Rusia bombardea iglesia patrimonio de la humanidad y desata su rabia destructiva sobre Ucrania

Rusia atacó con 70 misiles y 611 drones Ucrania, incendió la catedral milenaria de la Lavra de Kyiv y mató al menos 10 personas en todo el país.



Monasterio de las Cuevas de Kiev en llamas y edificio civil bombardeado por Rusia © X / @andrii_sybiha - @ZelenskyyUa
Monasterio de las Cuevas de Kiev en llamas y edificio civil bombardeado por Rusia Foto © X / @andrii_sybiha - @ZelenskyyUa

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Un ataque masivo ruso en la madrugada de este lunes dejó al menos 10 muertos en toda Ucrania y provocó un incendio en la Catedral de la Dormición del Monasterio de las Cuevas de Kiev (Kyevo-Pecherska Lavra).

El recinto sagrado, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO fue fundado en el año 1051. El presidente Volodimir Zelenski calificó el ataque como «uno de los crímenes más graves de Rusia contra la cultura cristiana».

Rusia lanzó 70 misiles y 611 drones contra Ucrania durante la noche, con más de 60 misiles dirigidos solo contra Kiev, en el peor ataque sobre la capital en dos semanas.

La defensa aérea ucraniana derribó 50 misiles y 582 drones, pero el portavoz de la Fuerza Aérea, Yuriy Ihnat, advirtió: «Los misiles balísticos siguen siendo un problema para nosotros. De los 34 misiles balísticos lanzados, solo 15 fueron derribados, aunque es un resultado sólido».

El símbolo más doloroso del ataque fue el incendio en la catedral milenaria, cuyas llamas fueron visibles desde toda la ciudad. Los bomberos del Servicio Estatal de Emergencias lograron extinguir el fuego en el techo del edificio. Zelenski visitó personalmente el lugar y declaró: «Esto es un ataque a nuestra historia. Por supuesto, todo será restaurado».

Rusia negó haber atacado el monasterio y atribuyó los daños a un misil Patriot de fabricación estadounidense, pero Zelenski afirmó que fue un dron ruso. Una fuente proporcionó a Reuters fotografías de restos de dron ruso hallados cerca del edificio dañado, aunque la agencia no pudo confirmar de inmediato la autenticidad de las imágenes.

En Kiev murieron cinco personas —cuatro en el acto y una quinta posteriormente en el hospital— y 34 resultaron heridas. En Járkov, la segunda ciudad del país, cuatro rescatistas de emergencias y un funcionario municipal que respondían a un incendio causado por un primer ataque ruso fueron alcanzados por un segundo bombardeo deliberado; al menos cinco personas más resultaron heridas. En Dnipro, Rusia golpeó una estación de ferrocarril, un colegio y varias empresas.

El patrón del ataque es coherente con una táctica que Rusia repite cada vez que su avance en el frente se estanca. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) en su evaluación del 14 de junio, las fuerzas rusas no lograron avances confirmados en los sectores de Sumy, Slovyansk, Dobropillya y Orikhiv, con un impulso ofensivo en gran medida paralizado.

No es la primera vez que Moscú responde a la frustración militar con ataques terroristas contra civiles y patrimonio cultural: en Bucha, tras la retirada rusa en abril de 2022, se hallaron decenas de civiles ejecutados con las manos atadas, crímenes que la ONU documentó y que llevaron a Joe Biden a pedir que Vladimir Putin fuera juzgado como criminal de guerra.

La condena internacional fue inmediata. El canciller ucraniano Andrii Sybiha afirmó que «Putin ha puesto su nombre para siempre en la lista de los peores bárbaros de la historia» y anunció el inicio urgente de procedimientos ante la UNESCO. El ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, comparó el ataque con «bombardear Notre Dame o Saint Denis». La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, lo calificó de «crimen de guerra».

El ataque se produjo un día después de que Zelenski hablara con el presidente Donald Trump sobre esfuerzos para lograr un alto el fuego, mientras el G7 se reúne esta semana en Francia. Zelenski exigió que la respuesta del G7 sea «decisiva y sustancial: más presión sobre el agresor y más apoyo a la defensa aérea de Ucrania, especialmente en capacidades antibalísticas».

El metropolitano Epifaniy, jefe de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, resumió la indignación de millones con una pregunta: «¿Qué más debe hacer el Anticristo del Kremlin para que el mundo comprenda que se deben tomar medidas decisivas para poner fin al terror ruso contra Ucrania?»

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