Analfabetismo juvenil, trabajo infantil, drogas y violencia en Cuba: las realidades que preocupan al padre Alberto Reyes

«Me preocupa la extensión de las drogas en la población juvenil, y me aterra el silencio mediático sobre este tema, el tabú por encima de la verdad, la imagen política por encima de la salvación de los jóvenes»



Niños y jóvenes en Paseo del Prado (Imagen de referencia) © CiberCuba
Niños y jóvenes en Paseo del Prado (Imagen de referencia) Foto © CiberCuba

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El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías, párroco de la parroquia de Esmeralda en Camagüey, publicó este viernes la entrega número 164 de su columna semanal en Facebook, donde enumera con crudeza las realidades que más le inquietan del país: analfabetismo juvenil creciente, trabajo infantil, expansión de las drogas, impago de salarios, ancianos que cobran apenas dos dólares tras largas colas bancarias y una violencia callejera que nadie frena.

El sacerdote, una de las voces críticas más destacadas de la Iglesia Católica cubana frente al régimen, abre su texto recordando que detrás de categorías abstractas como «el pueblo» o «la sociedad» hay personas concretas cuyo tiempo, una vez perdido, no se recupera.

Sobre la educación, su diagnóstico es demoledor: «Desde hace años soy testigo de adolescentes que leen como niños principiantes, incapaces de mantener una lectura fluida e incapaces de interpretar lo que a duras penas pronuncian. Pero cada vez más me estoy encontrando adolescentes que, literalmente, no saben leer».

Atribuye este retroceso a las directrices del Ministerio de Educación que prohíben suspender a cualquier estudiante, independientemente de sus conocimientos, lo que genera promociones artificiales de grado en grado sin que los alumnos adquieran las habilidades básicas.

A eso suma la práctica extendida de que los propios profesores dicten las respuestas de los exámenes nada más entregarlos, y la decisión adoptada en el curso 2025-2026 de eliminar los exámenes finales.

Ese diagnóstico coincide con una crisis educativa documentada: el Ministerio adelantó el cierre del curso escolar al período del 15 al 30 de junio por la crisis energética, la jornada escolar fue reducida a la mitad desde febrero, y el sistema acumula un déficit de unos 26,000 docentes.

Sobre la infancia, el sacerdote denuncia: «Niños vendiendo cosas para ayudar a sus padres, o mendigando dinero y comida; adolescentes haciendo hornos de carbón y evadiendo a las autoridades forestales para que no los multen, infancias y adolescencias perdidas, irrecuperables en medio de la necesidad».

El trabajo infantil se ha expandido en Cuba en medio de la crisis, un fenómeno que el propio Díaz-Canel reconoció en junio de 2024 como una «manifestación social preocupante», después de que el régimen lo había declarado erradicado.

En materia de drogas, Reyes Pías advierte: «Me aterra el silencio mediático sobre este tema, el tabú por encima de la verdad, la imagen política por encima de la salvación de los jóvenes».

Ese silencio contrasta con datos del propio MININT: en 2025, más de 800 personas ingresaron a urgencias solo en La Habana por intoxicaciones con «el químico», un cannabinoide sintético mezclado con fentanilo que se vende por 250 pesos cubanos, y las autoridades reconocieron 46 nuevas fórmulas circulando en las calles.

Sobre la violencia, el sacerdote señala que la policía es «rápida y eficaz para actuar contra los que protestan públicamente, pero totalmente incapaz de garantizar la seguridad de la gente».

El Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana registró 2,833 delitos verificados en Cuba en 2025, un aumento del 115% respecto a 2024 y del 337% frente a 2023.

Reyes Pías también denuncia el impago de salarios y la situación de los ancianos obligados a hacer largas colas en los bancos «con la esperanza de cobrar una suma equivalente apenas a dos dólares», muchas veces para regresar con las manos vacías por falta de efectivo, electricidad o conexión.

El sacerdote, que en enero y mayo de 2026 fue citado por la Seguridad del Estado bajo amenaza de procesamiento judicial acusado de ser «promotor del odio», cierra su columna con una frase que resume su denuncia: «Sí, me preocupa mi pueblo, me preocupa el presente y el futuro de las personas concretas que forman este pueblo».

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