
El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla reaccionó este martes con dureza ante la prórroga del embargo estadounidense contra Cuba, calificándolo de «política genocida que se mantiene contra nuestro pueblo por más de seis décadas» en una declaración difundida por la Cancillería cubana en sus redes sociales.
La reacción del régimen llega días después de que Donald Trump firmara la Determinación Presidencial No. 2026-21 el 20 de agosto, prorrogando las autoridades de la Ley de Comercio con el Enemigo contra Cuba hasta el 14 de septiembre de 2027.
La medida fue publicada en el Registro Federal el lunes 24 de agosto, con la justificación formal de que su continuación responde al «interés nacional» de Estados Unidos.
Rodríguez Parrilla no se limitó a rechazar la medida: la presentó como una declaración de intenciones de Washington. «La renovación de la llamada Ley de Comercio con el Enemigo hasta septiembre de 2027 no es un acto administrativo menor, sino la confirmación de que Washington persiste en su propósito de asfixiar a una nación entera», escribió el ministro en su cuenta de X.
El canciller también enmarcó la extensión en el contexto de la política exterior de la administración Trump hacia la Isla: «Esta extensión llega en el momento más cruel de la ofensiva estadounidense contra Cuba en años recientes».
La prórroga es, en realidad, un trámite anual que todos los presidentes han realizado: la extensión anterior la había firmado el propio Trump en agosto de 2025, y antes Joe Biden había hecho lo mismo en septiembre de 2024.
La eliminación definitiva del embargo requiere acción del Congreso, tal como quedó codificado en la Ley Helms-Burton de 1996; el presidente solo puede extender o modificar las autoridades anuales bajo la Ley de Comercio con el Enemigo, que data de 1917.
El régimen cubano lleva décadas convirtiendo el embargo en el argumento central para explicar su crisis económica y social.
Sin embargo, analistas independientes señalan que la debacle responde en gran medida a las ineficiencias estructurales de más de seis décadas de modelo comunista. El propio primer ministro Manuel Marrero Cruz reconoció en julio de 2025 que «no todos los problemas de Cuba son del bloqueo».
Esta no es la primera vez en 2026 que Rodríguez Parrilla recurre al calificativo de «genocida» para referirse a las sanciones de Washington.
En julio pasado, el canciller calificó un nuevo paquete de sanciones estadounidenses de «manifestación fehaciente del propósito criminal y genocida» de Estados Unidos.
En enero de 2026, el propio MINREX había declarado una «emergencia internacional» derivada de órdenes ejecutivas de Trump sobre el suministro de petróleo a Cuba, y Trump firmó además una nueva orden ejecutiva contra la dictadura el 1 de mayo de 2026.
En el plano multilateral, la Asamblea General de la ONU aprobó en octubre de 2025 —por 33.ª vez consecutiva desde 1992— una resolución no vinculante pidiendo el fin del embargo, con 165 votos a favor y solo siete en contra, entre ellos el de Estados Unidos. En julio de 2026, la ONU también autorizó un debate urgente sobre el tema con 136 votos a favor.
Rodríguez Parrilla cerró su declaración con el eslogan que el régimen ha convertido en consigna habitual: «#CubaNoEsUnaAmenaza el bloqueo sí».
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