gordon, con el apoyo de figuras como Eric Sprott. Lo que haría a continuación cambiaría la historia de la empresa para siempre.
El giro cubano: 1991, el capitalista favorito de Fidel
En 1991, Delaney llegó a La Habana para explorar una solución a la crisis de suministro de su refinería canadiense. El colapso soviético había sumido a la isla en el llamado "Período Especial" y Fidel Castro necesitaba urgentemente inversores extranjeros que oxigenaran su economía colapsada. El encuentro fue el inicio de una relación que la revista Bloomberg describiría poco después como la del "capitalista favorito de Fidel".
Sherritt comenzó comprando concentrado de níquel cubano para su refinería canadiense. La alianza cuajó rápidamente: en diciembre de 1994, Sherritt y la Compañía General de Níquel de Cuba (GNC) formalizaron una empresa mixta 50/50 que integró la extracción en Moa (Holguín), el procesamiento en Cuba y el refinado en Alberta. En su primer trimestre de operación, la joint venture generó beneficios de 14,3 millones de dólares sobre ventas de 131 millones, según los datos publicados por Bloomberg.
El gobierno cubano se convirtió, de hecho, en inversor extranjero en Canadá al ser copropietario de la refinería de Alberta, un dato raramente divulgado por la propaganda oficial de la dictadura, según recordó una entrevista del The Globe and Mail con Ian Delaney. El propio Delaney mantenía una foto de su familia con Castro en su despacho y declaraba abiertamente: "Cuba es mi favorita". Ese mismo año, la compañía se renombró Sherritt International Corporation e inició operaciones de petróleo y gas en la isla.
Expansión y la primera batalla con Washington (1996-2000)
A mediados de los 90, Sherritt se convirtió en el mayor inversor extranjero directo en Cuba, diversificando agresivamente su presencia en la isla:
- 1995: Inicio de producción de níquel, cobalto, petróleo y gas en Cuba.
- 1998: Creación de Sherritt Power Corporation, con una participación del 30% en Energas S.A., empresa trilateral con CUPET y la Unión Eléctrica para generar electricidad con gas asociado.
- 1998: Adquisición del 37,5% de Cubacel, la operadora de telefonía móvil cubana, por 38 millones de dólares.
- Adquisición de participaciones en un hotel en La Habana, un campo de golf en Varadero y una empresa de agricultura.
La reacción de Washington fue inmediata. El 11 de julio de 1996, el Departamento de Estado notificó a los directivos y accionistas principales de Sherritt que serían vetados de entrar en Estados Unidos en virtud de la recién firmada Ley Helms-Burton (Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act), según documentaron las Hill Notes del Parlamento canadiense. Fue la primera aplicación del Título IV de esa ley contra cualquier empresa del mundo. Los afectados incluían a sus familiares más cercanos, cónyuges e hijos.
Canadá respondió con dureza. El gobierno calificó la medida de "extremadamente frustrante" y rechazó la Helms-Burton como "ofensiva para el comercio internacional". Sherritt se negó a ceder. "Operamos legalmente en Canadá, legalmente en Cuba, legalmente en cada jurisdicción donde trabajamos. No operamos en Estados Unidos", declaró la portavoz corporativa Patrice Best a Los Angeles Times. El veto de visados de los ejecutivos de Sherritt para entrar a Estados Unidos nunca fue levantado y se mantuvo vigente durante tres décadas.
Consolidación como pilar de la economía cubana (2000-2015)
En el nuevo siglo, Sherritt siguió siendo el actor extranjero más relevante en Cuba en tres sectores estratégicos:
Minería (Moa JV): La mina de Moa, que había sido expropiada en 1960 a la norteamericana Moa Bay Mining Company —valorada entonces en 88,3 millones de dólares por la Comisión de Reclamaciones de Estados Unidos— se convirtió bajo gestión conjunta en una operación de clase mundial.
Energía: A través de Energas, Sherritt construyó plantas de generación eléctrica a gas que alcanzaron una capacidad instalada de 506 MW, equivalente al 10-15% de la capacidad eléctrica nacional cubana.
Petróleo: Sherritt operó varios campos en el norte de Cuba (Varadero, Puerto Escondido-Yumurí) y llegó a producir alrededor de 15.000 a 20.000 barriles diarios de petróleo crudo cubano a principios de los 2010. En 2014, la empresa renovó su contrato con CUPET extendiéndolo hasta 2028.
Volumen de negocio (circa 2015-2016)
| Sector | Indicadores clave |
| Níquel y cobalto (Moa JV, 100%) | ~33.000 t níquel/año + ~3.700 t cobalto/año |
| Petróleo (GWI Cuba) | ~15.000 bpd |
| Electricidad (Energas, 33%) | 506 MW capacidad instalada |
| Ingresos Cuba (2024) | 109,9 millones USD |
En 2005, Sherritt y Pebercan Inc. descubrieron además un yacimiento offshore en la costa norte con estimaciones de 100 millones de barriles. En 2011, Ian Delaney se retiró como CEO —aunque siguió como presidente del consejo— cediendo el timón al CFO David Pathe. Delaney había dicho en su día que quería convertir Sherritt en el "Canadian Pacific de Cuba".
La era Pathe, la deuda y Trump 1.0 (2012-2021)
David Pathe gobernó Sherritt durante casi una década marcada por tormentas múltiples. Bajo su mandato la compañía entró y salió de una joint venture de níquel en Madagascar (Ambatovy) que la dejó con 3.500 millones de dólares en deuda, que Pathe logró eliminar gradualmente. En Cuba, mientras tanto, los socios cubanos acumularon impagos crecientes: el régimen sencillamente no pagaba las cuentas a Sherritt, que siguió registrando receivables en sus balances sin cobrarlos.
En 2019, cuando la administración Trump 1.0 activó el Título III de la Ley Helms-Burton —suspendido desde Clinton— permitiendo demandas civiles en tribunales estadounidenses contra empresas "traficantes" de propiedad confiscada, Sherritt quedó directamente en la línea de fuego. La acción golpeó duramente sus acciones, que cayeron de más de 10 dólares a menos de un dólar, según The Havana Consulting Group.
La reestructuración y el "cobalt swap" (2021-2024)
En junio de 2021, Leon Binedell, veterano minero sudafricano con 25 años de experiencia en Xstrata/Glencore y PwC, tomó las riendas como CEO. En octubre de 2022 logró un acuerdo innovador con los socios cubanos: el llamado "cobalt swap", mediante el cual Cuba pagaría la deuda acumulada —362 millones de dólares canadienses en receivables— no en efectivo sino en cobalto físico terminado a lo largo de cinco años (2023-2027). El acuerdo incluía cláusulas de penalización retroactiva del 8% anual en caso de incumplimiento.
Era una solución ingeniosa pero reveladora del fracaso económico de la dictadura: Cuba no tenía divisas para pagar su deuda, y Sherritt, consciente de la creciente demanda de cobalto para baterías de vehículos eléctricos, aprovechó la oportunidad. Al cierre de 2024, solo el 25% de los 368 millones había sido recuperado.
La producción de la joint venture en 2025 alcanzó 25.240 toneladas de níquel y 2.728 de cobalto (base 100%), según datos de producción de Sherritt, y la generación eléctrica de Energas totalizó 799 GWh. Sin embargo, la empresa reportó una pérdida neta de 65,4 millones de dólares en 2025, según los resultados publicados en Financial Times Markets. En diciembre de 2025, Binedell abandonó el cargo y fue reemplazado de forma interina por Peter Hancock, exejecutivo de Glencore.
La crisis de 2025: el combustible y los apagones
Ya antes del golpe final, Sherritt sufría la crisis cubana de lleno. En febrero de 2026, la empresa anunció la suspensión temporal de sus operaciones en Cuba por falta de combustible diésel para alimentar la mina de Moa, consecuencia directa de la profunda crisis energética cubana, agravada por las sanciones de Estados Unidos que redujeron las importaciones energéticas en un 80-90%. La compañía registró ingresos de solo 108,4 millones de dólares en el tercer trimestre de 2025, con su acción cotizando a apenas 0,13 dólares canadienses.
El golpe final: la Orden Ejecutiva de Trump y la salida (mayo 2026)
El 1 de mayo de 2026, el presidente Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404, invocando la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales (IEEPA), ampliando las sanciones contra Cuba a sectores completos: energía, defensa, metales y minería, servicios financieros y seguridad. Lo decisivo fue la introducción de sanciones secundarias contra instituciones financieras extranjeras que operasen con entidades cubanas bloqueadas. Para Sherritt, cuyo modelo de negocio dependía del acceso a la banca internacional, esto fue la sentencia definitiva.
El 7 de mayo de 2026, Sherritt anunció la suspensión inmediata de su participación directa en todas las empresas mixtas en Cuba. La empresa precisó que, aunque no había sido designada formalmente todavía, "la simple emisión de la orden ejecutiva crea en sí mismo las condiciones que materialmente alteran la capacidad de la corporación para operar de forma ordinaria".
Ese mismo día, el secretario de Estado Marco Rubio designó directamente a Moa Nickel S.A. —la joint venture entre Sherritt y la GNC cubana— bajo las nuevas sanciones, acusando al régimen cubano de "lucrar con activos que fueron originalmente expropiados a personas y empresas estadounidenses". También se sancionó a GAESA, el conglomerado militar cubano que controla aproximadamente el 40% de la economía de la isla, y a su directora Ania Lastres.
Las consecuencias inmediatas fueron fulminantes:
- Tres miembros del consejo de administración dimitieron con efecto inmediato: Brian Imrie (presidente), Richard Moat y Brett Richards.
- Sherritt inició la repatriación de todo su personal expatriado en Cuba y solicitó a sus socios cubanos que hicieran lo mismo con el personal cubano desplazado en Canadá.
- Las acciones de Sherritt se desplomaron un 30% en bolsa el día del anuncio.
- Cuba pierde a su mayor socio minero extranjero y entre el 10% y el 15% de su generación eléctrica, en plena crisis de apagones.
El legado: 35 años de un capítulo único
La salida de Sherritt cierra un capítulo de 35 años en el que una empresa canadiense desafió sistemáticamente la presión de Washington para convertirse en el socio económico extranjero más importante de la dictadura cubana. Desde el primer apretón de manos entre Delaney y Castro en 1991 hasta el éxodo forzado en mayo de 2026, Sherritt extrajo más de 3.000 millones de libras de níquel.
Al mismo tiempo, acumuló cientos de millones en deuda impagada por sus socios cubanos, sufrió el veto de visados de sus directivos durante tres décadas, y terminó siendo víctima del mismo endurecimiento de sanciones que sus ejecutivos siempre habían denunciado como "ofensivo e ineficaz".
El "capitalista favorito de Castro" se marcha. Y con él, uno de los últimos pilares económicos que mantenía a flote a un régimen cada vez más aislado.
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