«El látigo de comunales»: Rigoberto Ferrera y el arte de reírse de la realidad cubana

«Hacer es la mejor manera de decir, y no se puede estar como un corcho por la vida», sostiene el reconocido humorista cubano Rigoberto Ferrera.



El actor y humorista Rigoberto Ferrera convierte lo cotidiano en espectáculo y la incomodidad en carcajada © Elizabeth Acosta
El actor y humorista Rigoberto Ferrera convierte lo cotidiano en espectáculo y la incomodidad en carcajada Foto © Elizabeth Acosta

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Entre risas que pican más que alivian, mi entrevistado se ha ganado un lugar singular en la escena cubana: actor, humorista de profesión y pianista por convicción, convierte lo cotidiano en espectáculo y la incomodidad en carcajada.

Se autodenomina «El látigo de comunales», un título que no es solo broma, sino declaración de principios. Su humor señala, incomoda y retrata sin maquillaje la realidad urbana, desde la basura acumulada hasta el apagón.

Así que, amigos, amigas y amigues, aquí mi entrevistado… ¡Rigoberto Ferrera!

Un placer inmenso conversar contigo, Rigo; hace mucho tiempo no lo hacíamos. Tu humor mezcla sátira y reflexión social, ¿cómo defines hoy la función del humor en contextos de crisis?

Querida Julita, el placer es mío. Te respondo rápido. El humor en contextos de crisis funciona como una válvula de escape. Tanto para el público como para el actor.

Es ese momento… ¡ese momento en escena donde uno puede hacer reír a la gente! Es ese preciso momento en el que uno hace o está haciendo lo que ama y disfruta, que es entretener, hacer reír. En ese preciso momento, el público y uno entran en una conexión y hasta las peores crisis se pueden olvidar en una hora de espectáculo.

¿Qué haces hoy día? ¿Dejaste la tele?

En efecto, en un momento determinado decido no hacer más televisión, pero la gente me reconoce en la calle por las redes sociales, no por la televisión, sobre todo las nuevas generaciones.

Si tuviera que etiquetar lo que estoy haciendo en estos momentos, creo que a partir del COVID, donde muchos nos tuvimos que reinventar, estoy llevando a cabo mi humor como una necesidad de resistir, pero empleando siempre la belleza.

De paso te cuento que, desde hace más de cinco años, me he graduado como cuidador de mi madre (ya tú sabes... pampers, bañarla, etc.). Esto puede sonar gracioso, pero es mi realidad.

¿Dónde trazar el límite entre hacer reír y denunciar realidades incómodas?

Todo es denunciable, todo lo mal hecho, todo lo que afecte a un pueblo hay que denunciarlo. En mi caso, creo que siempre he pensado que todo tipo de denuncias críticas deben hacerse con... ¡deben hacerse con humor! Es como mejor llega a las autoridades, ¿no? Y es como mejor llega al pueblo esa denuncia.

Te autodenominas «El látigo de comunales», ¿de dónde sale ese nombre y qué querías expresar exactamente cuando empezaste a usarlo en redes?

«El látigo de comunales» me lo puso Carlitos Gonzalvo, y sale como consecuencia de todos los videos que empecé a hacer denunciando la cantidad de basura que no se recoge. Y nada, es una manera de patentar un estilo, de manera humorística, para que recojan lo que debe ser recogido.

Vives con dermatitis atópica, ¿cómo impacta esta condición tu vida sobre el escenario? ¿Qué pasa por tu mente cuando actúas sabiendo que puedes terminar hospitalizado?

En el caso de la dermatitis atópica, una enfermedad muy complicada, es heredada y se tiene que atender multifactorialmente. Aquí hay pocos médicos que conocen a plenitud esa enfermedad, de hecho, yo tuve un muy mal tratamiento desde niño. Me acaballaron con corticoides, con cremas. Todo el mundo opinaba algo distinto: lo debe atender un alergista, un dermatólogo, un inmunólogo, un psicólogo...

Entonces, a todo esto súmale que Cuba te hace daño; Cuba hace daño porque en Cuba hay una crisis medioambiental, hay mucho polvo, mucha suciedad en las calles. El clima del trópico, la humedad del trópico me hacen daño; entonces, para lograr un equilibrio con esta enfermedad se debe usar ropa de hilo o de algodón, no estar expuesto al sol.

Mis padres sabían muy poco también de la enfermedad en ese tiempo, y la dieta es muy importante. Aquí llevar una dieta es imposible, a pesar de yo estar metido en un instituto haciendo la dieta macrobiótica durante mucho tiempo y no me resolvió.

Para mejorar, necesitaría un clima que no sea húmedo, una dieta y seguir atendido por especialistas.

Te explico que hubo una sola especialista que dio pie con bola con mi enfermedad; a mis 30 años apareció la doctora Leopoldina, con quien estuve atendiéndome hasta su fallecimiento hace tres años. Ella me planificó la dieta macrobiótica e hice sesiones de cámara hiperbárica, entre otros tratamientos.

Imagino que nada bien te habrá venido este padecimiento con tu deporte, el kárate.

Nada bien. Cuando yo practicaba kárate y competía, era muy complicado, pues provocaba mucha picazón de madrugada; cuando hay cambios de tiempo te da mucha picazón. No puedes dormir bien y cuando te tienes que enfrentar a un combate por equipo con gente que pesa más que tú, que es mucho más grande, el no haber dormido siempre te pasa la cuenta.

El mal diagnóstico con los corticoides también me afectó porque unas veces tenía un nivel competitivo un poco bajo, pero de pronto, cuando estaba tomando prednisona al dormir mejor, me sentía mucho mejor de la piel, me daba euforia y me hacía sentir más seguro en las competencias.

Ya después, cuando emprendí el camino de la actuación, era ¡candela! En los calores, en los teatros, los movimientos en carretera; todo eso te altera la dermatitis atópica, que es una enfermedad que no mata pero resinga mucho y, en mi caso, he estado hospitalizado como tres o cuatro veces. Por eso trato de estar lo más tranquilo posible aquí en la casa.

Volviendo al deporte: con 16 años ya era cinta negra y después entrené kickboxing con el maestro Mandy Quintana.

Precisamente, profesores que nunca olvidas, tanto en el deporte como en el humorismo y la música...

Primero, en el kárate he tenido la suerte de contar con grandes maestros desde que empecé a practicar el deporte a los 11 años: Jorge Manuel Querol Catalá, Roberto Vargas Lee, el maestro Raúl Rizo, Nubia Obregado, Isabel Rodríguez, hija del maestro, y gracias a ellos pude colocarme dentro del gremio del karate do en Cuba y pertenecer al equipo juvenil de la ESPA que lo dirigía Nubia Obregado.

Ya después, dejé el deporte e ingresé en el Instituto Superior de Arte, el ISA, donde recibí muchas influencias, mi hermano Jorge Ferrera, Chaplin, Buster Keaton; Martes y Trece, el dúo Faemino y Cansado (estos dos últimos son humoristas españoles); Tricicle, Les Luthiers, después.

Y bueno, humoristas cubanos, por supuesto: La Seña del Humor de Matanzas, el grupo Salamanca, el grupo Nos y Otros, La Leña del Humor de Santa Clara...

En relación con la música he tenido también grandes maestros y gente que me ha influenciado como Bobby Carcassés, Robertico Carcassés del grupo Interactivo, y tuve mi maestra de piano, María Matilde Alea, que en el año 1997 me dio las primeras clases.

El piano lo volví a retomar en 2012, cuando empecé a estudiar piano y solfeo con mi maestra de solfeo Olga Oria, la madre de Pedrito Fajardo, violinista de Los Van Van.

Quiero decirte, Julita, que para mí la música ocupa un lugar primordial, un lugar central en mi vida, incluso por encima del humor, convirtiéndose en una motivación diaria que me acompaña durante largas horas de trabajo.

Quisiera que el público valore la música cubana en toda su dimensión, aunque sea una meta difícil. Por eso trato de acercarla desde el escenario, integrándola a mis presentaciones humorísticas. Desde hace décadas canto en vivo y utilizo el piano como recurso expresivo.

¿Cómo construyes tu personaje en escena?

La parte de personajes reales que me dan la mano nace más de la observación y la exageración de lo cotidiano. Hace rato que dejé de interpretar personajes y ya me interpreto a mí. Y todos, casi todos nacen de, bueno, de la observación, la exageración de lo cotidiano que es la constante para que un personaje dé gracia, uno de los tantos tips para que los personajes den gracia, ¿no? Y de la fantasía también salen los personajes. Pero la realidad es la base, la observación de la realidad.

«Yo siempre he elegido estar al lado de los que más sufren, que es el pueblo. Y a ellos me debo». Foto: Elizabeth Acosta

Como habanero que vive lo que cuenta, ¿alguna vez has tenido que reírte de algo que en realidad te dolía profundamente?

Como habanero me tengo que estar riendo constantemente ante una realidad que duele. Si no lo hago así, muero y una de las realidades que más me duele es la basura por doquier. De eso me río y a la vez, lo denuncio.

Lo interesante de esto es que mucha gente me dice: «Oye, pero tú cobras por eso, tú ganas por likes», y ¿sabes?, es lo más feo que me han dicho. «Tú con tal de ganar un like o te está pagando el imperio», hasta eso me han dicho y yo no cobro absolutamente nada por mis redes sociales. Están diseñadas para promover lo que hago, pero ni un peso cobro por nada.

¿Hasta qué punto un artista debe asumir una postura pública frente a la situación social y política?

Un artista, bueno, es que el término artista es muy amplio, hay gente que se considera artista y no lo es; hay otros que lo son y no se consideran artistas. Yo creo que uno como ser humano debe definirse. Todos los que trabajan en cultura saben lo que es justo y lo que es injusto y tienen la capacidad de elegir.

Yo siempre he elegido estar al lado de los que más sufren, que es el pueblo. Y a ellos me debo. Todos los que me siguen en las redes sociales, que son casi todos los que están en el mundo fuera de Cuba, me siguen porque creo que he tenido una postura coherente con lo que está pasando y he tratado por todos los medios de hacer algo.

Hacer es la mejor manera de decir y no se puede estar como un corcho por la vida, escudándote de una entidad cultural para definir o tener el poder de definir el futuro de alguien. Y seguiré… ¡seguiré hasta que se seque el malecón!

¿Qué cambia en tu humor cuando pasas del escenario físico al escenario digital de las redes sociales?¿Sientes que en redes eres más directo o más libre que en el teatro?

En las redes sociales realmente soy totalmente libre. He tenido grandes encontronazos en todo el país en materia de censura; grandes encontronazos. He tratado siempre de ser coherente con lo que hago; en las redes sociales, por supuesto, el mensaje llega más directo y tengo la posibilidad de experimentar con micrófonos, con tiros de cámara o en la calle. En la calle tienes que reaccionar ante todo. Es parecido cuando uno hace un unipersonal.

¿Cuál ha sido la reacción más inesperada que has recibido en redes por tu contenido crítico?

He tenido en las redes sociales la suerte de tener pocos críticos y los comentarios que generen falta de respeto los elimino, y bloqueo al que lo hizo. Todo aquel que haga un comentario irrespetuoso y ni siquiera tenga una foto en su perfil y aunque la tenga, de pronto dice que tiene el perfil restringido, casi siempre son ciberclarias.

Y mis redes sociales trato de mantenerlas de manera respetuosa, responsable; no para el chanchullo, más bien para promover lo que hago.

¿Consideras que el humor sigue siendo un espacio de libertad o está condicionado por el miedo?

El humor es un espacio de libertad como el jazz y no puede estar condicionado por el miedo, aunque a veces las circunstancias lo impongan. Vivir feliz es vivir sin miedo; no es una frase mía, pero la comparto, y ¡ay de aquel que haga humor y esté condicionado por el miedo!

En medio de tanta dificultad diaria, ¿qué te sigue pareciendo bello o digno de ser salvado en la vida cotidiana cubana?

Entre tanta dificultad diaria creo que debería ser salvada la memoria; sobre todo la memoria cultural, que se está perdiendo desde hace muchos años, se está maltratando, y un país sin cultura mira en lo que termina.

Grandes del humorismo cubano, como Consuelito Vidal, utilizaron el humor como crítica. ¿Crees que el humor sigue siendo una forma efectiva de cuestionar?

El humor por supuesto que es una forma efectiva de cuestionar la realidad. Fíjate si es una forma efectiva de cuestionar y de exorcizar males que, aunque no sean tuyos esos males, te duele porque es el sitio, el país donde uno vive.

Grandes del humorismo como Consuelito, Enrique Arredondo y tantos otros, entonces criticaron al gobierno de Fulgencio Batista, porque en este país siempre han existido grandes artistas que han criticado de manera coherente y linda la realidad.

Pero, en materia de humor en la televisión, hace muchos años, desde que empecé a hacer humor en la televisión, era casi imposible de hacer y sigue en estos momentos siendo imposible de hacer. No hay ni un solo programa humorístico en la televisión y los humoristas han tenido que acudir a las redes.

¿Cómo sostener entonces la creación artística si el arte está amordazado?

La creación artística, en medio de la escasez y las dificultades en Cuba, la única manera de sostenerla es manteniendo la pasión, porque uno debe tener garantizado primero el pan y después, venga el arte.

Entonces es lo único que me sostiene, la pasión y la esperanza y dar gracias siempre de que no me falta ni un brazo, ni una pierna, porque cuando yo miro a los paralímpicos y veo a todos esos deportistas que han tenido que sobrellevar obstáculos; ahí de verdad se me levanta el espíritu y olvido las quejas. Y es que dejas de quejarte cuando miras a los paralímpicos.

Y así, entre apagones, escombros convertidos en chistes y verdades dichas con una sonrisa, nos despedimos de Rigoberto Ferrera, un hombre que ha hecho del humor una forma de resistencia y también de esperanza. Porque, como él afirma: «Hacer es la mejor manera de decir», y quizá por eso sus historias conectan tanto: porque nacen de la calle, del barrio, de la realidad que muchos viven cada día.

Así que como él mismo nos dice: «Hasta la próxima, amigos, amigas, amigues».

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos






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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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