
Un estudio publicado en junio en la revista Nature Climate Change revela que el estrés térmico global ha crecido de forma dramática desde los años 1970, y sus conclusiones resuenan con especial fuerza en Cuba, donde el calor extremo se combina con apagones prolongados y una crisis energética que impide el acceso a la refrigeración.
La investigación, titulada «Global heat stress intensification and its expanding footprint on the human population», fue difundida por el medio oficialista Cubadebate, que resumió su hallazgo central: «El estrés térmico está cambiando no solo en intensidad, sino también en frecuencia, duración y extensión geográfica».
El trabajo utiliza el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI, por sus siglas en inglés), que combina temperatura, humedad, viento y radiación solar para medir cómo el cuerpo humano percibe realmente el ambiente, y analiza datos del período 1970-2024 del Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
Entre sus datos más impactantes: la proporción de la población mundial expuesta a al menos un día de estrés térmico extremo al año pasó del 16% al 22%, lo que equivale a aproximadamente mil millones de personas adicionales.
Además, quienes sufren al menos 90 días de fuerte estrés térmico al año pasaron del 55% al 70% de la población global.
En las regiones subtropicales —entre las que se incluye el Caribe— se registran hasta 50 días más al año con fuerte estrés térmico que en los años 1970, según el estudio.
Un dato que agrava el panorama es el comportamiento nocturno: las noches más cálidas se están calentando más rápido que los días más calurosos, a un ritmo de 0,32 °C por década frente a 0,27 °C por década, lo que reduce el tiempo de recuperación del organismo.
Para Cuba, el contexto local hace que estas cifras globales adquieran una dimensión aún más urgente.
Un estudio de la Universidad de Albany identificó a Cuba, Haití, Puerto Rico y República Dominicana entre los lugares del Caribe con señales más claras de aumento de olas de calor, y el pronóstico regional CARICOF proyectó entre 15 y 21 días de episodios de calor intenso en gran parte de la isla durante el período abril-septiembre de 2026, con agosto y septiembre como los meses más críticos.
El verano en curso ha confirmado esas proyecciones con récords concretos: Camagüey marcó 38,1 °C el 30 de julio en el aeropuerto Ignacio Agramonte, superando el récord anterior de 36,0 °C que databa de julio de 1963.
Semanas antes, La Palma, en Pinar del Río, registró 37,6 °C el 13 de junio, récord histórico para esa estación y para la provincia en ese mes.
A esos extremos se sumó en junio el polvo del Sahara, que agravó la sensación térmica en Cuba en medio de los cortes de electricidad.
Investigaciones previas han documentado que las olas de calor provocan un exceso de mortalidad en la isla, especialmente entre adultos mayores, niños, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas, y que las olas de calor dejan huellas cada vez más visibles en Cuba, según especialistas citados por medios locales.
Naciones Unidas advirtió en mayo de 2026 que existe un 91% de probabilidad de que al menos un año entre 2026 y 2030 supere temporalmente el umbral de 1,5 °C sobre los niveles preindustriales, lo que anticipa que el escenario descrito por el estudio de Nature Climate Change seguirá empeorando en los próximos años.
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