
El medio estatal Cubadebate publicó el lunes un reportaje que documenta, con datos propios, el colapso del sistema de pagos digitales en Cuba.
Una periodista oficialista registró 23 negativas consecutivas a aceptar transferencias en agromercados y negocios privados de Alamar, en Habana del Este, la zona que según las estadísticas oficiales concentra el mayor volumen de ventas minoristas del país.
Fueron más de veinte establecimientos en las zonas 6, 7 y 8 de Alamar durante dos meses. En todos recibió la misma respuesta: no se acepta transferencia.
Lo llamativo del reportaje no es solo lo que documenta, sino quién lo publica: un medio del propio régimen, apenas tres semanas después de que Miguel Díaz-Canel declarara que Cuba necesita bancos «más ágiles, más digitales, más cercanos a la gente» para que gestionar dinero no sea «una carrera de obstáculos».
El artículo identifica un repertorio de excusas que los comerciantes repiten para no aceptar pagos electrónicos. «La tarjeta está llena» es la más frecuente, aunque técnicamente absurda: las tarjetas magnéticas no almacenan dinero, solo identifican la cuenta bancaria.
Otras justificaciones incluyen límites arbitrarios de 1,000 pesos por cliente, horarios restringidos («solo por la mañana», «hasta las 12 del día») y los apagones, una excusa que, según el propio Cubadebate, se mantiene incluso cuando hay electricidad.
La más reveladora, sin embargo, es otra: «mi proveedor no recibe transferencia».
El dueño de una Mipyme con tres meses de actividad en La Habana Vieja, explica el círculo vicioso: «Los proveedores mayoristas tienen almacenes con contenedores enteros. Ellos no aceptan transferencia porque compran en dólares. ¿Cómo van a pagar a otro país por transferencia en CUP? No pueden».
Ese nudo estructural arrastra al minorista: sin poder convertir su saldo digital en efectivo a escala comercial, operar con transferencias resulta inviable.
Además, los códigos QR visibles en muchos negocios no corresponden a cuentas fiscales sino personales: «Nadie usa la cuenta de la ONAT. Todo el mundo usa su cuenta personal. Eso se llama evasión de impuestos, pero nadie lo controla».
El propio Cubadebate concluye que «la calle ya ha edificado su propio sistema financiero paralelo», una admisión que contrasta con las promesas del régimen.
El vicepresidente del Banco Central de Cuba, Alberto Quiñones Betancourt, había declarado en junio de 2024 que «ningún comercio se puede atribuir el derecho de no aceptar el pago por la vía que el cliente decida».
Dos años después, la bancarización choca con una realidad donde menos del 10% de los negocios privados en provincias como Sancti Spíritus acepta transferencias de forma habitual, y solo el 3,77% de las transacciones en Cuba son digitales en 2026, tres años después de que el régimen impusiera la bancarización obligatoria.
El panorama se agravó aún más el 6 de junio pasado, cuando Visa y Mastercard suspendieron operaciones en Cuba tras las sanciones estadounidenses contra GAESA y su filial financiera FINCIMEX, derivadas de la Orden Ejecutiva firmada por Trump el 1 de mayo. Esa medida eliminó el último canal de pago internacional con tarjeta disponible en la isla.
Esto implica que, si una persona debe comprar un producto en dólares en Cuba, probablemente tendrá que pagar en efectivo y comprar esa divisa en el mercado informal, pagando con billetes de pesos cubanos, contantes y sonantes, no por transferencia.
Mientras tanto, la escasez de efectivo pone en jaque el pago de salarios y pensiones en varias provincias. Granma reportó en junio que no tenía dinero físico para abonar pensiones a 111,000 jubilados.
Por si fuera poco, cerca de 1,7 millones de pensionados en toda Cuba cobran menos de diez dólares al mes y hacen fila desde las cinco de la madrugada para recibir sus pagos, a sabiendas de que alcanza para muy poco.
Muchos de estos ancianos no dominan las nuevas tecnologías necesarias para realizar transferencias. Acuden al banco para retirar efectivo y, con frecuencia, no son atendidos en las sucursales. Soportan largas colas, humillaciones y horas de espera bajo el intenso calor. Aunque tienen dinero en sus cuentas bancarias, no pueden sacarlo.
Preguntas Frecuentes sobre el Fracaso de la Bancarización en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué ha fracasado la bancarización en Cuba?
El fracaso de la bancarización en Cuba se debe a múltiples factores, incluyendo la resistencia de los negocios privados a aceptar transferencias debido a que sus proveedores tampoco las aceptan, la escasez de efectivo, los apagones que afectan el funcionamiento de las plataformas de pago y la falta de infraestructura bancaria adecuada. Además, el uso de efectivo sigue siendo preferido por muchos para evitar rastros fiscales y las restricciones impuestas por el gobierno no han logrado cambiar esta realidad.
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¿Cuál es el impacto de la falta de aceptación de transferencias en los consumidores cubanos?
La falta de aceptación de transferencias bancarias en Cuba afecta significativamente a los consumidores, quienes se ven obligados a buscar efectivo en un contexto de escasez. Esto genera largas filas en los bancos, dificultades para realizar compras básicas y la necesidad de recurrir al mercado informal para obtener efectivo. Además, muchos consumidores enfrentan recargos ilegales cuando logran utilizar transferencias, lo que agrava su situación económica.
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¿Qué medidas ha tomado el gobierno cubano para enfrentar las fallas en la bancarización?
El gobierno cubano ha implementado medidas coercitivas, como el cierre de establecimientos que no cumplen con la aceptación de pagos electrónicos y la imposición de multas. Sin embargo, estas acciones no han resuelto el problema estructural, ya que la realidad en las calles sigue siendo dominada por el efectivo. Además, la reciente autorización de la banca privada y la eliminación de límites en extracciones aún no han mostrado efectos tangibles en la vida diaria de los cubanos.
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¿Cómo afecta la crisis energética a los pagos digitales en Cuba?
La crisis energética en Cuba ha agravado el funcionamiento de los pagos digitales, ya que los constantes apagones interrumpen las plataformas de pago electrónico y dificultan el acceso a servicios bancarios. Esto impide que los comerciantes verifiquen las transacciones y lleva a una mayor dependencia del efectivo, complicando aún más la situación de la bancarización en la isla.
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