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En una extensa entrevista exclusiva concedida a USA TODAY durante dos días en junio, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de 42 años de Raúl Castro conocido como «El Cangrejo», apenas mencionó tres veces al presidente formal de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y cuando lo hizo, lo llamó con un diminutivo que lo dice todo: «Miguelito».
El detalle, recogido en el reportaje exclusivo de USA TODAY publicado el lunes, no aparenta ser un gesto de afecto entre iguales, sino una radiografía del poder real en Cuba: Díaz-Canel es un cargo designado a dedo por el abuelo, y el nieto lo trata en consecuencia.
Díaz-Canel fue presentado como único candidato a la presidencia en abril de 2018 por la Asamblea Nacional, siguiendo las instrucciones de Raúl Castro, y obtuvo 603 de 604 votos sin elección popular directa. Es el primer mandatario cubano que no lleva el apellido Castro desde 1959, pero su margen de poder real ha sido cuestionado desde el primer día.
La entrevista de USA TODAY parece confirmar esa jerarquía con datos concretos: Ningún miembro de la administración Trump ha mantenido diálogo directo con Díaz-Canel. En cambio, es Rodríguez Castro quien ocupa la antigua oficina de su abuelo en el Palacio de Convenciones de La Habana, quien revisa cada mañana desde las cinco informes clasificados de los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores y Fuerzas Armadas, y quien se ofrece a negociar con Washington.
«Si me designan puedo negociar con cualquiera seleccionado por el gobierno de Estados Unidos. Dada la oportunidad, claro que con Trump», afirmó Rodríguez Castro en la entrevista.
En los documentos oficiales, El Cangrejo figura como responsable de la seguridad de los principales dirigentes del régimen. En la práctica, según la misma fuente, «asesora sobre oportunidades de inversión, negociaciones y decisiones de política pública, en cualquier ámbito que los dirigentes con funciones oficiales —como el presidente Miguel Díaz-Canel— consideren necesario».
La fórmula es reveladora: Díaz-Canel aparece entre guiones, como ejemplo de quienes tienen «funciones oficiales». El Cangrejo, sin cargo formal, es quien decide el alcance de esa asesoría.
Rodríguez Castro insiste en que trabaja «en sintonía» con Díaz-Canel y que ambos «comparten la misma visión». Pero la dinámica que describe dibuja al presidente como un gestor administrativo, no como el centro de decisión del país.
El propio Díaz-Canel reconoció públicamente en marzo de 2026 que es Raúl Castro quien encabeza el diálogo con Estados Unidos, una admisión que refuerza el cuadro que traza la entrevista de USA TODAY.
La administración Trump ha sancionado a Díaz-Canel, pero no a Rodríguez Castro, una asimetría que analistas interpretan como una señal deliberada de que Washington reconoce al nieto como interlocutor válido. El Cangrejo mantuvo reuniones con el secretario de Estado Marco Rubio en febrero de 2026 y estuvo presente en la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana en mayo de 2026.
«Es el nieto preferido», resumió Frank Mora, profesor de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Florida, en declaraciones recogidas por USA TODAY.
El patrón que emerge es el de una monarquía dinástica con vocabulario republicano: el presidente formal es «Miguelito», y el poder real lo ejerce quien lleva el apellido Castro.
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