
Durante años, el gobierno cubano apostó buena parte de su estrategia económica por el turismo.
Miles de millones de dólares fueron destinados a la construcción de nuevos hoteles y al desarrollo de polos turísticos administrados en gran medida por el conglomerado militar GAESA, con la expectativa de atraer un creciente flujo de visitantes extranjeros y aumentar el ingreso de divisas.
Sin embargo, el más reciente informe del centro de estudios Cuba Siglo XXI sostiene que ese modelo atraviesa hoy su peor momento y presenta un dato que resume el cambio ocurrido: casi la mitad de las personas que llegaron a la Isla en mayo de 2026 fueron cubanos residentes en el exterior, muchos de ellos con el objetivo principal de visitar a sus familias y llevar ayuda, no de hacer turismo.
Según cálculos de Emilio Morales, autor del dossier, a partir de estadísticas de la ONEI sobre entradas de viajeros por residencia, los cubanos residentes en el exterior representaron el 47,6 % de las entradas registradas en mayo, una proporción inédita que refleja el desplome del turismo tradicional.
El informe subraya que buena parte de esos viajeros no se hospedan en hoteles ni participan en los circuitos turísticos convencionales. Suelen alojarse con familiares y viajan cargados de alimentos, medicinas, productos de primera necesidad y remesas para paliar la profunda crisis económica que vive la Isla.
Hoteles construidos para un turismo que ya no llega
Mientras cambia el perfil de quienes llegan al país, el informe describe un panorama cada vez más preocupante para la industria hotelera.
Entre enero y mayo de 2026 arribaron a Cuba apenas 359.491 visitantes internacionales, un 58,45 % menos que en igual período del año anterior y un 82,74 % por debajo de los niveles registrados antes de la pandemia.
La ocupación hotelera también refleja esa caída. El dossier señala que pasó del 23 % en marzo de 2025 al 18,9 % un año después y descendió hasta apenas el 12,9 % en mayo de 2026.
Para los autores, estas cifras evidencian que gran parte de la infraestructura hotelera construida durante la última década permanece prácticamente vacía.
La apuesta por los hoteles
Uno de los principales argumentos del informe es que el régimen priorizó durante años la expansión del sector turístico mientras otros sectores estratégicos sufrían un deterioro progresivo.
El dossier sostiene que se destinaron cuantiosos recursos a la construcción de hoteles de lujo, al tiempo que se agravaban los problemas en la generación eléctrica, el transporte público, la producción agropecuaria, el abastecimiento de agua y el sistema sanitario.
Según Cuba Siglo XXI, esa política ha terminado reduciendo también el atractivo turístico de la Isla.
Los frecuentes apagones, la escasez de combustible, las dificultades para garantizar alimentos, el deterioro de los servicios públicos y las limitaciones del transporte afectan tanto a la población como a la experiencia de los visitantes extranjeros.
Un turismo sostenido por la diáspora
El informe sostiene que, en las condiciones actuales, los cubanos residentes en el exterior se han convertido en uno de los principales soportes del flujo de viajeros hacia la Isla.
A diferencia del turismo vacacional tradicional, estos viajes responden principalmente a necesidades familiares y humanitarias. Los visitantes llevan alimentos, medicinas, productos de higiene, equipos electrodomésticos y otros artículos difíciles de conseguir en el mercado cubano, además de apoyar económicamente a sus familiares.
Para los autores del dossier, este cambio refleja el agotamiento del modelo turístico sobre el que descansó durante décadas una parte importante de la captación de divisas del Estado.
El informe concluye que la combinación entre la crisis económica interna, el deterioro de los servicios básicos, la pérdida de competitividad del destino Cuba y las recientes sanciones estadounidenses contra GAESA y su ecosistema está acelerando el declive de un sector que durante años fue presentado como la principal locomotora de la economía nacional.
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