
La Cuba actual reproduce algunas de las desigualdades propias del feudalismo: una élite relativamente protegida de las privaciones mientras el ciudadano común soporta el peso de la escasez, los apagones, la falta de alimentos y el deterioro de los servicios básicos.
El análisis fue publicado por la organización de monitoreo de la seguridad alimentaria en Cuba Food Monitor Program (FMP) bajo el título «Feudalismo contemporáneo: élites protegidas y ciudadanía sacrificada en Cuba».
El texto sostiene que, aunque el feudalismo europeo y la Cuba del siglo XXI son realidades históricas diferentes, existen semejanzas en la manera en que el poder traslada los costos de sus decisiones hacia quienes tienen menos capacidad para evitarlos.
La comparación parte de una idea sencilla: en el sistema feudal, los campesinos debían aportar trabajo, cosechas y tributos para sostener una estructura de poder que los protegía poco de las consecuencias de las guerras.
FMP considera que algo parecido ocurre hoy en Cuba, aunque el sacrificio ya no se mide en cosechas entregadas al señor feudal, sino en la pérdida cotidiana de condiciones básicas de vida.
«La guerra ya no adopta la forma de una batalla de espadas, sino la de un prolongado desgaste económico, político y social», señala el análisis, que coloca en el centro de ese desgaste los problemas que golpean directamente a los hogares cubanos: alimentos, medicamentos, combustible, electricidad y agua potable.
Según FMP, mientras las grandes decisiones políticas se toman lejos de esas privaciones, la ciudadanía funciona como una especie de amortiguador de la crisis.
El cubano común no decide la estrategia del gobierno ni las políticas de presión procedentes del exterior, pero termina viviendo sus consecuencias de forma directa.
Una élite que no vive la misma crisis
Uno de los puntos más críticos del texto es lo que FMP denomina una «inmunidad de clase».
La organización sostiene que la estructura de poder cubana permite que determinados sectores vinculados al Estado accedan a recursos, suministros, seguridad y servicios en condiciones muy distintas a las que enfrenta la mayoría de la población.
Mientras muchas familias dependen de la libreta de abastecimiento, las remesas o de mercados con precios difíciles de asumir, el análisis señala que los sectores próximos al aparato estatal disponen de redes de suministro y mecanismos de respaldo que amortiguan problemas como los apagones o el desabastecimiento.
«El político no experimenta la carencia en los mismos términos que la ciudadanía: la administra», resume el documento.
La situación alimentaria aporta un contexto especialmente grave a esa comparación.
Una encuesta presentada en mayo por FMP y Cuido60, basada en 2,513 respuestas válidas de las 16 provincias, encontró que el 33,9% de los hogares consultados tuvo al menos una persona que se fue a dormir sin comer durante el período estudiado.
Además, el 79,4% destinaba el 80% o más de sus ingresos mensuales a comprar alimentos.
La organización también ha puesto anteriormente la lupa sobre el manejo de los recursos.
En mayo, FMP acusó a GAESA de contribuir al agravamiento de la crisis alimentaria mediante su concentración de divisas, importaciones y cadenas de distribución.
El informe cuestionó que sectores estratégicos mantengan acceso privilegiado a recursos mientras una parte creciente de la población tiene dificultades para comprar comida.
La crítica también alcanza a sectores del exilio
El análisis no limita su cuestionamiento al poder dentro de Cuba. FMP sostiene que determinados sectores políticos del exilio también pueden participar de esa asimetría al promover estrategias de presión desde entornos con mayor seguridad económica, jurídica y personal que aquellos en los que vive la población de la isla.
Para la organización, aunque el oficialismo y esos sectores del exilio persiguen objetivos completamente opuestos, existe un punto de coincidencia: quienes diseñan o defienden determinadas estrategias políticas no siempre sufren directamente sus consecuencias materiales.
El ciudadano, en cambio, puede terminar reducido a una víctima o símbolo dentro de una disputa sobre la que posee escasa capacidad de decisión.
El documento también cuestiona la construcción permanente de enemigos absolutos. Según su análisis, el gobierno utiliza la confrontación con Estados Unidos para justificar sacrificios y restricciones bajo la idea de la «resistencia», mientras los sectores más polarizados del exilio pueden recurrir a una lógica igualmente rígida alrededor de la necesidad de derrotar al régimen.
FMP considera que esa dinámica deja en segundo plano el costo humano inmediato.
Una crisis que alcanza hasta la mesa
El paralelismo con el feudalismo aparece mientras el deterioro alimentario se extiende mucho más allá de la falta de productos.
Otro análisis reciente de FMP advirtió que Cuba está perdiendo capacidad para producir, transportar, conservar y distribuir alimentos, hasta el punto de describir la cadena de abastecimiento como «quebrada».
Ese estudio señaló que el 97,65% de los hogares consultados había tenido dificultades para acceder a productos esenciales y describió cómo carretones, bicicletas adaptadas y redes familiares o informales están sustituyendo parcialmente estructuras logísticas que ya no funcionan de manera regular.
Para Food Monitor Program, el problema va finalmente más allá de una sucesión de errores económicos.
Su conclusión es que la crisis puede terminar convirtiéndose en una forma de funcionamiento del propio sistema: el poder ya no necesariamente garantiza bienestar, sino que administra la precariedad mientras mantiene a la población movilizada alrededor de una amenaza permanente.
De ahí surge la pregunta con la que prácticamente cierra el análisis: no solo cuándo terminará la crisis cubana, sino quién obtiene poder, legitimidad o influencia de su continuidad y quiénes terminan convertidos en las personas obligadas a pagar sus consecuencias.
Preguntas frecuentes sobre la crisis alimentaria y social en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué se compara la situación actual de Cuba con el feudalismo?
La comparación se basa en las desigualdades entre una élite protegida y el resto de la población que sufre las privaciones. Según el Food Monitor Program (FMP), mientras las élites vinculadas al Estado tienen acceso a recursos y servicios, los ciudadanos comunes enfrentan escasez, apagones y falta de alimentos, similar al sistema feudal donde los campesinos sostenían una estructura de poder desigual.
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¿Cuál es el impacto de la crisis alimentaria en los hogares cubanos?
El impacto es severo, con muchos hogares destinando la mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos. Según el análisis de FMP, el 33,9% de los hogares tiene al menos un miembro que se va a dormir sin comer, y el 79,4% de los ingresos mensuales se destina a alimentos, lo que refleja una inseguridad alimentaria crítica.
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¿Cómo afecta la crisis energética a la situación alimentaria en Cuba?
La crisis energética agrava la escasez alimentaria al dificultar la producción, conservación y distribución de alimentos. Apagones prolongados y escasez de combustible impiden la refrigeración y el transporte de alimentos, exacerbando la inseguridad alimentaria y forzando a los ciudadanos a adoptar soluciones improvisadas para sobrevivir.
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¿Qué papel juega GAESA en la crisis alimentaria de Cuba?
GAESA, controlada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias, es acusada de agravar la crisis alimentaria. Según el FMP, GAESA monopoliza las divisas, importaciones y distribución de alimentos, lo que limita el acceso de los ciudadanos a productos básicos y perpetúa un sistema de control económico y social.
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¿Qué estrategias de supervivencia adoptan los cubanos ante la crisis alimentaria?
Los cubanos recurren a estrategias como reducir el número de comidas y utilizar mercados informales. Ante la escasez y altos precios, muchas familias se ven obligadas a saltarse comidas, hacer trueques y depender de redes informales para acceder a alimentos básicos.
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