José Antonio González, cubano de 51 años deportado a México en los primeros días de diciembre de 2025 tras 38 años en Estados Unidos, describió las condiciones del centro de detención de ICE en Texas donde estuvo recluido seis meses como «horrible»: comida con gusanos, trato degradante y atención médica deficiente.
«La comida es pésima, porque hasta gusanos algunas veces vienen adentro de la comida», relató González en entrevista. Al preguntarle cómo resumía su experiencia en el centro, fue directo: «Horrible. La comida malísima, el trato malísimo. Y la atención médica también, malísima también».
Durante esos seis meses, González fue trasladado temporalmente a la SAI durante cuatro días antes de ser devuelto al centro principal. Encerrado, dice que el ambiente le traía recuerdos de su etapa en prisión: «Me recordaba cuando estaba en la prisión. Y nada, tratando de salir para seguir mi vida en Estados Unidos, porque yo aquí no me adapto».
Sus palabras coinciden con un patrón documentado en centros de detención de Texas. En Fort Bliss/Camp East Montana, en El Paso, inspectores federales hallaron más de 60 violaciones a estándares federales, se reportaron tres muertes desde su apertura en agosto de 2025 y hubo testimonios de golpizas para forzar la firma de deportaciones voluntarias.
En Dilley, Texas, familias detenidas también denunciaron gusanos y moho en los alimentos.
González llegó a Estados Unidos con nueve años, en 1987, cruzando por la frontera de Canadá. Toda su vida escolar y laboral transcurrió allá. Trabajó como pintor de casas durante 18 años y luego en Home Depot y Lowe's. Era el sostén de su madre de 82 años, su esposa e hijos, todos ciudadanos estadounidenses.
«Para mí ese es mi país. Yo salí a los nueve años de Cuba y estuve allá», afirmó. Y fue más lejos: «Yo soy más americano que cubano, sí».
Ahora en México, reconoce que el país «no está malo», pero insiste en que no logra adaptarse. «Es un cambio muy bruto», explicó, señalando además el costo de vida elevado y los bajos salarios como factores que agravan su sensación de desarraigo.
Su deportación se produjo bajo el formulario I-220B, una orden de supervisión migratoria. El abogado de inmigración Willy Allen confirmó que en esos casos no había recurso legal viable: «Los I-220B, que era el caso tuyo, no había nada que hacer. O sea, daba igual pagar o no pagar abogado porque no había nada que hacer en esos casos».
ICE lo citó tres veces. En las dos primeras se negó a firmar su deportación voluntaria. En la tercera, los agentes fueron directos: «Firme o no firme, a la mala o a la buena, te vas». Una noche lo trasladaron en autobús a la frontera, lo entregaron a autoridades mexicanas y fue llevado durante 36 horas hasta Tabasco, donde lo soltaron de madrugada.
El caso de González no es aislado. Según un informe de Human Rights Watch publicado en mayo de 2026, más de 4,353 cubanos fueron deportados a México entre el 20 de enero de 2025 y el 9 de marzo de 2026, aproximadamente el 37% de ellos detenidos específicamente en Texas.
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