Escritor César Reynel Aguilera no descarta vínculo entre muerte de Ramiro Valdés y captura de Maduro

El autor de "El Sóviet Caribeño" asegura que cuando supo de la captura de Maduro y la eliminación, por parte de la Delta Force, de 32 agentes que velaban por la seguridad del dictador venezolano, supo que los días de 'Ramirito' estaban contados. De hecho, le sorprende que haya durado tanto



César Reynel no descarta relación entre la muerte de Ramiro Valdés y la eliminación de 32 agentes cubanos que velaban por la seguridad de Maduro en Venezuela. Foto © Cubadebate / CiberCuba

El escritor y médico cubano César Reynel Aguilera no descartó este domingo, horas después de conocerse la muerte de Ramiro Valdés Menéndez, que el fallecimiento del dirigente cubano, popularmente conocido como "charco de sangre", que esté vinculado al fracaso de la operación del 3 de enero de 2026 en Venezuela, en la que la Delta Force estadounidense capturó a Nicolás Maduro y desarticuló el dispositivo de seguridad cubano que lo protegía.

Aguilera lo dijo en una entrevista con Tania Costa en la que también defendió la Constitución del 40 modificada y su implantación cuando llegue la transición a Cuba.

«Desde que ocurrió el éxito de la operación del 3 de enero con la Delta Force, que se saldó con la eliminación de 32 agentes cubanos, ya se sabía que Ramiro Valdés tenía que ser eliminado».

El escritor describió al castrismo como una organización donde los errores graves tienen consecuencias letales. «En el castrismo cuando tú te equivocas de una forma tan garrafal, como en toda organización gánsteril, pagas con tu vida». En el caso de Valdés, apuntó, el mecanismo pudo ser tan discreto como «cambiarle el médico».

Aguilera explicó su razonamiento: «Yo en cuanto vi que fracasó esa operación desde el punto de vista castrista, que les mataron a todo el dispositivo de seguridad, tropas élites y tipos súper durísimos y súper entrenados... yo dije Ramiro Valdés está liquidado».

Durante esa operación murieron 32 militares cubanos que formaban el anillo de seguridad de Maduro, hecho que el propio MININT cubano confirmó el 5 y 6 de enero de 2026.

Sin embargo, Aguilera tampoco descartó otras explicaciones. «Tenía 94 años, puede haberse muerto en muerte natural también; es una de las hipótesis que hay que valorar. O una combinación del sobresalto de haber sido derrotado y la estrechez coronaria o vascular encefálica».

La segunda tesis que desarrolló Aguilera es que Valdés no era simplemente un hombre leal a Fidel Castro, sino un agente encubierto del aparato de inteligencia del viejo Partido Comunista con vínculos soviéticos anteriores a 1959.

«Finalmente yo he podido encontrar informaciones indicativas de que Ramiro Valdés sí era un miembro del aparato de inteligencia del viejo Partido Comunista y por tanto sí tenía vínculos con la inteligencia soviética desde el principio, desde antes del triunfo de Fidel Castro».

Como evidencia, señaló los lazos de Valdés con Víctor Trapote, un escultor y comunista español exiliado en México identificado como teniente coronel del GRU —la inteligencia militar soviética— cuyo estudio servía como punto de coordinación de apoyo a los castristas. Según Aguilera, «los dos hombres que más tenían que ver con Víctor Trapote en México eran Universo Sánchez... y Ramiro Valdés, hasta el punto de que Ramiro Valdés termina casándose con Irina Trapote, la hija de Víctor Trapote».

En 1959, cuando Valdés asumió la jefatura nominal del G-2 castrista, los verdaderos jefes operativos eran Osvaldo Sánchez y Víctor Pina Cardoso, quienes sí tenían formación en inteligencia. Valdés era, según Aguilera, la figura de fachada que la propaganda del régimen proyectaba.

Sobre la conocida mala relación entre Valdés y Raúl Castro, Aguilera ofreció una lectura que no la contradice sino que la reencuadra: ambos habrían sido activos de Moscú dentro del castrismo, pero operando en paralelo.

«Raúl Castro es la cara visible del hombre de los soviéticos en Cuba. En Cuba todo el mundo sabía que los intereses de Moscú siempre pasaban por el despacho de Raúl Castro», afirmó, añadiendo que «ninguna agencia de inteligencia ni ningún país pone todos los huevos en la misma canasta».

La conclusión de Aguilera fue que «la muerte de Ramiro Valdés hoy también puede ser vista como la pérdida de un hombre de los soviéticos primero y de los rusos después dentro de Castro», una lectura que reencuadra el fallecimiento del dirigente no solo como el fin de una figura histórica del castrismo, sino como la desaparición de un eslabón de la red de influencia rusa en la Isla.

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