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Una publicación sobre la exigencia del secretario de Estado Marco Rubio de liberar a los presos políticos cubanos se convirtió el domingo en un espacio de catarsis colectiva, con cientos de comentarios que reflejaron un agotamiento extremo ante promesas que no se traducen en cambios reales.
La nota, publicada en las redes sociales de CiberCuba con motivo del quinto aniversario del 11J, detonó una avalancha de reacciones en la que el sentimiento dominante no fue de apoyo entusiasta sino de desilusión, desesperanza y hartazgo.
Las frases se repitieron en decenas, en centenares de comentarios: «bla bla bla», «mucha muela y poca acción», «el pueblo muere mientras ustedes hablan».
Una voz resumió el sentir de muchos con una crudeza que atraviesa la pantalla: «Por favor llevo 65 años oyendo discursos, todos cargados de promesas incumplidas. Por primera vez en muchos años pongo esperanza en alguien que prometió liberarnos y veo que todo se dilata demasiado. No más discursos, necesitamos acción, acción y acción».
Otra persona escribió: «Es penoso cómo hemos depositado nuestra esperanza en esta gente, precisamente porque nuestro pueblo, desarmado y adoctrinado, no puede librarse de esa plaga comunista. Sin embargo, hace meses nos llevan con la hablada y nada de acción. Han recrudecido las medidas económicas y tienen asfixiado al país, pero es el pueblo el que muere».
El reclamo no se limitó a los presos políticos formales. Decenas de comentarios ampliaron el marco: «la isla entera está presa», «somos millones de presos», «hay que liberar a todo un pueblo».
Una persona escribió: «El 90% del pueblo de a pie de Cuba somos presos políticos. Vivimos sin libertad. Sin luz. Sin comida. Sin agua. Sin medicamentos. Un campo de concentración. Literal».
El contexto que rodea esa desesperación es devastador. Según datos de Prisoners Defenders al 9 de julio, Cuba registra 1,306 presos políticos, un nuevo récord histórico que incluye 40 menores de edad. De ellos, 338 cumplen condenas directamente vinculadas a las protestas del 11J y fueron excluidos del indulto de abril de 2026.
Al mismo tiempo, Cuba sufrió su cuarto apagón total del año el 10 de julio, con cortes de hasta 87 horas consecutivas en algunas provincias, mientras el 33,9% de los hogares sufre hambre persistente y solo el 30% del cuadro básico de medicamentos está disponible.
Varios comentarios señalaron que las sanciones económicas no golpean a la cúpula del régimen sino al pueblo de a pie.
«Señor Rubio, estamos de acuerdo en la liberación de tantos presos, pero ya hay un agotamiento general por falta de corriente, alimento, salud, inflación. Las sanciones al gobierno no resuelven el problema del pueblo. Ellos siguen viviendo igual o mejor, mientras repercute en la vida de niños, ancianos y el pueblo de a pie», escribió una persona.
Otro comentario apuntó directamente a la credibilidad política: «No amenacen más y acaben de meterle mano a ese régimen o jamás volverán a contar con el voto cubanoamericano».
Una corriente mayoritaria exigió intervención directa, argumentando que con dictaduras no se negocia y que el pueblo cubano está desarmado. Otra voz más reflexiva planteó que la libertad debe nacer del propio pueblo.
La exigencia de Rubio se produjo en el quinto aniversario de las mayores protestas populares en Cuba desde 1959, cuando miles de personas salieron a las calles en más de setenta localidades. La respuesta del régimen fue la represión masiva. Cinco años después, cientos de manifestantes siguen encarcelados y la crisis se ha profundizado hasta niveles sin precedentes.
«Es hora que la acción supere los discursos», escribió alguien, «porque el cubano de hoy muere física y mentalmente. Los que están en el poder a estas alturas no lo van a hacer sino es por la fuerza. La libertad de una Cuba secuestrada es lo justo y necesario en este instante».
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