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El analista José Manuel González Rubines publicó este viernes en la plataforma Cuba X Cuba un artículo en el que desmonta la analogía entre las recientes reformas económicas del régimen cubano y la perestroika soviética, argumentando que la reforma carece de la dimensión política que hizo de aquella un proceso de apertura real.
El texto, titulado «Perestroika sin Glasnost o el arte de "dejar de ser, para seguir siendo"», surge en el contexto del paquete de 176 medidas económicas que el régimen presentó ante la Asamblea Nacional el 18 de junio, calificado por los medios oficiales como «histórico».
González Rubines recuerda que la perestroika de Mijaíl Gorbachov no viajó sola: la acompañó la glasnost, una política de apertura informativa que relajó la censura, toleró la crítica pública al Estado y permitió, hacia el final, comicios parcialmente competitivos que erosionaron el monopolio del partido único.
Esa señal está completamente ausente en La Habana. Los cimientos del sistema político permanecen intactos, y la reforma se concentra en los terrenos que interesan a quienes la conducen: la propiedad y los negocios futuros, donde la nomenclatura aspira a reconvertir su control sobre lo público en patrimonio privado, observa el periodista.
El primer ministro Manuel Marrero Cruz ofreció, sin proponérselo, la síntesis más reveladora de esa lógica: «hacer lo necesario para conservar lo esencial». González Rubines —codirector de Cuba x Cuba— interpreta la frase con precisión: lo necesario remite a la economía; lo esencial, al poder.
Las reformas tampoco nacen de una convicción mercantil. La Economist Intelligence Unit proyecta una contracción del 7,2% para la economía cubana en 2026, y Washington condiciona cualquier alivio del embargo a una apertura política con horizonte electoral. El modelo que se perfila, alerta el analista, replica el «capitalismo de amiguetes» postsoviético, donde la antigua nomenklatura rusa se transformó en clase propietaria sin soltar el control político.
Mientras tanto, el régimen penaliza toda forma de expresión, digital o física. Reporteros Sin Fronteras situó a Cuba en el puesto 160 de 180 países en su índice de libertad de prensa 2026, señalando que la Constitución, al reservar los medios al Estado, convierte de facto en clandestino cualquier periodismo que no sea el oficial, apunta el analista.
El Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa documentó 1,188 violaciones durante 2025, un 54,7% más que el año anterior, y 386 detenciones arbitrarias, más del doble de las registradas en 2024. Su director, Normando Hernández, resumió la lógica del aparato: «La dictadura no reforma sus prácticas represivas: las perfecciona», refiere el texto.
La persecución no se detiene en las fronteras. A finales de 2025, el régimen amenazó con extradición y cárcel a 18 directivos del medio independiente El Toque radicados en el extranjero, difundió sus nombres y rostros a modo de fichas policiales y lanzó ataques digitales contra el medio, recuerda González Rubines.
El hostigamiento alcanza también a los jóvenes de El4tico, detenidos en Holguín desde el 6 de febrero bajo cargos que pueden acarrear hasta nueve años de prisión, y a la activista Anna Bensi, bajo reclusión domiciliaria desde el 25 de marzo. Este jueves, Bensi publicó en sus redes: «Ya el silencio no es opción. No hay tiempo para grises. Blanco o negro. Libertad o dictadura».
González Rubines concluye que lo que hoy se conoce de Cuba —los presos políticos, los apagones, la corrupción, las colas, las protestas— es una conquista cívica arrancada al poder por periodistas independientes y ciudadanos que grabaron la realidad «teléfono en mano», no una concesión del Estado. «Más que ante una transición que empieza», escribe, «estamos ante un régimen que, fiel a su instinto de conservación, pretende 'dejar de ser, para seguir siendo'».
Preguntas frecuentes sobre la situación política y económica en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿En qué consisten las recientes reformas económicas en Cuba?
Las reformas económicas en Cuba se centran en un paquete de 176 medidas presentadas por el primer ministro Manuel Marrero, que incluyen la apertura a la banca privada, la eliminación del límite de 100 trabajadores para las mipymes, y la autorización para la inversión extranjera. Sin embargo, estas medidas no implican cambios en el sistema político, lo que limita su efectividad. Según analistas, estas reformas buscan más la supervivencia política del régimen que un desarrollo económico real.
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¿Cuál es la crítica principal hacia las reformas cubanas actuales?
La crítica principal hacia las reformas cubanas es que carecen de un componente político necesario para su éxito. Se argumenta que las reformas económicas sin cambios políticos están condenadas al fracaso, ya que el régimen sigue manteniendo un control total sobre el poder y no garantiza seguridad jurídica ni transparencia para los inversores. Esto podría llevar a un modelo de "capitalismo de amiguetes", similar al de la antigua Unión Soviética.
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¿Por qué se compara la situación en Cuba con la perestroika soviética?
La comparación surge porque, al igual que la perestroika soviética, las reformas cubanas pretenden cambiar aspectos económicos sin tocar la estructura política. Sin embargo, a diferencia de la perestroika, en Cuba no hay una glasnost, es decir, no hay una apertura informativa ni tolerancia a la crítica del Estado. Esto limita cualquier posibilidad de cambio real y sostenible, ya que el poder político permanece inalterado.
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¿Cuál es el impacto de la falta de apertura política en las reformas económicas de Cuba?
La falta de apertura política en Cuba impide que las reformas económicas sean efectivas. Sin una transformación política que incluya un Estado de derecho y la democratización, las reformas no logran atraer inversión extranjera ni generar confianza entre los ciudadanos y empresarios. Esto perpetúa un entorno de inseguridad jurídica y corrupción, que ahuyenta cualquier inversión seria y limita el desarrollo económico del país.
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