Una creadora de contenidos residente en Manatí, Las Tunas, publicó este viernes un video en el que desmonta con ironía y frustración la cadena de promesas energéticas del régimen cubano, mientras cocina con carbón vegetal ante la ausencia de electricidad y gas licuado.
A través de su perfil en Facebook, Lili Romero compartió la grabación de un minuto en la que repasó el fracaso de cada solución oficial; primero la llamada "revolución energética" con sus hornillas eléctricas, luego el gas licuado, y finalmente el regreso forzado al carbón, un combustible que ella describe como inasequible para cualquier bolsillo cubano.
"Estas fueron otra de las batallitas esas que al final no sirvió. Cambiaron cuando la revolución energética toda la tarequera esta, que supuestamente es para cocinar con corriente para que uno no pasara trabajo. Pero bueno, eso no funcionó como tantas cosas que no funcionan", sostuvo Romero en el video.
La tunera también cuestionó el fallido programa de gas licuado, que prometía llegar incluso a través de los Comités de Defensa de la Revolución.
"Tampoco funcionó. Y entonces tuvimos que morir aquí en el dichoso carbón, que ya eso no tiene vida porque dos mil pesos usamos carbón para una gente que está jubilada y para el que no está jubilado también es una barbaridad", lamentó.
Los comentarios al video reflejaron el hartazgo generalizado. "Todos los logros se fueron a la mierda; el mayor logro hoy por hoy es que todo funcione mal al mismo tiempo", escribió una usuaria.
Otra resumió la situación en pocas palabras: "Nada funciona. Nada funcionó antes. Y lo peor: nada va a funcionar. Todo empeora cada día".
Una tercera añadió: "Cuando compras el carbón no tienes dinero para la comida, un desastre".
Romero cerró su video con una imagen que condensa el retroceso vivido por la población: "Con esto quiero decirles que ya aquí no hay remedio a nada. Por el camino que vamos, vamos a estar en la guerra de independencia".
El desahogo de Romero refleja una realidad que golpea a millones de cubanos. Desde enero de este año, la empresa estatal Cupet suspendió indefinidamente la distribución de gas licuado en Santiago de Cuba y las provincias orientales.
En abril, más de 834,000 de los 1,7 millones de clientes registrados no pudieron adquirir el producto en ninguna distribución estatal.
El carbón, convertido en el último recurso disponible, tampoco está al alcance de todos. Un saco puede costar casi la mitad del salario mensual de un profesional, entre 3,200 y 5,000 pesos en varias provincias, en un país donde el salario medio ronda los 6,930 pesos y un médico recién graduado percibe apenas 5,060.
La paradoja es aguda. Cuba exportó carbón vegetal por 61,8 millones de dólares en 2023, y se posicionó como el noveno mayor exportador mundial, mientras su población no tiene combustible para cocinar.
En Las Tunas, la producción local acumuló 732 toneladas hasta mayo de este año, más del triple de la meta, pero sigue siendo insuficiente para cubrir la demanda real de la provincia.
La "revolución energética" que Romero cuestionó fue lanzada por el dictador Fidel Castro (1926-2016) en 2005. El programa distribuyó más de 3,1 millones de hornillas eléctricas y ollas multipropósito con el objetivo de sustituir el queroseno y el gas por electricidad.
El 17 de enero de 2006, al inaugurar la llamada "revolución energética" en Pinar del Río, Castro declaró: "Me limitaré a decir que Pinar del Río no volverá a conocer ya los apagones".
Antes, en enero de 2003, Abel Prieto, entonces ministro de Cultura del régimen cubano, prometió ante las cámaras de Radio Nederland en Porto Alegre, Brasil, que los apagones que marcaron el Período Especial no regresarían jamás a Cuba.
Más de dos décadas después, esa promesa quedó sepultada bajo la peor crisis energética de la historia reciente de la isla; el sistema electroenergético cubano apenas alcanza a cubir un tercio de la demanda superior a los 3,000 MW, con apagones que superan las 24 horas continuas en numerosas localidades.
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