Dos videos publicados en Facebook por la página Mi mundo muestran a mujeres cubanas lavando ropa en un río porque su municipio carece de agua, imágenes que han circulado ampliamente en redes sociales y que evocan prácticas de la etapa prerrevolucionaria.
En uno de los videos virales de mujeres lavando en el río, una voz femenina lamenta sin rodeos: «La situación que tenemos con el agua también, señores».
En el segundo clip, otra mujer interpela directamente a la cámara: «Mujeres, hablen. Aquí estamos, que vinimos a lavar el río, porque desgraciadamente nuestro municipio también tiene problemas con el agua».
La escena no es un caso aislado. Según datos oficiales de mayo de 2026, casi tres millones de cubanos sufren escasez de agua diaria, mientras que cerca de 10 millones —prácticamente toda la población— padecen un suministro intermitente.
La raíz del problema es estructural. El sistema hidráulico cubano opera con apenas el 37% del combustible necesario para el bombeo, y más del 80% de los equipos dependen de electricidad, lo que significa que cada apagón corta también el agua.
En 2026 se han registrado cortes eléctricos de hasta 50 horas consecutivas en algunos municipios.
La lucha diaria de los cubanos por el agua se repite en todas las provincias. En Santiago de Cuba, 50 sistemas de abastecimiento están inoperativos y hay contaminación fecal que afecta a 180,000 personas.
En La Habana, más de 376,000 habitantes enfrentan interrupciones por roturas y fallos eléctricos. En Guantánamo, las autoridades se preparan para distribuir agua con tracción animal, y en Las Tunas un municipio entero lleva más de un mes sin servicio estable.
El fenómeno de lavar en ríos, asociado en Cuba a épocas anteriores o a zonas rurales sin infraestructura, ha reaparecido como práctica urbana y semiurbana documentada en múltiples provincias. En mayo de 2025, pinareños se vieron obligados a lavar en el río tras semanas sin agua, con temperaturas superiores a 30 grados. En abril de ese mismo año, una cubana conectó su lavadora directamente al río mediante mangueras caseras en una imagen que se viralizó.
En junio de 2026, una cubana que denunció 42 horas consecutivas sin luz ni agua resumió la desesperación colectiva con una frase que también se propagó en redes: «Nos están robando la vida».
La expresión «volvieron los viejos tiempos», que circula como reacción irónica y dolorosa ante estas imágenes, sintetiza el retroceso que vive la población cubana: décadas de subinversión en infraestructura hidráulica, tuberías envejecidas con pérdidas masivas y una crisis energética sin solución a la vista han devuelto a miles de familias a prácticas que creían superadas.
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