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Cuba amaneció este viernes con una nueva jornada de apagones masivos. Según la nota informativa de la Unión Eléctrica, a las 06:00 horas la disponibilidad del Sistema Eléctrico Nacional era de apenas 1,300 MW frente a una demanda de 2,746 MW, dejando 1,454 MW sin cobertura.
El panorama para el horario pico nocturno es aún más sombrío. La Unión Eléctrica proyecta una disponibilidad de 1,360 MW contra una demanda máxima de 3,200 MW, lo que arroja un déficit de 1,840 MW y una afectación estimada de 1,870 MW.
El jueves no fue mejor. «La máxima afectación por déficit de capacidad de generación en el día de ayer fue de 1,910 MW a las 21:30 horas», señala el reporte oficial. Los cortes se extendieron durante las 24 horas del día, incluyendo toda la madrugada.
Las causas inmediatas del colapso son múltiples. Tres unidades están en avería: la Unidad 1 de la CTE Ernesto Guevara de la Serna, la Unidad 2 de la CTE Lidio Ramón Pérez y la Unidad 5 de la CTE Antonio Maceo.
Otras tres permanecen en mantenimiento: la Unidad 5 de la CTE Mariel, la Unidad 6 de la CTE Renté y la Unidad 5 de la CTE Nuevitas. En total, las limitaciones en la generación térmica suman 505 MW fuera de servicio.
La única incorporación prevista para el pico es la entrada de la Unidad 1 de la Central Energás Boca de Jaruco con 30 MW y el completamiento de la Unidad 6 con otros 30 MW, un aporte marginal frente al déficit estructural.
Los 54 parques solares fotovoltaicos instalados por el régimen aportaron 3,843 MWh con una potencia máxima de 606 MW al mediodía, pero esa generación desaparece precisamente cuando más se necesita: en el horario pico nocturno.
Esta crisis se enmarca en un deterioro que alcanzó su peor momento hace apenas ocho días. El 14 de mayo se registró el récord histórico de déficit con 2,174 MW, dejando sin electricidad a cerca del 70% de la población cubana de forma simultánea.
La causa estructural es la escasez crónica de combustible. El propio presidente Miguel Díaz-Canel admitió el 2 de mayo que el petróleo donado por Rusia «se agota ya en estos días» y que el gobierno no sabía cuándo entraría más combustible al país.
Ese cargamento ruso, de aproximadamente 730,000 barriles, había llegado al puerto de Matanzas el 31 de marzo, tras más de tres meses sin suministro exterior significativo.
Las consecuencias humanitarias son devastadoras. La ONU advirtió en abril que la crisis energética cubana tiene un impacto «sistémico y cada vez mayor» sobre la salud, el agua, los alimentos, la educación, el transporte y las telecomunicaciones.
El agotamiento de la población es palpable. «Estamos llegando al límite», resumió una cubana consultada esta semana, en una frase que condensa el hartazgo de millones de personas sometidas a apagones de hasta 22 horas diarias.
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