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Desde la raíz del congo y el canto lucumí, con sangre carabalí, con fuego mandinga en sí, cubana de pura cepa, santiaguera de raíz, que en cada escena que pisa hace al alma más feliz.
Actriz de raza y temple, teatro hecho corazón, va del teatro al susurro, del cuento al resplandor, del canto a la herida, de la risa al temblor; versátil como la vida, como el viento y su rumor, convierte cada personaje en verdad y en fulgor.
Heredera del tambor, de la memoria y el río, mezcla música y poesía en un rito ancestral; cuando interpreta no actúa… se vuelve ritual: late, vibra, se hace mundo, se hace voz universal.
Y en Cataluña se enciende su luz de identidad: mulata de mil caminos, de raíz y libertad… en Cataluña, la actriz Marieta Sánchez… ¡es la voz de Cuba en verdad!
Me complace enormemente charlar con esta cubanaza que ha estampado su histrionismo en el celuloide y el teatro españoles. ¡Bienvenida a CiberCuba!…
¿Qué haces en este momento, trabajas en algo en específico: serie, película, obra de teatro...?
Ahora estoy dando clases de interpretación ante cámara en una escuela de cine, esperando para ensayar una obra de teatro, Aguas grises, de una escritora cubana, y haciendo narración oral para niños.
¿Cómo dialogan en ti el teatro, la narración oral y la música? ¿Qué diferencia existe entre interpretar un personaje y habitarlo?
Habitan en mí de manera coherente, fluyo entre las diferentes propuestas y formas de crear.
Interpretar para mí es habitar un personaje, llevarlo conmigo y prestarle mi cuerpo y emoción para contar su historia. Una cosa está relacionada con la otra; si no, la interpretación está vacía. Y habitar es también tener conciencia de que estás interpretando. Quizás no sé cómo explicarlo mejor, pero para mí, desde que empiezo a estudiar un personaje, comienzo a habitarlo, a llenarlo.
¿Qué tiene el teatro que ninguna cámara puede reemplazar?
El público. El teatro tiene la magia del instante único e irrepetible donde la comunión con el público hace posible la función. Aquí y ahora.
La cámara es técnica, es otra manera de contar, donde se puede alterar la línea temporal de la historia y repetirla muchas veces. Es otra manera de hacer.
Llévame a Santiago de Cuba, a tus padres, hermanos, tu abuela. ¿Qué recuerdos de esa etapa siguen acompañando a la mujer y a la actriz que eres hoy?
¡Uy, qué pregunta más linda! Soy santiaguera de pura cepa, de familia grande, hermosa y llena de alegría. De mi abuela tengo un recuerdo hermoso jugando con ella, y crecí entre tres varones y muchos primos y primas en la casa familiar de mis abuelos. Un privilegio tener una familia unida y cariñosa.
Mi mamá era una mujer generosa y muy trabajadora, de mucho carácter. Mi padre, un disfrutón de la vida. Yo tengo eso de los dos, jajaja.
Adoro mi ciudad; perderme entre sus lomas me hace volver a mi esencia. Soy muy familiar, es un sentimiento inculcado con amor.
Hoy que eres madre de un hijo adolescente del que hablas con tanto amor y orgullo, ¿qué has aprendido de la maternidad que ningún escenario pudo enseñarte?
Niña, ¿qué puedo decir de mi caballerito? Es mi sol, la fuerza que me impulsa. La maternidad y la crianza me han enseñado mucho. Me han enseñado a dar amor y lo mejor de mí, a aprender de las madres que me rodean, a desaprender maneras de enseñar, a escuchar, seguir mi instinto y mi manera de pensar.
Siempre me cuestiono si lo hago bien o mal. Al final, criar y educar es lo más difícil.
Yo hablo mucho con mi hijo desde que estaba en la panza. Hablamos mucho desde siempre. Ha estado pegado a mí en todos los momentos y en todos lados: teatros, festivales, rodajes, viajes...
Soy madre soltera y no ha sido fácil, pero mi Marcel es feliz y eso es lo importante. No hay escenario para esa obra. Es la magia de la vida.
¿Qué lugar ocupa Cuba en cada historia que cuentas? A propósito, como cubana que vive entre la memoria y la distancia, ¿qué sentimientos te despierta la realidad que atraviesa hoy Cuba?
Oye, ¡aquí hay muchas preguntas...!
A ver, un cubano cuando se va de la Isla se la lleva consigo. Es muy difícil desprenderse de ese sentimiento y para mí es importante transmitirlo en lo que hago a nivel creativo. Me siento cubana y expando mi cultura.
La distancia existe físicamente, pero estás conectada siempre con Cuba. La memoria, con los años, te juega malas pasadas porque el instinto es empezar de nuevo y sobrevivir a la nostalgia, pero ahí están siempre guardados los recuerdos. Es parte de tu vida. La memoria lo sabe y lo atesora.
A ver, lo que está viviendo la gente en Cuba ahora me llena de tristeza, de impotencia. Siento muchísimo ver cómo sufre la gente. Pienso en las madres, en las personas mayores, en las necesidades, y me agobio mucho.
A veces tengo que tomar distancia de la información porque no puedes vivir con ese sentimiento todo el tiempo, de tristeza y de rabia también, por lo que sucede y porque la comunidad internacional no dice nada.
Es un país olvidado, destruido en muchos sentidos, perdido en un tiempo que ya no se recupera. Cuántas familias rotas, dispersas. Cuánto sufrimiento para muchos. Es tremendo. La historia se tiene que contar de verdad.
¿De qué manera tus raíces afro viven dentro de tu arte?
Siempre me he sentido negra y me reafirmo en mis raíces y mi cultura afrocubana. En cada creación, en cada personaje, en cada espectáculo que imagino están mis egguns, mis ancestros.
Ya sea en texto, en música, en danza o en oración, de alguna manera sale: un pañuelo, una manera de moverse... Siempre está en todo lo que hago.
¿Cuál ha sido el silencio más difícil que te ha tocado interpretar?
El silencio más difícil ha sido en una obra que se titula La valla, donde interpretaba a Naome, una mujer africana que cruzaba embarazada el desierto para llegar a Europa y reunirse con su marido.
Esa obra marcó mi vida y los silencios de Naome eran tremendos y difíciles. Estuvimos un año con esa obra. Fue increíble. Un regalo escénico de Pere Peiró, su autor y director.
¿Qué maestros marcaron tu camino artístico y humano?
Yo fui alumna de Raquel Revuelta, la gran maestra. Guardo hermosos recuerdos de sus clases y un aprendizaje único. Sigo en contacto con mis compis del grupo; éramos los niños de Raquel.
También tuve al genio Vicente Revuelta. De ellos aprendí mucho. De Eugenio Hernández Espinosa aprendí sobre la cultura afrocubana, la escena desde otra mirada, la negra, la afro.
He tenido grandes maestros y creo que cada compañero con el que he trabajado me ha enseñado algo. Siempre aprendes algo. Soy muy curiosa y me gusta observar, escuchar. De todo se aprende, y a nivel humano también.
Mi madre y mi Ñañi, mi otra madre, fueron mi mejor ejemplo a nivel humano por su generosidad y bondad.
¿Cambia una actriz cuando vive entre dos orillas: Cuba y España?
Tendría que preguntarme si cambia la persona. Yo creo que te adaptas a otra manera de ver las cosas, de vivir; cambia tu percepción, pero no tu esencia, seas actriz u otra cosa.
El hecho de migrar ya es un cambio brutal en tu vida. Barcelona es mi ciudad de acogida; Santiago, mi ciudad añorada.
Al final somos más que eso.
¿Qué personaje sueñas todavía con interpretar? ¿En sentido general, qué te queda por hacer profesionalmente?
Espero que me quede mucho por hacer. Me gustaría interpretar algún personaje de Federico Lorca o un clásico como Medea. Hay tantos que no sabría escoger.
Soy feliz interpretando cualquier personaje. Espero que me sorprendan muchos aún.
Creo en el arte en función de la vida. Me encanta la docencia; enseñar desde la experiencia y transmitir lo aprendido es una de las cosas que más me llenan.
Otra de las interpretaciones que ahora hago, y me gusta mucho, es hacer de enfermos simulados en los másteres para profesionales de la salud. Siento que aporto mi granito de arena en algo tan importante.
No sé... He sido afortunada de haber trabajado en todos los medios: doblaje, radio, cine, televisión, teatro, musicales. Y siempre algo queda por hacer, mientras haya vida y salud para ello.
Cuando el telón baja y los aplausos terminan, ¿quién es realmente la mujer que queda detrás de la actriz?
Una mujer feliz que disfruta lo que hace a pesar de las circunstancias que tenga. Curiosa, alegre, positiva y con ganas de seguir hacia la próxima función.
La vida es un milagro maravilloso. Soy la mujer que piensa eso y lo agradece.
Has trabajado con muchas figuras relevantes del arte español. ¿Con quién o quiénes te has sentido más a gusto? Incluye artistas y directores.
¡Buenoooo...! Eso puede dar un poco de recelos.
Mira, directores de teatro: Pere Peiró, Manuel Dueso. De televisión y cine: Joel Joan, Alex de la Iglesia. Me encanta también Leticia Dolera.
Y mejor no mencionar actores porque somos muy sensibles, pero me he sentido feliz y afortunada de compartir con grandes actores españoles.
Mi admiración a Carmen Maura. Pronto se estrena una película donde comparto escena con ella. Es una leyenda del cine español y fue superamable conmigo. Un placer conversar contigo y los lectores de CiberCuba. Aunque no soy deportista, nos hemos entendido muy bien, cual teatro dentro de un campo de fútbol. Jajajajaja
Marieta habla como vive: con la memoria de Santiago de Cuba en la piel, la fuerza de sus ancestros en el arte y la certeza de que cada historia merece ser habitada de verdad. Entre el teatro, el cine, la docencia y la maternidad, ha construido un camino donde la emoción, la disciplina y la gratitud conviven de manera natural.
Su mirada conserva la alegría familiar, el compromiso con la cultura y la sensibilidad ante el dolor de su pueblo. Actriz, narradora, maestra y madre, sigue avanzando hacia la próxima función, convencida de que la vida, como ella misma dice, es un milagro maravilloso.
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