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El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla respondió este lunes al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, defendiendo el papel de Cuba en el proceso de paz colombiano y recomendándole que leyera el libro 'La Paz en Colombia' del «Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz».
La réplica llega días después de que Rubio calificara a Cuba como «la capital mundial del terrorismo de izquierda radical» y anunciara, el pasado miércoles, sanciones contra cinco entidades cubanas: el ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), Amistur Cuba S.A. y Minera La Victoria S.A.
Ese mismo día, Miguel Díaz-Canel, su esposa Lis Cuesta Peraza y Alejandro Castro Espín fueron añadidos a la lista de Nacionales Especialmente Designados del Departamento del Tesoro.
En su publicación en X, Rodríguez Parrilla afirmó que Rubio «debería conocer el largo, permanente y reconocido compromiso de Cuba con el proceso de paz en Colombia» e invocó el «principio de no injerencia en los asuntos internos de ninguna nación, lo que se conoce poco en el gobierno estadounidense».
El canciller citó las negociaciones formales celebradas en La Habana entre 2012 y 2016 entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP, que culminaron con el Acuerdo de Paz de 2016, como evidencia del papel de Cuba como garante y sede de diálogos.
Lo que Rodríguez omite es que el propio libro que recomienda contradice su argumento central.
La Paz en Colombia, publicado por Fidel Castro en 2008, documenta décadas de relación directa entre La Habana y las FARC, incluyendo largas conversaciones de Fidel con dirigentes guerrilleros como Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas.
El propio Castro reconoció que el libro fue fruto de más de 400 horas de trabajo y que «revela por vez primera» documentos, entrevistas y vivencias sobre el conflicto colombiano, lo que evidencia la profundidad del vínculo entre el régimen y la guerrilla.
La historia registra dos etapas bien diferenciadas en la relación de Cuba con las guerrillas colombianas.
Durante la Guerra Fría, el régimen de Fidel Castro brindó apoyo político, ideológico, logístico y de entrenamiento a movimientos insurgentes latinoamericanos, siendo el ELN la guerrilla colombiana con vínculos más estrechos con la isla: algunos de sus fundadores recibieron formación política e ideológica en Cuba.
En una segunda etapa, desde los años noventa, La Habana pasó a desempeñar un papel de facilitador en procesos de negociación. El proceso no dejó de ser accidentado y polémico: en 2022 la delegación del ELN se retiró de Cuba y en 2019 Colombia pidió información a La Habana sobre la presencia de miembros del ELN en su territorio, generando tensión diplomática.
La escalada de presión estadounidense sobre Cuba comenzó el 29 de enero de 2026 con la Orden Ejecutiva 14380 de Trump, que declaró una emergencia nacional respecto a la isla, y fue ampliada el 1 de mayo con la Orden Ejecutiva 14404, que extendió el marco sancionador a sectores como energía, defensa, metales, minería y servicios financieros.
Rubio fue contundente al justificar las medidas: «El régimen de La Habana ha reclutado, entrenado y respaldado movimientos marxistas violentos y tercermundistas en todo el hemisferio y más allá».
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