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Donald Trump volvió a sacudir el tablero internacional al ofrecer a Vladimir Putin y al dictador bielorruso Aleksandr Lukashenko un asiento en la llamada Junta de la Paz, el organismo impulsado por Washington para dirigir la reconstrucción de Gaza y, según el propio Trump, “convertirse en un modelo de gobernanza global para resolver conflictos”.
El Kremlin confirmó oficialmente haber recibido la invitación. “Estados Unidos ha invitado a Vladimir Putin a unirse a la Junta de la Paz”, declaró el portavoz ruso, Dmitri Peskov, quien, según El País, añadió que Moscú está “estudiando los detalles de la propuesta”.
Bielorrusia, en cambio, ya ha firmado su adhesión. “Estamos dispuestos a participar en las actividades de la Junta de la Paz y esperamos que esta organización amplíe su alcance y autoridad más allá del mandato que ha sido propuesto”, anunció el Ministerio de Exteriores de Minsk en un comunicado difundido por Reuters.
El gesto ha provocado una oleada de reacciones en Europa. Francia rechazó la invitación por considerar que el comité “podría poner en entredicho a la ONU”, y el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, publicó un mensaje indirecto recordando que “la Asamblea General sigue siendo el parlamento de las naciones”.
Mientras tanto, en Washington, la iniciativa ha sido interpretada como una jugada de política exterior que busca reafirmar el liderazgo global de Trump, incluso por encima del sistema multilateral tradicional.
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Los países invitados y la composición del comité
Hasta el 20 de enero de 2026, la composición de la Junta de la Paz es todavía incierta. Según fuentes diplomáticas citadas por Bloomberg y El País, los países oficialmente involucrados o invitados son:
- Estados Unidos: país fundador y dirección del organismo (Trump, Jared Kushner y Steve Witkoff).
- Bielorrusia: adhesión confirmada y firmada por Aleksandr Lukashenko.
- Rusia: invitado; el Kremlin estudia su participación.
- Francia: invitada; ha rechazado unirse.
- Israel: invitado; aún sin respuesta oficial.
- Kazajistán y Uzbekistán: mencionados por Bloomberg como países en conversaciones para unirse.
Por tanto, solo Estados Unidos y Bielorrusia forman parte oficialmente del nuevo comité, mientras Rusia evalúa su respuesta y otros países mantienen una posición expectante.
Un invitado bajo orden de arresto internacional
El problema no es solo político, sino ético y jurídico. Desde marzo de 2023, la Corte Penal Internacional (CPI) mantiene una orden de arresto vigente contra Putin por crímenes de guerra en Ucrania, especialmente por la deportación ilegal de niños desde zonas ocupadas hacia territorio ruso.
El fiscal jefe, Karim Khan, sostuvo entonces que existían “motivos razonables para creer que el presidente ruso tiene responsabilidad penal individual” en esos hechos.
Aunque la CPI no tiene capacidad directa para detener a Putin, la acusación lo convierte en el primer jefe de Estado de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU bajo orden internacional de arresto. Más de 120 países firmantes del Estatuto de Roma están obligados a detenerlo si pisa su territorio.
Bucha: el crimen que despertó al mundo
La decisión de la CPI no se entiende sin recordar la matanza de Bucha, la pequeña ciudad ucraniana donde, tras la retirada rusa en marzo de 2022, se hallaron más de 400 cuerpos de civiles ejecutados, muchos con señales de tortura.
Las imágenes difundidas por Reuters y The New York Times mostraron cadáveres con las manos atadas y disparos en la cabeza. “Bucha es una escena del crimen”, declaró el fiscal Khan tras visitar el lugar.
Aunque la orden de arresto contra Putin se centra formalmente en la deportación de menores, los investigadores consideran que la matanza de Bucha fue el punto de inflexión moral que impulsó la acción judicial internacional.
Los fiscales de La Haya siguen reuniendo pruebas para ampliar el expediente a otros crímenes de guerra cometidos por el ejército ruso en Ucrania.
Un controvertido guardián de la paz
El contraste es brutal: mientras el mundo recuerda Bucha, Trump ofrece a Putin un asiento en un comité para promover la paz mundial.
Para algunos analistas, el movimiento busca integrar a Moscú en un esquema de cooperación controlado por Washington. Para otros, constituye una banalización del crimen y una peligrosa señal de impunidad.
El Kremlin, que insiste en negar los crímenes de guerra en Ucrania, ve la invitación como un reconocimiento de su peso global. Pero en el mundo, donde las imágenes de Bucha siguen grabadas en la memoria colectiva, el anuncio genera rechazo.
Mientras Putin evalúa su respuesta, Trump consolida su imagen de líder que desafía los límites del orden internacional. Pero su “Junta de la Paz”, antes incluso de nacer, carga ya con una contradicción insalvable: pretender pacificar el mundo de la mano de quienes lo hicieron sangrar.
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