
Un juez de Miami-Dade sentenció a muerte este viernes a Rafael Andres, cubano de 61 años, por el asesinato de Ivette Fariñas, una mesera de 31 años, también cubana, que trabajaba en el restaurante La Carreta del Aeropuerto Internacional de Miami, crimen cometido dos décadas atrás.
Según Telemundo 51, el juez Zachary James, del Tribunal de Circuito de Miami-Dade, siguió la recomendación del jurado, que en noviembre pasado votó 9 a 3 a favor de la pena capital tras revisar todas las pruebas del caso.
El jurado calificó el crimende «atroz, espantoso o cruel», aunque no concluyó que se hubiera cometido de manera fría, calculada y premeditada.
Durante la audiencia Spencer -un procedimiento posterior al veredicto en Florida donde la defensa presenta evidencia mitigante-, que se realizó en abril de este año, dos asesinos condenados testificaron a favor del cubano, describiendo su buen carácter en prisión.
Por su parte, la defensa alegó que debía considerarse el daño cerebral causado por el consumo de cocaína en su juventud.
Sin embargo, ninguno de esos argumentos influyó en la decisión del jurado ni en la del magistrado James.
Cómo ocurrió el crimen
Assesino y víctima se conocían. Ella lo había contratado para hacer reformas en su apartamento, ubicado en el 1100 de Southwest 74th Avenue. El 24 de enero de 2005, él entró usando una llave de repuesto que tenía como trabajador de mantenimiento.
Una vez dentro, la golpeó hasta que le reveló la contraseña de su tarjeta de cajero automático, la apuñaló varias veces en el pecho, la golpeó en el rostro y la cabeza, y finalmente la estranguló con el cable de alimentación de una olla arrocera.
Antes de huir, Andres incendió el apartamento para destruir evidencias.
Los bomberos que respondieron al incendio encontraron el cuerpo de la mujer con quemaduras además de las heridas del ataque.
El sujeto robó la tarjeta bancaria y gastó más de 1,600 dólares en compras en Home Depot y en una estadía en el Miccosukee Resort and Casino antes de ser capturado en marzo de 2006, unos 14 meses después del hecho.
Las pruebas contra él eran abrumadoras: su ADN se halló en un paño ensangrentado cerca del cuerpo de Fariñas. Un vecino lo vio salir de la casa con una lata de gasolina en la mano poco antes del incendio. También tenía rastros de gasolina en sus zapatillas y los registros de su celular lo vinculaban con el lugar del crimen.
Segunda sentencia por el mismo caso
Este es el segundo juicio de sentencia que enfrenta Andres en este caso: fue declarado culpable en 2014 y condenado a muerte por primera vez en 2015 (10 años después del homicidio), también con una votación de 9 a 3.
En aquella ocasión, la jueza Dava Tunis resumió la brutalidad del crimen con estas palabras: «Cuando tomaste el cable de la arrocera y se lo enrollaste alrededor del cuello, la evidencia es clara. Ella estaba viva. Sabía que la estabas estrangulando. Luchó por su vida».
Sin embargo, en 2018 la Corte Suprema de Florida anuló esa condena como consecuencia del fallo Hurst v. Florida (2016), en el que la Corte Suprema de EE.UU. declaró inconstitucional el esquema de pena capital de Florida porque permitía a los jueces -y no a los jurados- determinar los hechos necesarios para imponer la pena de muerte.
En este momento Andrés ya cumple cadena perpetua por otros cargos relacionados con el asesinato. Ahora debe pasar al corredor de la muerte de Florida, como lo estuvo 10 años atrás.
No fue su primer asesinato
El trasfondo del caso resulta especialmente oscuro: Andres había sido juzgado en 1988 por el apuñalamiento mortal de Linda Azcarreta, cubana de 32 años, amiga de su entonces esposa. El crimen, cometido en 1987, tuvo como motivación robarle 100 dólares. Él se justificó diciendo que sufrió un arrebato causado por las drogas.
Por ese hecho recibió nueve años de prisión, pero quedó libre tras apenas 18 meses gracias a su buen comportamiento y a políticas de liberación anticipada vigentes en Florida en esa época, cuando la masificación en las cárceles llevó a reducir drásticamente las penas.
Esa libertad prematura le permitió volver a las calles como trabajador de mantenimiento, lo que a su vez le dio acceso años después al apartamento de Ivette, su nueva víctima.
En 2015 la jueza Tunis, al leer la sentencia por el asesinato de Ivette Fariñas, señaló que Andrés había cumplido una sanción muy corta por el crimen de Linda Azcarreta en 1987.
¿Quiénes eran Ivette Fariñas y Rafael Andres?
Ivette Fariñas había llegado a Miami desde Cuba en 1999 y, al momento de su asesinato, estaba siendo evaluada para convertirse en agente de seguridad federal en el aeropuerto.
Rafael Andres, por su parte Andrés llegó de la Isla en los 80 junto a su esposa.
Según reportó el portal 14ymedio en abril, Rafael Andrés no consta como extranjero en los registros de la organización Death Penalty Information Center, por lo que se presume que en algún momento obtuvo la nacionalidad estadounidense.
Florida cerró 2025 con un récord histórico de 19 ejecuciones, representando aproximadamente el 40 % de todas las ejecuciones realizadas en Estados Unidos ese año, casi el doble del récord anterior de ocho en 2014.
Preguntas frecuentes sobre la condena a muerte de Rafael Andres en Miami
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué fue condenado a muerte Rafael Andres?
Rafael Andres fue condenado a muerte por el asesinato de Ivette Fariñas, una mesera de 31 años, cometido en 2005 en Miami. El crimen fue calificado como "atroz, espantoso o cruel" por el jurado.
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¿Qué argumentos presentó la defensa de Rafael Andres?
La defensa de Rafael Andres argumentó que debía considerarse el daño cerebral causado por el consumo de cocaína en su juventud como un factor mitigante. Sin embargo, estos argumentos no influyeron en la decisión del jurado ni en la del juez Zachary James.
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¿Cómo se descubrió el crimen cometido por Rafael Andres?
El crimen fue descubierto cuando los bomberos respondieron a un incendio en el apartamento de Ivette Fariñas. Encontraron su cuerpo con quemaduras y múltiples heridas causadas por golpes, apuñalamientos y estrangulamiento.
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¿Qué relación tenían Rafael Andres e Ivette Fariñas?
Rafael Andres e Ivette Fariñas se conocían porque él había sido contratado por ella para realizar reformas en su apartamento. Esta relación permitió a Andres tener acceso al lugar del crimen utilizando una llave de repuesto.
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