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Las monjas carmelitas descalzas de La Habana anunciaron que la falta de electricidad les impide fabricar hostias para la misa, en un comunicado que comenzó a circular el 4 de junio en grupos privados del clero cubano y redes sociales católicas.
«Les comunicamos que, debido a la falta de corriente, nos es imposible la elaboración de las hostias», escribieron las religiosas del Monasterio de Santa Teresa y San José, en El Vedado.
«La reserva que queda se racionará para que alcance un poco para todos», añadían.
Es la segunda vez en menos de cinco años que este monasterio —único proveedor de hostias para todas las iglesias católicas de Cuba— se ve obligado a detener su producción.
En noviembre de 2022, la causa fue la falta de harina; ahora es la crisis eléctrica, un problema estructural que no podrá resolverse con la solidaridad del exterior como ocurrió entonces.
Las carmelitas descalzas, orden contemplativa de clausura que vive en la más estricta pobreza, son las encargadas desde hace décadas de abastecer de obleas a todas las parroquias del país.
Según un documental filmado en 2017 por el realizador español David Moncasi —en secreto y desafiando la prohibición de las autoridades—, las monjas producían lotes mensuales de hasta 1,000,000 de hostias.
El proceso requiere equipos eléctricos: una batidora de gran formato para elaborar la masa líquida y una prensa mecánica para dar forma circular a las obleas.
Con apenas dos horas de electricidad al día —igual que la mayoría de los cubanos—, la producción se ha vuelto inviable.
Un sacerdote anónimo cercano a la comunidad, que no reveló su identidad por temor a represalias, confirmó que la recogida de obleas en La Habana se ha reducido ya a un tercio de lo habitual y que la «cuota» seguirá disminuyendo.
Contactadas a través de un sacerdote intermediario, las propias religiosas declinaron dar más detalles: «Por ahora, no deseamos publicar ninguna entrevista, agradecemos su interés».
El déficit de generación eléctrica en Cuba alcanzó un récord de 2,174 MW el 14 de mayo, con cortes de hasta 20 horas diarias en algunas zonas.
El 3 de junio, un día antes del comunicado de las monjas, la Unión Eléctrica reportó solo 1,020 MW de disponibilidad frente a una demanda de 2,570 MW.
Ante la imposibilidad de resolver el problema desde dentro, muchos sacerdotes han pedido a personas que viajan al extranjero que traigan paquetes de hostias: en España, 500 obleas cuestan menos de 10 euros; en Estados Unidos, una cantidad similar ronda los 20 o 30 dólares.
El canonista español José Luis Pueyo, consultado durante la crisis de 2022, señaló que la única alternativa inmediata es partir las hostias a la mitad, una medida que deberá volver a aplicarse.
Sobre la posibilidad de usar pan normal, Pueyo fue tajante: «Eso es imposible en Cuba».
Además de los católicos, otras denominaciones —evangélicos, anglicanos y ortodoxos— también se abastecían de hostias en los obispados cubanos, por lo que el impacto de la paralización alcanza a toda la vida religiosa cristiana de la isla.
La Iglesia católica cubana atraviesa además una posición diplomáticamente delicada: Washington la ha designado como canal principal para distribuir ayuda humanitaria a Cuba —incluyendo una oferta de 100 millones de dólares en 2026— sin intermediación del régimen, lo que tensiona su relación con las autoridades de La Habana.
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