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Berta Soler Fernández y su esposo Ángel Moya Acosta fueron detenidos el viernes por agentes de la Seguridad del Estado y la Policía Nacional en el municipio de 10 de Octubre, en La Habana, para impedirles asistir a una misa que ninguno de los dos sabía que existía.
Según denunció la propia Soler en su cuenta de Facebook, ambos habían salido a las 2:35 de la tarde de la sede nacional de las Damas de Blanco, en el barrio de Lawton, para hacer gestiones personales a dos cuadras de distancia.
Al regresar, alrededor de las tres de la tarde, fueron interceptados por separado en la avenida Porvenir y Bouza: «Fuimos detenidos en diferentes carros de patrulla por represores de Seguridad del Estado y la Policía Nacional», escribió Soler.
Dentro de los vehículos, un agente les comunicó a cada uno que no irían a «ninguna misa», describiéndola como «muy importante».
«Le preguntamos por separado de qué nos estaba hablando», relató Soler, subrayando que ninguno de los dos tenía conocimiento de ese acto religioso.
Tras unos 30 minutos retenidos dentro de los carros patrulla, los liberaron, pero con seguimiento hasta la sede nacional para impedir que volvieran a salir a la calle.
Soler resumió la situación con tres palabras: «Están aterrados».
El operativo apunta a un patrón coordinado: la periodista Camila Acosta también fue impedida de salir de su casa por policías y agentes de la Seguridad del Estado para evitar que asistiera a la misa en la Catedral de La Habana por el aniversario de la elección del Papa León XIV, lo que sugiere que ese evento religioso fue el motivo de ambas acciones represivas.
La detención del viernes no es un hecho aislado. El pasado 1 de enero, Soler fue arrestada cuando se dirigía a la primera misa del año en La Habana, y en abril denunció ante Martí Noticias un recrudecimiento del hostigamiento: «Continúa el Departamento de Seguridad del Estado violando nuestra libertad religiosa, con hostigamiento, asedio, amenazas de llevarnos a prisión y seguimiento en las calles».
En ese mismo período, Soler denunció el incremento de la represión contra las Damas de Blanco, que incluyó periodos de prisión domiciliaria de hasta 48 días para impedir su participación en actos religiosos y públicos.
Moya, por su parte, es ex preso político del llamado Grupo de los 75, condenado durante la Primavera Negra de 2003 y liberado en 2009; rechazó el exilio y continuó su activismo en Cuba junto a Soler.
Cubalex identificó a ambos entre las principales víctimas de represión en su informe semestral de marzo de 2026, que documentó 179 víctimas totales, mientras que el Observatorio Cubano de Derechos Humanos registró 873 violaciones a la libertad religiosa en Cuba durante 2025.
Soler, ganadora del Premio Sájarov del Parlamento Europeo y del Premio Solidaridad Lech Wałęsa 2025, no pudo recoger este último galardón en persona precisamente por las restricciones que le impone el régimen.
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