
Un análisis de la organización Food Monitor Program (FMP) advierte que la crisis alimentaria cubana va mucho más allá de los mercados vacíos, la reducción de las cuotas normadas o la caída de la producción nacional: lo que está deteriorado es todo el sistema que permite producir, transportar, conservar y llevar los alimentos hasta los hogares.
El informe, titulado «Del campo a la mesa: la cadena quebrada del hambre», sostiene que Cuba ha sustituido gradualmente su red logística formal por mecanismos precarios de supervivencia: carretones tirados por caballos, bicicletas adaptadas para transportar sacos de viandas, vehículos estatales que trasladan huevos sin condiciones mínimas de protección y redes familiares, vecinales e informales que apenas sostienen un flujo reducido de productos esenciales.
«En la Cuba actual, comer depende cada vez más de una infraestructura rota, una economía exhausta y una sucesión de soluciones improvisadas», señala el documento.
FMP indica en su análisis que el 97,65% de los hogares reportó dificultades para acceder a productos esenciales, mientras el 98,82% identificó aumentos de precios durante los doce meses anteriores.
Según el análisis, más del 24% de la población cubana reside en zonas periurbanas, rurales o de difícil acceso y depende de esas cadenas logísticas para abastecerse.
En esas comunidades, los alimentos llegan con menor frecuencia, llegan tarde o se venden a precios más altos.
Las familias vulnerables, los pensionados, las personas mayores y quienes carecen de transporte o redes de apoyo quedan expuestos a una doble exclusión: tienen menos ingresos para comprar y menos posibilidades de desplazarse en busca de comida.
El informe sostiene que la especulación no puede reducirse únicamente a la conducta individual de los revendedores: «La especulación prospera porque existe una estructura que la permite: un Estado incapaz de garantizar distribución regular, una red pública debilitada, una economía sin reglas estables y una población obligada a competir por bienes básicos en condiciones de extrema vulnerabilidad».
«El problema alimentario cubano no radica únicamente en cuánto produce el país. También radica en cuánto logra mover, bajo qué condiciones, con qué pérdidas, con qué riesgos sanitarios y a qué costo humano», agrega FMP.
La organización advierte que el deterioro de la producción, el transporte y la conservación de los alimentos desemboca en «un aumento sostenido del hambre, la malnutrición, la desigualdad territorial y la pérdida del poder adquisitivo de una población obligada a sobrevivir dentro de un sistema que ya no garantiza ni producción suficiente ni distribución digna».
Por su parte, la encuesta nacional «En Cuba Hay Hambre 2025», presentada en mayo de 2026 por Food Monitor Program y Cuido60, reveló que el 33,9% de los encuestados tenía al menos un miembro de su hogar que se había ido a dormir con hambre por falta de alimentos durante los 30 días anteriores.
La cifra representó un aumento de 9,3 puntos porcentuales respecto a 2024.
La misma encuesta, elaborada a partir de 2.513 respuestas válidas recogidas en las 16 provincias, encontró que el 94,9% había perdido algún grado de acceso a la compra de alimentos durante el último año y que el 47,1% calificaba esa pérdida como considerable o total.
Los números respaldan ese diagnóstico. Según cifras oficiales citadas por Reuters, el tráfico de carga en Cuba cayó un 19% en 2024, al pasar de 57,5 millones de toneladas métricas en 2023 a 46,5 millones.
En 2019, antes de la profundización de la crisis actual, el país movía 68 millones de toneladas. El economista Ricardo Torres señaló a la agencia que el volumen había descendido a niveles no vistos en 20 años.
La crisis energética de 2026 agravó todavía más el escenario. En mayo, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció que el país no tenía ninguna reserva de fueloil ni diésel para generar electricidad, mientras los apagones y la escasez de combustible golpeaban el transporte, la agricultura y la distribución de alimentos.
La magnitud de los cortes quedó reflejada en testimonios ciudadanos: una cubana relató que permaneció 30 horas consecutivas sin electricidad y recibió apenas dos horas de servicio, un ciclo que dificultaba cocinar, conservar alimentos y recargar los vehículos eléctricos utilizados para transportar mercancías.
Ese mismo mes, el gobierno eliminó el precio único del combustible en divisas y autorizó que cada importador estableciera sus tarifas según los costos del proveedor, el flete, la ruta, los seguros y los riesgos de cada operación.
La escasez también disparó el mercado informal: el litro de gasolina llegó a venderse entre 3,000 y 6,000 pesos cubanos, encareciendo el transporte y cualquier alimento que dependiera de él para llegar hasta los consumidores.
Preguntas frecuentes sobre la crisis alimentaria en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué se ha roto la cadena de suministro alimentario en Cuba?
La cadena de suministro alimentario en Cuba está rota debido a la crisis energética, la falta de combustible y la infraestructura logística deficiente. Estos factores han obligado al país a depender de soluciones improvisadas, como el uso de carretones tirados por caballos y redes familiares para distribuir alimentos. La escasez de combustible ha impedido la distribución de más de 20,000 toneladas de alimentos donados, exacerbando la crisis.
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¿Cómo afecta la crisis energética a la distribución de alimentos en Cuba?
La crisis energética en Cuba ha afectado gravemente la distribución de alimentos, ya que la falta de combustible impide el transporte adecuado de productos alimentarios. La escasez de diésel y gasolina ha llevado a soluciones de transporte poco eficientes, y el déficit eléctrico ha provocado apagones que afectan la conservación de alimentos en los hogares, empeorando la inseguridad alimentaria.
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¿Cuál es el impacto de la crisis alimentaria en la población cubana?
La crisis alimentaria en Cuba ha llevado a un aumento del hambre y la malnutrición. Según el Food Monitor Program, el 33,9% de los hogares ha reportado que al menos un miembro se ha ido a dormir sin comer. Además, el 96,91% de la población ha perdido acceso adecuado a alimentos, y muchos cubanos destinan la mayor parte de sus ingresos a la compra de comida, lo que indica un deterioro en el poder adquisitivo y la calidad de vida.
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¿Qué papel juega GAESA en la crisis alimentaria de Cuba?
GAESA es señalado como uno de los mayores responsables de la crisis alimentaria en Cuba debido a su monopolio sobre las divisas, importaciones y cadenas de distribución de alimentos. Este control permite al conglomerado militar priorizar sus intereses económicos sobre la necesidad del pueblo, exportando recursos alimentarios mientras la población sufre escasez y altos precios.
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¿Qué soluciones ha propuesto el gobierno cubano para la crisis alimentaria?
El gobierno cubano ha prometido mejorar la producción y distribución de alimentos, pero las promesas recurrentes de Miguel Díaz-Canel no se han traducido en resultados concretos. Se ha hablado de planes a mediano y largo plazo para reducir la dependencia de importaciones y fomentar la producción nacional, pero sin plazos ni financiamiento claros, dejando la situación sin cambios sustanciales.
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